Sobre el Mayo 68

La brutalidad, la violencia in extremis, el desastre natural y humano que nos dejó la lucha entre las potencias mundiales y la defensa

La brutalidad, la violencia in extremis, el desastre natural y humano que nos dejó la lucha entre las potencias mundiales y la defensa de sus sistemas durante la Segunda Guerra Mundial, generó un duro choque de conciencia, entender que el mundo se puede destruir por obra de los seres humanos que ostentan el poder para tan nefasta obra; fue el motor que promovió una mayor sensibilidad en los movimientos sociales posteriores a este hecho.

En la época de los años 50, durante la recuperación de las economías mundiales y un auge voraz del sistema capitalista, la enajenación era norma, las extensas jornadas laborales impedían de lleno a la clase trabajadora realizarse como seres humanos, la cosificación, la violencia patriarcal y estructural, la ausencia de garantías esenciales como el derecho a la recreación física, mental y cultural, las rutinarias vidas que parecían obra irrevocable del destino o de alguna divinidad, un ejercicio despótico del poder, vertical y neutralizador de conciencias, sueños y creatividad, tal autoritarismo de Estado se manifestó en dictaduras, como el caso de las latinoamericanas, asesinando toda esperanza.

La justicia, que fue la maldición de los pobres y el arma de las clases dominantes, no podía continuar enmascarada tras el velo de la naturalización, la sociedad del espectáculo, se daba a conocer mediante el trabajo de diversas esferas intelectuales, como fue el de la Internacional Situacionista.

A través de una publicación, la UNEF (Unión Nacional de Estudiantes de Francia) titulada De la miseria en el medio estudiantil, en 1966 se adhieren a la tesis de la Internacional Situacionista, y empiezan intensas luchas en las universidades francesas por la reivindicación de sus derechos; en enero de 1968 las manifestaciones de los rabiosos (les Enragés) por la invasión policial en el campus de Nanterre, desataría una serie de acontecimientos que culminaría con una de las manifestaciones más grandes de Europa conocida como el Mayo Francés, que paralizó el país durante el mes de mayo y parte de junio.

Este no fue un hecho aislado del globo, pues la efervescencia política y la rabia de ese entonces rondaba por todo el mundo y América Latina no fue la excepción; en este caso el derramamiento de sangre y la represión político-militar fue mayor que el que hubo en la famosa manifestación francesa; en octubre de 1968 se da la masacre en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, México, donde cientos de estudiantes fueron fusilados bajo las órdenes de Gustavo Díaz Ordaz, presidente de aquel entonces y miembro del PRI (Partido Revolucionario Institucional), el mismo partido de Enrique Peña Nieto, el actual presidente de México.

En 1969, Argentina vive el Rozariazo y el Cordobazo, manifestaciones masivas en contra de la dictadura de Juan Carlos Onganía y las políticas neoliberales implementadas en la educación superior; en 1970 las calles de Costa Rica se abarrotaron de personas para impedir el proyecto minero Alcoa.

Como se ha citado, Abya Yala ha tenido y tiene también sus grandes manifestaciones contraculturales. Esas luchas han sido fruto de la convergencia de ideas e indignación, que han hecho brotar semillas de resistencia y organización, ejemplo de ello es Cochabamba con la defensa del agua en Bolivia, El Zapatismo en México, Los Sin Tierra en Brasil, el Combo ICE, el no al TLC y Crucitas, en Costa Rica, y más recientemente el movimiento de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos por el Narco-Estado Mexicano, entre otros.

El Mayo 68 debe ser recordado no como manifestación eurocéntrica, sino como el hecho político de negar rotundamente la sociedad del consumo, la enajenación y la desigualdad; debe servir de motivación a las luchas venideras (sin olvidar, ni restarles importancia a luchas latinoamericanas) que necesitan cerrar calles para abrir caminos.

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