Vampirismo mediático

La situación del país en cuanto seguridad es tan precaria, que el solo hecho de que atrapen a unos malhechores como estos nos produce

“Un juicio histórico”. Así fue como los periodistas calificaron el juicio de los violadores y asesinos de las jóvenes del casino. Pero  ¿Por qué un juicio como este tendría que ser histórico?  Lastimosamente, la respuesta no es agradable.

La situación del país en cuanto seguridad es tan precaria, que el solo hecho de que atrapen a unos malhechores como estos nos produce regocijo. Pero de nuevo pregunto. ¿Por qué sería histórico que condenaran a unos delincuentes que estaban suficientemente embarrados de sangre como para no dejar duda? Es claro que la credibilidad del gobierno en cuanto seguridad ha llegado a un punto tan bajo que, ahora todos los juicios son históricos. 

El Caso Caja-Fishel fue histórico. Los vejámenes que un karateca cometió contra un joven en el parque de un bar solo son históricos hasta que los periodistas dicen que son históricos. Que el sistema punitivo funcione de vez en cuando parece ser lo en el fondo se recalca. Pero en este respecto, los medios de (des)información tienen un papel relevante. Ahora es común ver como una serie de abogados penalistas han hecho una coyunta casi erótica con los medios de comunicación. Fiscales dando entrevistas, en juicios que aún no han finalizado, defensores de las partes ofendidas, invitados a noticieros y la excesiva y desagradable explotación, por parte de los periodistas, del dolor ajeno. “Tres centímetros de fisura anal” fue lo único que se escuchaba, en más o menos tres semanas seguidas en los noticieros nacionales en todas sus ediciones. En el caso de las jóvenes del casino, la situación no pudo ser más nauseabunda: que si una joven perdió el ojo, que si le dispararon en el cuello cuando estaba moribunda, que si las violaron en el baño o en cuarto de un motel  y las constantes, poco sutiles e impertinentes entrevistas que le hacían al pobre padre de la joven que falleció. Inclusive las entrevistas televisivas estaban dirigidas a provocar la furia del señor, me imagino que estos medios se sintieron muy decepcionados, ya que dicho señor no llevó un arma al juicio y no les voló los sesos a los imputados, ya que con esto hubieran tenido noticias “calientes” que presentar.
Toda esa exposición debió de ser un millón de veces más dolorosa, que las aberrantes vejaciones a las que fueron sometidas. Un millón de violaciones, un millón de balazos en la cabeza fue lo que terminaron por sufrir esas pobres victimas. ¿Cuál es el sentido de esta innecesaria y absurda re-victimización? Por un lado los abogados saben que toda esta difusión mediática es un elemento importantísimo a su favor. Forjar emociones, crear discusión y en definitiva, movilizar a la gente, genera una presión invisible para los jueces y un halo de victoria en las cabezas de los abogados de las partes querellantes.  Estrategia que sin duda, es muy buena, pero no digna de un supuesto “sistema penal garantista” (que más daño que bien ha hecho). La turba enardecida que se generó en estos casos era digna de las películas de terror en blanco y negro.
Por otro lado, los noticieros (y muchos medios de prensa escrita) no ven las cosas ni en blanco ni en negro, para ellos solo existe el color del dinero. Vender espacios y altos ratings es lo único que pueden apreciar y si deben conseguir esto a través de un amarillismo descarado y chupando la sangre de la gente que ya ha sufrido bastante, no les importa. ¡Qué falta de gusto de nuestros periodistas! Y recalco “nuestros”, porque ellos lo único que hacen es ofrecer un producto, que casi todos nosotros compramos. La sociedad en general, parece estar sedienta de sangre (muchísimas veces con razón) y necesita una liberación orgiástica. Es así como satisfacemos esta morbosa necesidad a través de los simulacros que nos brindan estos noticieros (y medios en general). Si los noticieros, por ejemplo, no llenaran sus espacios de asesinatos, accidentes de transito, violencia contra las mujeres o cualquier suceso violento en general, no tendrían ni un punto de rating. Simplemente nadie los vería. En muchos casos, a pesar de que la situación social ya es bastante mala, la distorsionan aún más a costa de esta saturación de sangre. La mayoría de las veces, la presentación de estos hechos no parece tener un eje temático muy claro, y solo son imposiciones de imágenes, una tras otra, a la manera de aquellas fábulas japonesas que supuestamente provocaban epilepsia a las personas fotosensibles.
Francamente, el desperdicio de tiempo que representan estas noticias (ya sea leyéndolas, escuchándolas por radio o mirándolas por televisión) es aún peor que lo que exhiben. Personalmente si quisiera ver algo grotesco, mejor alquilo una película de terror “gore” y me siento frente al TV para pasar un rato ameno, por lo menos en estas películas, los vampiros no juegan a ser periodistas.

 

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