Abstencionismo y apatía favorecerían a Johnny Araya

Participación electoral histórica (1990-2010) y estimaciones de las personas dispuestas a votar según las encuestas del CIEP (octubre-noviembre 2012, abril 2013 y agosto 2013).Cuanto

Participación electoral histórica (1990-2010) y estimaciones de las personas dispuestas a votar según las encuestas del CIEP (octubre-noviembre 2012, abril 2013 y agosto 2013).

Cuanto mayor sea el abstencionismo sería más fácil para el candidato presidencial del Partido Liberación Nacional, Johnny Araya, acercarse al umbral del 40% de los votos válidos emitidos,  necesario para ganar en primera ronda las elecciones del próximo 2 de febrero.

La explicación es sencilla: el PLN encabezaría las intenciones de voto (según diversas encuestas) gracias a que mantiene un núcleo de simpatizantes decididos a votar que oscila entre el 15% y el 25% de los encuestados; entonces, la proporción de ese grupo se aproximará al 40% de los votos válidos dependiendo de cuantas más personas se abstengan, anulen el voto o lo hagan en blanco. Es decir, si el pastel de votos válidos se hace más pequeño la tajada del PLN es más grande.

En un contexto de enojo y apatía hacia la política y una ciudadanía más insatisfecha con la democracia, las instituciones y la gestión de gobierno, quienes no crean que valga la pena ir a votar en realidad contribuyen a mantener en el poder al partido gobernante.

Así coinciden en señalarlo analistas y actores políticos –quienes prevén que el abstencionismo será igual o mayor al 31% que hubo en las elecciones del 2010− de mantenerse la indefinición y la apatía del electorado que se ha visto hasta ahora, cuando cerca del 50% dice no simpatizar por ningún partido y más de la mitad no ha definido su voto, según indican las encuestas de de opinión.

El politólogo Sergio Araya resaltó la errónea creencia que existe de que con no ir a votar no se participa, cuando esa persona lo que se está haciendo es ayudar a que se mantenga la situación que no le gusta.

De acuerdo con la ley electoral costarricense, el cálculo de los votos válidos excluye no solo a quienes no van a votar, sino también a los que votan en blanco o anulan el voto.

“Este es un dato muy importante que la ciudadanía debe tener muy claro, de que no yendo a votar, o yendo a votar pero al mismo tiempo anulando el voto, por inacción se está favoreciendo a quien no se quiere apoyar”, advirtió Sergio Araya, coordinador de proyectos políticos de la Fundación Konrad Adenauer.

VOTOS IMPERMEABLES

Según el director del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica, Alberto Cortés, el PLN aprovecha dos factores cuando el abstencionismo es alto: uno es su núcleo de votantes “duros”, dispuestos a votar por su partido independientemente de los circunstancias que enfrente y, el segundo, que cuenta con una maquinaria electoral que le permite llevar a las urnas a la mayor cantidad posible de sus seguidores, ya sea por el ofrecimiento de favores o por organización eficaz.

“Por el perfil de los votantes, es posible pensar que si la abstención baja muchos indecisos se inclinarían por otras fuerzas que no son el PLN, lo que podría forzar a una segunda ronda, o incluso plantear un escenario no previsto de un triunfo de otro partido en la primera ronda”, estimó Cortés, coordinador de las encuestas de opinión pública del CIEP.

Para la socióloga Ciska Raventós, para saber el impacto del abstencionismo en los votos válidos del PLN aún faltan más datos, pero sí afirma que al partido oficialista no le interesaría “calentar la campaña”, por el respaldo que ya tiene de sus votantes duros, la movilización de empleados públicos para votar, mediante las llamadas “redes de solidaridad” que tejen en entes estatales, y el posible respaldo de quienes han sido receptores de beneficios en programas de combate a la pobreza.

Antonio Álvarez Desanti, jefe de campaña del PLN, dijo que no creen el abstencionismo los beneficie ni los perjudique.

“Por principios preferimos que participe el mayor número de gente en el proceso electoral y que el abstencionismo disminuya. En realidad no creemos que el abstencionismo cambie el resultado electoral, la experiencia demuestra que la gente que al final se decide a votar y la que no se había decidido mantiene más o menos los mismos porcentajes de distribución que la gente decidida” y los porcentajes de respaldo variarán en un margen muy pequeño.

“En ese sentido no creemos que el abstencionismo nos venga a beneficiar ni tampoco a perjudicar”, agregó Álvarez, quien sí reconoce que Liberación “tiene una capacidad organizativa y una estructura partidaria en todos los barrios en Costa Rica, que le dan un gran músculo político para mover los votos”.

“Eso funciona siendo una campaña pequeña o una grande. Siempre tendremos la misma  estructura partidaria trabajando, y es sin duda una ventaja que tenemos sobre otras fuerzas políticas a las cuales no les vemos ningún tipo de organización en la zona rural de Costa Rica”, afirmó.

ALTA ABSTENCIÓN A LA VISTA

Para el presidente del Tribunal Supremo de Elecciones, Luis Antonio Sobrado, esta campaña se está celebrando en un clima de molestia ciudadana con la política y con los políticos, y esa insatisfacción” podría arrojar números de abstencionismo que no resulten halagüeños”.

Quien no vaya a votar está expresando evidentemente una percepción política que no se debe menospreciar, pero esa forma de expresión es absolutamente inconducente y con ella no se logra nada, afirmó.

“El próximo mes de mayo habrá nuevo gobierno, sí o sí −así lo decía el 2 de octubre (pasado durante la convocatoria oficial a elecciones)−, y lo que tenemos que asegurarnos es de hacer la mejor elección posible”, recalcó el magistrado.

Los analistas distinguen entre el abstencionista por convicción y el llamado abstencionismo técnico, que es el de la persona que objetivamente está imposibilitada de acudir a votar aunque lo quiera, como es el caso de los están internados en los hospitales o los residentes en el extranjero, quienes representan entre un 5 % y un 8 % del electorado. Antes de la actual elección –en que por primera vez se podrá votar en los consulados− el sistema no les permitía a esas personas votar.

Según Araya, el problema es el abstencionista por convicción, porque va minando la legitimidad del sistema. Esta persona siente que el sistema no les da respuesta a sus demandas y acaba con una sensación de impotencia y de que nada se puede cambiar, por lo que decide no participar.

Un dato  interesante es que el abstencionismo lo está conformando cada vez más el voto joven (gente entre 18 y 35 años), que representa un 43 % del total del padrón.

Por otra parte, no es casual que desde las elecciones de 1998 hubo un salto del abstencionismo, el cual pasó del 18 al 20 % −que era el nivel histórico−, al 30 o 34 %. Esa proporción bajó a 31 % con la elección de Laura Chinchilla en el 2010, pero se ha ido acomodando alrededor de eso, y las encuestas dicen que hay ahora cerca de un 47 % de personas que no sabe si va a ir a votar, apuntó el analista.

Si se hace una correlación de variables con los datos de las encuestas y otros estudios sobre adherencia ciudadana, credibilidad en la democracia, y aceptación de la institucionalidad democrática, se puede concluir que el abstencionismo ni por asomo va a declinar en estas elecciones; todo lo contrario, o se va a mantener en los porcentajes de los últimos tres procesos o podría eventualmente incrementarse, prevé Araya.

ESTRATEGIA

Llama la atención que los estrategas de Johnny Araya parecen apostar por la inercia, ante la posición favorable del candidato oficialista, con una intención de voto por encima del  20 % entre las personas decididas a votar y distante del segundo lugar.

A pesar de tener recursos, Araya ha mantenido más bien un bajo perfil con la publicidad y el candidato no ha acudido a foros y debates que han organizado diversos sectores de la sociedad civil (salvo en un par de excepciones en que sí participó), donde ha preferido mandar a representantes.

Una estrategia como esta también la emplearon en su oportunidad Óscar Arias y Laura Chinchilla, al considerar que llevaban ventaja y no necesitaban de mayor exposición, aunque en el caso de Arias casi pierde la elección ante Ottón Solís en el 2006, pues la ventaja de 17 % que llevaba en las encuestas, se redujo a un escaso 1 % en las urnas.

Manuel Rojas, sociólogo y analista político, coincide en que  cuanto menos personas  participen es mejor para los intereses del PLN, que hace una lectura de las encuestas en el sentido de que es el partido que va adelante, y en ese contexto es mejor participar en el menor número posible de debates.

Sin embargo, en opinión de Rojas, la gente de Johnny Araya no estaría haciendo una buena lectura, porque aún hay posibilidad de que un candidato de oposición pueda crecer, y que haya un voto protesta que se revierta en contra de Araya.

Desatacó que ciertamente hay un candidato que va adelante, pero es dentro de un inédito panorama de indecisión electoral. Los estrategas de la campaña de Araya insisten en que las elecciones están prácticamente ganadas, apoyándose en una lectura inexacta de los datos arrojados por la controvertida encuesta de Borge y Asociados.  Han pagado páginas en los periódicos con un engañoso gráfico, según el cual su candidato obtendría el 50,1 % de los votos válidos. Pero, omiten información vital, como que del total de la muestra, el 37 % de las personas entrevistadas no respondió o dijo no saber por quién votar, y el 22,8 % indicó que no votará por ninguno de los candidatos.  Es decir, prácticamente el 60 % no sabe por quién votar o si lo hará en las elecciones de febrero, comentó Rojas.


Informe Estado de la Nación

Mayoría está sin partido

El décimo noveno informe del Estado de la Nación dado a conocer la semana pasada, constata que el actual proceso electoral se da en medio de un alto desalineamiento partidario, en el que la mitad del electorado −o más− no tiene partido, y es el segundo proceso electoral en que se da esa situación.

Esto contrasta con lo que prevalecía a inicios de década de los 90, cuando regía el bipartidismo, época en que más del 90 % de la población simpatizaba con los partidos Liberación Nacional (PLN) o Unidad Social Cristiana (PUSC). El informe atribuye la situación −entre otras causas− a la pérdida de afección partidaria que tuvo el PUSC luego de los escándalos de corrupción, que en el 2004 afectaron a sus principales dirigentes. También a que el PLN, la agrupación política más grande del país, ha experimentado una constante erosión de su base partidaria en los últimos años, y en la actualidad sus simpatizantes apenas constituyen el 23 % del electorado, es decir, cerca de la mitad de la población que se declara sin partido.

Se espera que, como ha sucedido en ocasiones anteriores, conforme se acerque la fecha de las elecciones los partidos aumenten sus simpatías. Sin embargo, vale recordar que solo en 2 de las 30 mediciones de opinión que se han realizado desde 2004, algún partido ha logrado captar más electores que los que se declaran “sin partido”, añade.

Asimismo, recuerda que desde los comicios nacionales de 1998, la asistencia a las urnas costarricense ha oscilado entre 65% y 70%, que es un nivel de participación relativamente elevado para un país cuya legislación no prevé sanciones a la abstención electoral. No obstante, es una proporción muy inferior a la registrada en el último tercio del siglo XX, cuando el ejercicio efectivo del sufragio se situó alrededor del 80 %. Por los factores que se analizan en el mismo informe, es poco probable que en las elecciones de 2014 mejore el umbral inferior visto en los cuatro procesos celebrados entre 1998 y 2010, advierte el Estado de la Nación.


Los abstencionistas

Según la última encuesta trimestral realizada en agosto por el Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica para este Semanario, a la pregunta de si piensa a ir a votar, el 65.8 % declaró que sí piensa votar, 18.2 % respondió que no lo hará y el 16.0 % restante dijo que no saben si votarán.

De acuerdo con ese estudio, las mayores cuotas de abstencionistas están en las mujeres, las personas en el grupo de edad entre 25 y 49 años, las que tienen educación primaria o menos, las que no votaron en el 2010, y las que no simpatizan por ningún partido político.

Así, por el contrario, entre quienes votaron en las elecciones del 2010, por ejemplo, la intención de votar en el 2014 es más alta: el 73.3 % dijo que piensa ir a votar. Entre los simpatizantes de algún partido político, la intención de votar es aun mayor (81.6 %), en comparación con quienes no simpatizan con ninguno (60.3 %).

Al hacer una relación de la participación electoral histórica en Costa Rica −desde 1990 hasta 2010−, junto con las estimaciones realizadas por el CIEP en las últimas tres encuestas, se concluye que la intención de asistir a las urnas en el 2014 podría estar entre 62.5 % y 69.1 %, lo cual significaría que la participación  sería igual o más baja que en el 2010.


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