Suerte negra

Aunque hoy casi todos sus compatriotas felicitan al costarricense Nery Brenes y un buen número lo admira por su campeonato mundial en 400 metros

Aunque hoy casi todos sus compatriotas felicitan al costarricense Nery Brenes y un buen número lo admira por su campeonato mundial en 400 metros bajo techo, su suerte no ha sido siempre ni siquiera semejante. El año pasado el número especial de la revista Proa, suplemento dominical de La Nación S.A., dedicado a los personajes noticiosos del año, lo ignoró olímpicamente. El corredor limonense conquistó el oro con un tiempo extraordinario (44:55) en los Juegos Panamericanos de Guadalajara (2011). Única medalla costarricense en el torneo, pero no le sirvió para figurar como personalidad ‘noticiosa’ del año. Los periodistas prefirieron, por ejemplo, al ciclista Andrey Amador, quien remató en el puesto 166 del Tour de Francia (sus méritos fueron ser el primer costarricense, y centroamericano, en participar en esa prueba y en que corrió lesionado). El lugar 166 le valió ser penúltimo en el esfuerzo.

El oro de Brenes en Juegos Panamericanos no solo fue esfumado por otros deportistas, sino que por personalidades tan “noticiosas” como Hannia Campos (para quien lo ignora, investiga en el campo de hábitos alimentarios y su vínculo posible con cardiopatías, diabetes y cáncer; reside en EUA), o Joel Campos, asesinado brutalmente por funcionarios del sistema de prisiones del país (aquí probablemente la noticia era el grado de descomposición del sistema carcelario). Nery también fue desplazado por Pneuma (no les contaremos qué es), el Gran Estadio Chino y por… ¡la platina!

El campeón mundial de 400 metros soportó un desaire parecido en el 2008. La Municipalidad de San José, puesta a elegir entre el limonense, quien compitió dignamente en los Juegos Olímpicos de Pekín (tiempo: 44:94, eliminado en semifinales), y la cantante María José, para ejercer como Mariscal del Festival de la Luz, eligió a la última. El tiempo transcurrido permite valorar la magnitud de la pifia.

Aparte del cambio en el cariño de las gentes de a pie, su suerte con los poderosos sigue esquivando a Nery Brenes Cárdenas, pese al mundialazo. Recién se conocía su último triunfo cuando su familia fue visitada por el precandidato de Liberación Nacional, Rodrigo Arias, quien pasaba por el barrio. El hombre abrazó y felicitó, como toca en campaña. Su periodista en jefe comunicó el gesto a los medios para que se publicara. Sinceridad pura. Pero el asunto no tendría importancia si no fuese porque, en el mismo momento del saludo del político a los padres de Brenes, la prensa informaba que el Premio Nacional Deportivo Claudia Poll, para los costarricenses que destacasen significativamente en su especialidad, o carecía del todo de respaldo económico o se había devaluado considerablemente gracias a la oficiosa iniciativa de funcionarios para los que el deporte competitivo es cosa de brutos y chusmas. El monto del premio podría pasar de 156 millones de colones a 25. Con la segunda cifra el deportista podría adquirir un Terios y la sobraría algo para electrodomésticos. Con el primero podría considerar una nueva residencia para sus padres.

La presidenta Chinchilla terminó de sacarla del estadio pregonando que “restablecería” el premio (nunca ha sido derogado), pero que los deportistas destacados tendrían que competir por él. Lo resolvería un “jurado” designado por el Ministerio de Cultura. En breve y por ejemplo, que Nery Brenes tendría que disputar el monto con Hanna Gabriel (no se sabe si en un ring o en una pista). Negra suerte para ambos.

Aquí es donde retorna el precandidato de Liberación. Como es público, él es quien recibe los fondos “privados” que regala el BCIE (unos dos millones de dólares) para repartirlos a quien quiera. Podría traspasar su facultad al Ministro de la Presidencia actual o ejecutarla él mismo. Alcanzaría sin pelearse para todos los deportistas destacados. Y se podría hablar con otros sentidos de la fortuna negra.

Una de estas segundas negras, o sin color, suertes, consiste en que personas como Nery Brenes, y muchas otras con él, con reconocimiento o sin reconocimiento, con dinero o sin él, cafés, pardos o ‘blancos’, veneran a su madre e hijos, y tienen la fuerza para entregarse con honesta sinceridad a emprendimientos que honran a sus conciudadanos. Deberían ocupar altos cargos republicanos.

De repente la fortuna perversa, y no precisamente la negra, es la de otros.

 

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