Cada jueves desde hace muchos años, a eso de las 10 de la mañana, la vida de la oficina se ve interrumpida por la voz de un hombre que inspira amor por el trabajo: “llegó la joya literaria, el Semanario UNIVERSIDAD”; con su estampa delgada y siempre de buen verbo, con una mente lúcida, don Gabriel Rivas nos motiva la mañana entregando el Semanario. -Mi estimado amigo, -¿Cómo se encuentra?, -Un placer saludarlo -Que siga mejor cada día y siempre para delante, para atrás ni para agarrar impulso, frases características y muy alegres de parte de don Gabriel.
Nos cuenta que hace unos años fue fotógrafo en Coto 47 y tenía en su motocicleta un lema muy particular. Recientemente don Gabriel llegó a los 90 años, y desde hace poco más de un año, por su misma seguridad, este singular “Quijote” no se quedó sin su “Sancho”, un Sancho, que se ha convertido en su ángel de la guarda.
Y así como los describe Cervantes, este singular dúo, sigue entregándonos semana a semana el Semanario. A veces, por salud, don Gabriel no nos acompaña, pero Víctor con su don de gente, su sonrisa amable y una mirada que inspira confianza, sigue ganándose la simpatía de todos aquellos que desde hace mucho, disfrutamos de la entrega del semanario universitario.No podría pasar por alto, las declamaciones a viva voz de don Gabriel con poemas de su coterráneo, Rubén Darío. Don Gabriel es todo un personaje que se ha convertido en parte del quehacer semanal, donde ahora, bien motorizado en su silla de ruedas e impulsado por su “Sancho”, nos entrega el Semanario UNIVERSIDAD.
Más allá de la visita, este singular dúo, lo que inspira es deseo de vivir, de continuar, de entender que las adversidades de la vida se hacen más llevaderas si las compartimos con alguien. Ya que la solidaridad, el principio de dar la vida por un amigo, de dar sin esperar recibir, aunque quizá se recibe de otra forma, porque el cariño y la amistad que posiblemente este dúo ha compartido en este tiempo, no fácilmente se consigue por más buen precio que paguen por el oro.
Hoy, como una llama, la vida de don Gabriel poco a poco se va apagando, últimamente ya no nos visita, y solo hemos sabido de él por la voz de su inseparable compañero de trabajo. -Está un poco mejor, pero ya le cuesta venir. Puede ser que don Gabriel mejore y que vuelva por su fuero, como tantas veces, ante las adversidades de la vida, posiblemente se levantó.
Sea que nos vuelva a visitar o que ya su cuerpo descanse, dedico estas líneas como un pequeño tributo, a un hombre que, con su espíritu inquebrantable, ha demostrado el deseo de trabajar hasta que el cuerpo aguante y cuidado si no un poco más; asimismo, a su inseparable compañero, que cuando las fuerzas le empezaron a flaquear, en su afán de continuar con su trabajo, apareció como su “Sancho”, quien más allá de su acompañamiento, le ha regalado a don Gabriel, el apoyo, la escucha, la alegría de tener con quien hablar y compartir en su jornada laboral. Gracias a ambos por recordarnos valores que a veces pasamos muy por alto.