Un Beatle en Costa Rica

Tengo 27 años, exactamente la mitad de los 54 años que han pasado desde que en 1960 nació un fenómeno musical y cultural que

Tengo 27 años, exactamente la mitad de los 54 años que han pasado desde que en 1960 nació un fenómeno musical y cultural que modificó para siempre el modelo de la industria musical. Ese fenómeno tiene un nombre: The Beatles.

Corría el año 1994, y en la fortuna de haber crecido en un entorno lleno de música, cursaba mi tercer año de piano y con ello, el despertar de mis sentidos musicales que me llevarían a ser el melómano que soy  ahora.

Justamente ese año, la reunión de los Beatles en casa de George Harrison, motivó las imágenes de varios canales de televisión que se llenaron de nostalgia, de adolescentes cayendo en un síncope a blanco y negro enfrente de cuatro jóvenes que movían sus cabezas al ritmo del género que transformó y sigue transformando las conciencias de quienes lo escuchan, un género que nació rebelde y que desde siempre, fue bandera de las causas sociales que impactaron al mundo.

Para un niño de 7 años, era ficción, era una época que parecía tan remota  que no podía ni siquiera entender el contexto, pero si entendía los sonidos, y si entendía que Yesterday era la canción que mi hermano había aprendido a tocar en guitarra y que mi madre cantaba con profunda melancolía.

Desde entonces, The Beatles son parte de todo, no solo musicalmente, sino que literalmente, The Beatles penetraron la cultura, estilos de vida, motivaron películas, libros, lágrimas y esencialmente, inspiraron a millones de artistas a nivel mundial a seguir los pasos de los cuatro muchachos de Liverpool que se hicieron gigantes.

Si bien, John Lennon siempre significó para mí una especie de mito, y con ello, un aura de misterio y de profundo interés alrededor de su historia, mi Beatle favorito siempre fue Paul McCartney, un músico perfeccionista, ambicioso y definitivamente, el más talentoso de los cuatro. Sin embargo, es claro que The Beatles no eran piezas separadas, y así, con el tiempo, quienes los escuchan aprenden a identificar los detalles de las magníficas composiciones de Harrison y su mística artística, así como la precisión, el groove y la calidad de interpretación en vivo y en estudio, de un creativo de la batería como Ringo Starr, que sigue siendo inspiración de los más grandes bateristas del mundo.

A los Beatles les bastó 10 años para cambiar para siempre la manera de escuchar y ver música, además de fungir como estandartes de luchas sociales que hoy se replican, movimientos culturales asociados a la paz, a la diversidad de pensamiento y los derechos humanos.

Posterior a la disolución del grupo en 1970, Paul McCartney continuó con la carrera más prolífica de los restantes Beatles con su banda Wings y luego en solitario, llenando las memorias radiales de éxito tras éxito, que no son solo producto de cargar con el peso de su pasado Beatle, sino que la calidad y el sello de su propio genio han sido más que comprobadas, en canciones que se han vuelto himnos también de la cultura popular, como Live and let Die, My Love, Hope of Deliverance, Maybe I’m Amazed, No More Lonely Nights, y sin dejar de lado colaboraciones con otro fenómeno como Michael Jackson en canciones como Say, Say, Say y The Girl is Mine.

Lo que vivimos el 1 de mayo sí es historia, sí es hacer realidad todas esas imágenes que conocí en blanco y negro, y que me parecían tan irreales como un episodio de Perdidos en el Espacio, pero esta vez, en vivo y a todo color.

Este músico y melómano de 27 años, hoy puede andar el pelo largo hasta su cintura y entender que mucho es legado como otras tantas cosas, de los Beatles.

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