Tragedia nuestra de cada día

Cada mañana pierdo parte de mi vida esperando el bus y luego en presas, lo mismo en la tarde. Alrededor de 3 horas diarias,

Entre mi casa y el trabajo solo hay 19  km., pero tardo una hora de viaje, además debo esperar hasta  40 minutos en la parada para que algún autobús me lleve.

Cada mañana pierdo parte de mi vida esperando el bus y luego en presas, lo mismo en la tarde. Alrededor de 3 horas diarias, 15 horas semanales perdidas, sí, el equivalente a ocho días laborales al mes de pie en una parada o en un bus; ni pensemos cuando se queda varado.

Cada día somos miles de trabajadores los que perdemos tiempo por mal servicio de transporte, tiempo para estar con la familia, para estudiar, recrearnos, y para trabajo comunal.  En promedio  mensual más de un millón de personas  usan los buses Cartago – San José. ¡Alrededor de 8 millones de días de trabajo desperdiciados mensualmente! Creo que vale la pena ponerle atención.

Sin embargo, cada día pasan frente a la parada los diputados de mi provincia, muy libertarios y oficialistas, tranquilos, usando vehículos con la gasolina que usted y yo les pagamos, ajenos completamente a nuestra tragedia cartaginesa de autobuses.

Además cada día se hacen filas en el el hospital Max Peralta, con miles de horas laborales perdidas en colas innecesarias, y los políticos cartagineses ajenos a nuestra tragedia hospitalaria. Para ellos están los hospitales privados de sus jefes, con especialistas capacitados por la CCSS y la UCR, pero trabajando para quienes vociferan contra  la CCSS y la universidad pública, qué ironía.  ¿Qué saben de citas a uno o más años plazo «nuestros representantes» en el congreso?

Cada día, en la provincia que le suministra agua a San José, tenemos restricción del insustituible líquido, un chorrito por unas horas al día. ¿Qué saben de escasez de agua los amigos de las embotelladoras?
Cada día el agricultor cartaginés usa agroquímicos prohibidos en países ricos, ayuno de capacitación en tecnologías limpias, cada día se salen las cloacas en el centro de la ciudad, hay menos espacio en escuelas y colegios y es más difícil hacer las compras básicas o incluso salir a caminar sin temor a un atraco.

Y ellos: ¿Qué saben de nuestros problemas? Despistan todo con fruncir el ceño o con risitas.
¿Tendremos alguna vez compañeros gobernantes que den la lucha por nuestros problemas? Dudo que las empresas de buses paguen la campaña  de alguien dispuesto a obligarlos a dar buen servicio, no creo que los mercaderes de la salud apoyen a quien impulse hospitales públicos, dudo que las embotelladoras ayuden a quien trabaje por mejorar los acueductos, y los importadores de químicos verán un enemigo en quien impulse la agricultura orgánica.
 
Y vos, que también pasás la vida en buses, vivís la restricción del agua, hacés fila en el Max Peralta, comés papas envenenadas y te mojás los pies en cloacas desbordadas, ¿vas a seguir apoyando con tu voto a los mismos que han engordado nuestros  problemas? Yo NO. Espero algún día elegir a gente del bus, al viejito del tiquete despreciado, a la persona que no cabe en el asiento, al tipo que espera un bus con rampa, al albañil que cuelga de la barra o a la secretaria-ama de casa-esposa-madre, que si bien no impresionan con verborrea ni tienen para pagar anuncios ni comprar votos, son parte de nuestra realidad y anhelan soluciones a los problemas de la vida diaria.

Pero ese “algún día” no llega por casualidad, requiere todo un músculo social, poder social, organización social. Nadie corre quince kilómetros la primera vez, se corren cincuenta metros. Nadie solucionará salomónicamente las tragedias cartagas de cada día, pero podemos empezar a estudiar la problemática con los vecinos, a crear juntas progresistas de barrio, asistir a las audiencias de ARESEP, exigirle acciones al municipio, o apoyar las iniciativas populares.

Solo el pueblo salva al pueblo, nos lleve veinte o más años.Tenemos que iniciar la quijotada de la acción social, porque después de todo, la indiferencia es el peor de nuestros males.

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