Un SINART ausente

Además, y de remache, ese contraste tampoco se puede hacer en los medios de comunicación del Estado; pues el SINART se ha convertido de

Pasaron la Navidad y las fiestas de fin de año.  Espero que los costarricenses se libraran de que los chinamos, fiestones, parrandones, procacidades, ombligos y siliconas les nublaran el seso, y entonces hayan sido capaces de valorar, en su verdadera dimensión, el atentado contra la dignidad e inteligencia nacional, que se vivió por la televisión en esos días.  No cabe duda de que, si se trataba de disminuir el coeficiente intelectual del costarricense, la producción televisiva de fin de año, lo logró con creces.  Con seguridad habrá quien aplauda los chistes de mal gusto, el irrespeto a las personas, a los valores más elementales, y hasta se escriban «sesudas» páginas en los periódicos «de los mismos», para autoelogiarse, en el círculo empresarial en que se mueven; y ahí está lo peor, pues no hay posibilidad del contraste de opiniones, en este país de dictadura mediática.

Además, y de remache, ese contraste tampoco se puede hacer en los medios de comunicación del Estado; pues el SINART se ha convertido de una entidad cultural, en una mediocre sociedad anónima, que ya dejó de ser alternativa, para ser una competencia desgarbada y degradada, de los medios privados.  Pero el SINART está ausente, no solo por su «programación», sino porque ya no tiene la cobertura territorial, que lo ha caracterizado desde su creación.

Vale la pena preguntarse: ¿qué pasaría en Costa Rica si el ICE, durante dos meses, dejara sin energía eléctrica toda la zona sur y norte del país? O sin servicio telefónico?, o las escuelas de esas zonas se cerraran durante dos o más meses lectivos, o  la Caja clausurara los hospitales en esas regiones?  La respuesta es muy sencilla: la gritería nacional se escucharía hasta en los más recónditos lugares, los editoriales de la prensa serían fulminantes, más de una vela gastaría algún columnista para demostrar la corrupción que aquello significa, los diputados tendrían un tema más para una comisión investigadora, el Defensor de los Habitantes pondría mil recursos de amparo, la Contraloría intervendría para ver por qué se  emplean tan mal los recursos en esas instituciones y don Abel «abrazaría» a más de un funcionario.  Pues bien, resulta que el SINART, tiene fuera de servicio desde  hace varios meses, sus trasmisores en los canales 8 y 10, que cubren las zonas norte y sur del país y Radio Nacional su transmisor de 10 KW en AM y nadie dice nada, no hay protestas, ni indignaciones, ni abrazos, ni fiscalizadores de la Contraloría, a pesar que se ha dado una flagrante disminución en la calidad del servicio en una institución pública, que aunque ahora es S.A., recibe fondos públicos.  Pero además, si estas frecuencias están fuera de servicio por más de seis meses, podrán ser solicitadas por una empresa privada, de acuerdo con la ley de radio.  ¿Será eso lo que se persigue?

¿Por qué no pasa nada?  ¿Por qué coinciden estos hechos, con la solicitud de un «cierre técnico» del SINART que hace poco hizo su Presidente Ejecutivo?, ¿será que es mejor un SINART ausente, que un SINART diferente?, para beneficio de quién o de quiénes?

* Historiador, expresidente del SINART

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