Srebrenica

A veinte años de la masacre de Srebrenica, el miércoles 8 de julio del 2015, y ante una propuesta de Inglaterra, en el seno

A veinte años de la masacre de Srebrenica, el miércoles 8 de julio del 2015, y ante una propuesta de Inglaterra, en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU, para declarar que la experiencia sufrida por los civiles bosnios musulmanes era un genocidio, fue vetada por Rusia que adujo que dicho informe estaba politizado. Algún suspicaz lector puede interrogar: ¿no es el mismo comportamiento de Estados Unidos cuando veta cualquier informe sobre el genocidio que cada cierto tiempo efectúa Israel contra los palestinos? ¿Cuál es el juego de estos jueces del planeta? De nuevo, las potencias mundiales ponen de manifiesto su poder de convencimiento: China, Francia, Inglaterra, Estados Unidos y Rusia son países permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y basta que cualesquiera de ellos haga su manifestación de veto para que no prospere ninguna resolución, aunque sea la más justa. En cuanto a los otros diez miembros (temporales), se comportan de acuerdo con los intereses geopolíticos.

Hace veinte años, los civiles de Srebrenica resistían el cerco tendido por el ejército serbio-bosnio. La situación de los civiles era dramática, pero contaban con la protección de un contingente de más de 300 soldados holandeses de la ONU. El ejército Serbio-bosnio pactó una tregua con los oficiales holandeses con la promesa de trasladar a los civiles de Srebrenica a otras comunidades. Sin embargo, esos civiles fueron asesinados ante la pasividad de Europa y el mundo. Y para que la memoria mantenga su vigencia, un grupo de bosnios musulmanes, en julio de cada año, hacen una caminata por las montañas y colinas de Srebrenica como peregrinaje para no olvidar a los más de ocho mil muertos.

El catalán Joaquín Aloy tiene una página en memoria de las víctimas de Srebrenica y recoge el testimonio del magistrado del Tribunal Penal Internacional, Fouad Riad que resumen la barbarie cometida: “Miles de hombres ejecutados y enterrados en fosas comunes, centenares de hombres enterrados vivos, hombres y mujeres mutilados y degollados, niños asesinados delante los ojos de sus madres, un abuelo obligado a comer el hígado de su propio nieto. Estas son realmente escenas del infierno, escritas en las páginas más oscuras de la historia humana”.

Con la masacre de Srebrenica queda abierto otro capítulo de la Europa civilizada y de avances tecnológicos. ¿Pero, cómo fue posible tal barbarie? ¿Cómo la ONU permitió semejante holocausto cuando ellos tenían el deber de proteger a la población indefensa? ¿Por qué los serbios llevaron una campaña sistemática de limpieza étnica? El eje de la última interrogante está en ese lenguaje del poder que se impone por las armas, los prejuicios raciales y xenofóbicos.

En esta conmemoración de los veinte años de la masacre de Srebrenica, el primer ministro serbio Aleksandar Vucic se presentó para expresar sus condolencias. Sin embargo, fue abucheado y casi lapidado por las piedras que lanzaron los familiares y amigos de los masacrados. Hay que subrayar que Serbia no ha reconocido el genocidio que perpetraron sus fuerzas armadas. Tampoco se debe pasar por alto el comportamiento del jefe de la brigada holandesa Thom Karremans, que tenía la responsabilidad de proteger a los civiles de Srebrenica: veinte años después, sin ningún rubor acepta una medalla como héroe de guerra… ¿Pero qué ha pasado con los sobrevivientes? ¿Dónde está la reparación de ese daño traumático? Se debe seguir exigiendo justicia para los sobrevivientes de Srebrenica y en todas aquellas zonas de guerra donde la población civil es una víctima más de la barbarie humana.

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