Trescientos sesenta y cuatro días sin humo

No caben en la calle pública tantos automóviles. Estudiantes, profesores, visitantes. Los estacionamientos públicos no dan abasto. Embotellamientos, demoras, estrés. Y humo a montones

Cinco de junio, Día Mundial del Ambiente. Caos vial en los alrededores de la Universidad de Costa Rica. La orilla de calle al lado de la malla que rodea el campus se convierte en un improvisado parqueo, obstruyendo el tránsito y el paso de peatones.

No caben en la calle pública tantos automóviles. Estudiantes, profesores, visitantes. Los estacionamientos públicos no dan abasto. Embotellamientos, demoras, estrés. Y humo a montones (más que en un día normal).

Mientras tanto, dentro del campus, mariposas revolotean y pajaritos cantan de felicidad. Por fin, en un día de trabajo, no ingresa un solo auto a la UCR. La gente circula a pie, en bici, en patineta. Todos sonríen. La vida es hermosa. Y todo gracias a la feliz idea de las autoridades universitarias que inventaron celebrar el Día del Ambiente con un Día sin Humo, destacando a todo el cuerpo policial de la UCR en las diferentes entradas de la U con la noble misión de impedir la entrada de vehículos motorizados.
No dudamos de las buenas intenciones de los organizadores; pero, si hemos de ser honestos, tenemos que reconocer que el Día sin Humo en la UCR es un atado de contradicciones y nos brinda elementos interesantes para analizar algunos interesantes aspectos de la vida moderna.
El Día sin Humo es un llamado a la conciencia que nos recuerda que los autos y la emisión de gases son un problema global y que el planeta ya no da para más. O hacemos algo por cambiar nuestros hábitos de consumo, o sufriremos las consecuencias. Nosotros y las futuras generaciones. ¡Cuánta razón! ¡Cuánta verdad! ¡Qué maravilla!
Pero… seamos serios: ¿Estamos siendo consecuentes? ¿Estamos realmente dispuestos a bajarnos del auto? ¡Nones! A lo más, un día… y ni eso. Porque la mayoría de la población universitaria motorizada fue en auto el Día sin Humo, nada más que lo dejaron afuera. Puede ser que unas cuantas personas, contadas con los dedos de la mano, hayan decidido dejar de viajar en auto a la U a partir de ese día. Quizás varios cientos ese día (y solo ese día) hayan decidido bajarse del auto y probar algo distinto. Pero la triste realidad es que de ahí no pasamos y todo sigue exactamente igual. Las personas, los autos, el humo, el planeta.
El Día sin Humo evidencia lo pura paja que somos.
Nos condolemos del estado del ambiente en el planeta, pero seguimos haciendo lo mismo. El Día sin Humo es un maquillaje de 24 horas para sentir que ya le dimos al planeta el famoso “granito de arena”, nuestro pequeño-gran aporte. ¡Mentira! ¿A quién queremos engañar? ¿Creemos que con bajarnos del auto un día o con apagar la luz una noche, vamos a parar el desastre? Quizás podamos engañar a nuestra conciencia, pero el planeta va a seguir deteriorándose igual si no le damos la vuelta a la ecuación. Si no cambiamos el granito de arena de 2.74 gramos (1 / 365 kilos), por una roca sólida de un kilo. En vez del Día sin Humo, si queremos hacerle un bien al planeta, urge instaurar 364 Días sin Humo.
O para ponerlo más divertido: propongo celebrar el próximo año el Día con Humo y que todos tengamos que venir a la U en auto. Que ese día subirse a un auto sea una fiesta, algo especial. Y que lo cotidiano sea viajar en transporte público, a pie, en bici. El Día con Humo sería un verdadero Carnaval, un día para celebrar el “progreso”, la inventiva, el derroche, el todo se vale. Pero con la condición de que después volvamos a la rutina sin humo, sin excesos, sin despilfarro… ¿Se apuntan? ¿Verdad que no? Pues adelante… ¡que siga el vacilón!

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