Alistair Smith, investigador de industria bananera: Costa Rica es el país con las exigencias más duras para el trabajador bananero

Alistair Smith: Si los productores quieren seguir vendiendo su banano tendrían que sentarse a crear una estabilidad laboral, con base en la justicia de

Alistair Smith: Si los productores quieren seguir vendiendo su banano tendrían que sentarse a crear una estabilidad laboral, con base en la justicia de buenas relaciones laborales. (Foto: Katya Alvarado)

Costa Rica es el país de la región con la industria bananera más exigente hacia el trabajador y la imagen como exportador del “mejor banano del mundo” no encaja con la realidad.

La conclusión es de Alistair Smith, investigador de Banana Link, organización no gubernamental británica que trabaja por un comercio justo y sostenible de banano y piña en el mundo.

En Costa Rica se imponen exigencias inhumanas a los trabajadores. Las empresas exigen un ritmo de trabajo y horarios extenuantes, “hasta el punto que no vas a encontrar un trabajador o trabajadora de menos de 35 años en una plantación bananera”, afirmó en entrevista con UNIVERSIDAD.

Banana Link, cooperativa sin fines de lucro domiciliada en Norwich, Inglaterra, forma parte de Euroban, conocida red de organizaciones que promueven entre consumidores y supermercados en la Unión Europea (UE), que la fruta tropical que se comercialice sea solo de países productores que respetan plenamente los derechos laborales y que creen en los principios de un desarrollo limpio, sostenible en lo ecológico y social.

Smith sostuvo reuniones la semana pasada en San José con representantes de las empresas bananeras, sindicatos y del Ministerio de Trabajo, de cara a los debates de la Tercera Conferencia del Foro Bananero Mundial, que se celebrará en setiembre próximo en República Dominicana.

En la cita, representantes de organizaciones de consumidores, trabajadores y empresas bananeras, gobiernos y científicos, discutirán aspectos de la actividad bananera en el mundo, comenzando por la llegada de Raza Tropical 4, enfermedad que destruye las plantaciones y amenaza con acabar la industria bananera, como ocurrió a mediados del siglo pasado con la Enfermedad de Panamá.

En este caso se trata de una nueva variante del mal de Panamá (provocada por el hongo Fusarium oxysporum), para la cual aún no hay remedio y que se extiende por Asia y África, y podría llegar a América Latina y el Caribe en cualquier momento.

SOSTENIBLE

“Como organización tenemos relaciones con contrapartes sindicales y organizaciones de productores en muchos países de África y América Latina, así como con contrapartes en Estados Unidos y otros países consumidores. Nuestra misión es facilitar la transición hacia una economía bananera sostenible en todos sus aspectos: sociolaborales, ambientales y económicos”, explicó Smith a UNIVERSIDAD.

Relató que Banana Link trabaja con contrapartes sindicales en temas de organización, salud ocupacional, trabajo de las mujeres, incidencia política, diálogo con los supermercados, con las empresas fruteras, y en temas que forman parte de la agenda del Foro Bananero Mundial.

Detalló que comisiones de trabajo del Foro han venido analizando aspectos ambientales, de salud ocupacional y relaciones obrero-patronales, entre otros. Un tema son los buenos ejemplos de convenciones colectivas obrero-patronales que funcionan en varios países, y que generan estabilidad y buenas relaciones entre las bananeras y sindicatos de trabajadores.

En Costa Rica –segundo productor mundial de la fruta, con una exportación cercana a dos millones de toneladas al año− la situación se complica por la política antisindical institucional que existe; pero, en países como Guatemala, por ejemplo, la transnacional Chiquita mantiene buenas relaciones en negociaciones colectivas con un sindicato independiente. En Colombia hay buenas relaciones entre la mayoría de las empresas y los sindicatos, y en Ecuador –principal productor mundial− la compañía Dole tiene nueva convención colectiva en cuatro fincas bananeras y es mucho más abierta que en Costa Rica, comentó Smith.

Afirmó que Costa Rica es uno de los países donde menos participan las empresas en los diálogos del Foro Bananero, y este es el país más irrazonable en cuanto a las exigencias que las empresas ponen a los trabajadores.

Mientras que en Ecuador la mayor parte de los trabajadores trabajan 40 horas semanales y los salarios han aumentado mucho, en Costa Rica eso es impensable. Esto, porque no hay trabajador que gane salario mínimo con 40 horas, y las empresas han tratado de minimizar salarios y aumentar jornadas a los trabajadores, al punto de que para ganar por encima del mínimo salarial deben laborar 60 y hasta 70 horas.

En cuanto a la exposición a los agroquímicos, la industria ha mejorado, pero se siguen aplicando algunos catalogados como los más tóxicos. Todos los países los utilizan, pero en Costa Rica, por sus condiciones climáticas, hay más aplicaciones que en otros países latinoamericanos, añadió.

“Entonces la realidad no corresponde con la imagen, de que Costa Rica produce el mejor banano del mundo. ¿Al costo de exigir al trabajador cosas que no son razonables?”, cuestionó Smith.

En su opinión, el problema es que se construyó todo un escenario de represión contra los sindicatos independientes (que defienden a los trabajadores) y ritmos de trabajo irracionales.

¿En ese escenario, cómo las empresas pueden vender la fruta en el mercado europeo, que supuestamente exige el cumplimiento de la normativa ambiental y laboral?

−Hay una presión de compra que trasmiten los compradores del supermercado, y Gran Bretaña −uno de los mercados más exigentes en cuestiones laborales− ha reducido mucho sus compras en Costa Rica; están comprando cada vez más en países como Ecuador y a precios más altos. Pero hay resistencia de los productores y es una batalla diaria, porque hay una cultura de 30 años que no cambia de un día para otro.

¿Compromete su futuro la industria?

−La industria bananera costarricense tiene que entender que, si quiere seguir jugando en el mercado internacional del banano, tiene que ir responsabilizándose, sobre todo en cuanto a la construcción de buenas relaciones laborales. No es solo Europa la que se interesa en estos temas. Hace cinco años en Estados Unidos muy poco se preocupaban; hoy las empresas de compras de ese país cada vez lo están tomando más en cuenta, y mañana será hasta China.

¿Los compromisos de cumplimiento laboral y ambiental incluidos en el acuerdo de asociación entre la UE y los países centroamericanos, firmado en el 2012, no se están aplicando en el comercio del banano?

−Creo que puede incidir. En reuniones recientes con la delegación europea en San José queda claro que por primera vez, los diplomáticos de la UE están diciendo que hay que poner en marcha el capítulo laboral del acuerdo comercial. Con algunos aliados en Bruselas (sede del gobierno comunitario europeo) venimos preguntando si ese capítulo existe solo en el papel, o va a tener una vida real.

Ahora parece que el mensaje ha llegado hasta acá. Han convocado a sindicatos hace unas dos semanas, e incluso tenemos acceso a fondos europeos para fortalecer el trabajo sindical. Parece que hay posibilidades de financiar esfuerzos para hacer mejoras, sobre todo en cuanto al fomento del diálogo social. Eso nos alienta.


Crítica sindical

En relación con las declaraciones del representante de Banana Link, Alistair Smith, cabe mencionar los señalamientos que mantienen sindicatos bananeros, de que los gobiernos en alianza con la parte patronal y un sector de la Iglesia Católica han sostenido por años una campaña para eliminar a los sindicatos independientes, y los políticos han logrado confundir en el extranjero vendiendo la imagen de un país verde, democrático y respetuoso del estado de derecho.

Alegan además que las compañías han echado mano de la negociación directa con los llamados comités permanentes de trabajadores, creados y financiados por las empresas, para mostrar que hay paz laboral, y ostentan certificaciones emitidas por calificadoras privadas pagadas por ellas, donde aparece que todo está bien conforme a las normativas.


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