Una mordida perrificante al cinismo contemporáneo

Cómo es que las enseñanzas de Diógenes y la escuela cínica han perdido vigencia en un mundo altamente cínico? Le hice esa pregunta

¿Cómo es que las enseñanzas de Diógenes y la escuela cínica han perdido vigencia en un mundo altamente cínico? Le hice esa pregunta a mi muy estimado colega el filósofo Carlos Rojas Artavia (mientras hablábamos sobre Latinoamérica) él se cruzó el dedo índice sobre los labios y sonreía. Rememoramos aquel tiempo en que se editaba la colorida Revista Kassandra.

Ya en mi hogar, tras hojear algunas Kassandra, busqué una pequeña biografía sobre Diógenes o kión (el perro) y encontré un supuesto diálogo con Alejandro Magno donde le dice: “Yo soy Alejandro, el gran rey, a lo que contesta: y yo soy Diógenes el perro”. Luego le preguntaron por qué se le llamaba el perro y respondió: “Halago a los que dan, ladro a los que no dan y a los malos los muerdo”. Este hombre-perro-filósofo podría aún morder a las corporaciones, quiere morder al mal patrono, nos ladra desde las profundidades de los milenios, que el poder es cuestionar con la misma ilogicidad al sistema, que es posible desestructurar los grandes poderes de un mundo miserable para con los empobrecidos, ladrándole, ladren, ladrémosle. Yo soy el rico, el gran rey. Y yo soy el empobrecido, el perro, te morderé.

Antes de acostarme pensé en todas las veces que había visto ese cuadro de los perros jugando póker a lo largo de mi vida (se trata de una serie de cuadros que el norteamericano Cassius Marcellus Coolidge hiciera para la publicidad de una marca de cigarrillos a inicios del siglo XX) mientras se traslapaban recuerdos de los nombres de los perros que tuvimos en mi casa de infancia: Tito, Panchi, Socotroco, Muriel, Colchoneta, etc. Previo a caer dormido pensé en el buen negocio que es esa peluquería canina a la salida del barrio, suele estar abarrotada, y las muchas veces que había esquivado la acera de algunas casas que habían hecho de su garaje una prisión perruna. Todo esto, para decir: hemos humanizado a los perros, les hemos creado un mundo paralelo al nuestro, con casa por cárcel a pesar de su inocencia.

El mercado de las mascotas ha tenido incorporaciones desapercibidas, los perros ya no comen sobros, son vacunados, tienen hoteles, ropa y además un pedigree, una genealogía. Los zaguates están poco cotizados al lado de razas enormes o pequeñísimas con nombres larguísimos, o razas creadas por las Monarquías de alguna época.

Por la mañana, empecé a enumerar los perros que la cultura pop había implantado en mi cabeza y me acordé del 5to miembro de Pink Floyd, Seamus el perro cantor que aparece grabado en el disco Meddle, pero también de: Lassie, Benji, Rintintin, Scooby-Doo, Droopy, Los 101 dálmatas, Brian Griffin, Lindo Pulgoso, etc. Algunas razas desataron una verdadera fiebre; una vez me topé con un dálmata callejero, y años antes con un collie abandonado y sarnoso.

Ayer vi un anuncio donde un cachorro de husky se suponía habla como un bebé. A todo esto, los perros jugando póker de Cassius es evidencia inicial de las formas en que el perro ha sido inscrito en la esfera de la vida capitalista; si no le basta mi observación vaya a pasear por las playas del Pacífico Central y estoy seguro que podrán ver a varias rubias paseando con un american stafford. Los perros también tienen sus tendencias dictadas por la moda y el cine.

Creo que en un futuro serán los perros los únicos que nos permitan recordar nuestra animalidad, la lealtad, la amistad, el agradecimiento, la compañía incondicional, la fidelidad; después de todo perrificarse no está tan mal, quizás sea una forma de resistencia. El cinismo de un mundo tan abismalmente polarizado necesita de una mordida y ser sacudido, hay que ladrar con fuerza. Así, en una ocasión alguien muy rico invitó a Diógenes a su lujoso palacio y le advirtió que no escupiera, este le escupió la cara y le dijo: “no había hallado lugar más inmundo”.

 

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