Una “mente hermana” indeseable para la gloria de Juanito Mora

El artículo “Dos mentes hermanas en América”, de Juan Durán Luzio, publicado el 11 de marzo de este año, en la página 9 del

El artículo “Dos mentes hermanas en América”, de Juan Durán Luzio, publicado el 11 de marzo de este año, en la página 9 del Suplemento Áncora de La Nación, pretende probar similitudes, en pensamiento y obra, entre Domingo Faustino Sarmiento y Juan Rafael Mora Porras. Estas líneas demuestran la falsedad y la ignominia de ese artículo, pero nunca fueron publicadas por La Nación. ¿Será porque atentan contra La historia oficial, la que no debe revisarse? Una vez más el Semanario UNIVERSIDAD practica la libertad de expresión, no solamente la proclama.

Con la frase “ponerse en relación con hombres importantes de América”, que figura en un escrito del primer embajador de Chile en Costa Rica (1857), Durán Luzio “sospecha” que uno de esos hombres importantes fue el argentino Domingo Faustino Sarmiento. Afirma  que “es posible que sí” porque Sarmiento residía en Valparaíso y hasta allí llegaba la fragata en que Mora Porras viajaba desde Puntarenas. Reconoce que “es tentador conjeturar un encuentro entre dos hombres tan singulares y similares”. ¿Se construye la Historia con sospechas, posibilidades y conjeturas?

Como Mora viajó dos veces a Chile en 1845 y la sociedad chilena estaba “convulsionada” por el libro “Facundo. Civilización y barbarie” escrito por Sarmiento, Durán Luzio postula que dicho libro “no pudo pasar inadvertido” para Mora Porras. Por ello es que posteriormente llamó “bárbaros” a los filibusteros comandados por William Walker. El mismo Sarmiento calificó al “Facundo” como “Obra improvisada, llena por necesidad de inexactitudes, a designio a veces, no tiene otra importancia que la de ser uno de los tantos medios tocados para ayudar a destruir un gobierno absurdo y preparar el camino de otro nuevo.” (Ver D.F.Sarmiento, Obras Completas, Universidad Nacional de la Matanza, 2000). Se trataba de un libro de agitación política para colaborar con la caída de, según Durán Luzio, “la feroz dictadura de Juan Manuel de Rosas impuesta en la Argentina”. A ese “feroz dictador”, el general José de San Martín, máximo héroe de la emancipación argentina, le legó en su testamento: “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sur como prueba de la satisfacción que, como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido (Rosas) el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros (franceses e ingleses) que trataban de humillarla.” (Ver Augusto Barcia Trelles, José de San Martín, Buenos Aires, López y Etchegoyen, 1946).

Sarmiento siempre identificó a la sociedad urbana europeizada, con el progreso y la “civilización”. Le achacaba al “feudalismo de los campos” el sostenimiento de la “barbarie”, porque ahí se encontraba el gaucho mestizo con sus habilidades agrícolas, alfareras, marroquineras. ¿Habrá algún costarricense capaz de imaginar a Juanito Mora escribiendo, sobre los campesinos de su querida patria, algo como esto: “No trate de economizar sangre de gauchos. Éste es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos esos salvajes”. (Sarmiento; carta a Bartolomé Mitre, Obras Completas, Buenos Aires, Editorial Luz de Día, 1913). Durán Luzio escribe: “Preciso era someter a las hordas de gauchos anárquicos surgidos del interior para que la nación agónica pudiese por fin entregarse a construir el brillante porvenir que la esperaba”. ¿Quién tiene una “mente hermana” de Sarmiento?

Juanito Mora solamente puede compararse con los más grandes próceres americanos. Su retrato ya está en el Salón de los Patriotas Latinoamericanos, en la Casa Rosada de Buenos Aires, junto a San Martín, Artigas, Bolívar, Benito Juárez, Sandino y muchos otros más, todos ejemplos de excelso patriotismo. Las proclamas de Juanito Mora ¿no se parecen más a esta Orden General de San Martín al Ejército de los Andes?: “La guerra se la tenemos que hacer del modo que podamos, si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos ha de faltar; cuando se acaben los vestuarios nos vestiremos con las bayetitas que nos trabajan nuestras mujeres y si no, andaremos en pelotas como nuestros paisanos los indios. Seamos libres y lo demás no importa nada. La muerte es mejor que ser esclavos de los maturrangos. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre o morir con ellas como hombres de coraje. (Norberto Galasso; Seamos libres y lo demás no importa nada, Buenos Aires, Editorial Colihue, 2000, págs. 461-462).

En 1856 el Presidente Mora Porras convocó a sus conciudadanos marchar a Nicaragua  para “combatir por la libertad de nuestros hermanos. Su causa es nuestra causa” (Segunda proclama). En cambio Sarmiento, como Ministro de Guerra y luego como Presidente de la República, lideró la guerra de la Triple Alianza (Triple Infamia como dijo Juan Bautista Alberdi) contra Paraguay y es culpable directo de genocidio contra el pueblo paraguayo. ¡Mentes hermanas! Juzgue el lector.

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