Ambientalistas temen que 28 proyectos hidroeléctricos acaben con cuenca del río San Carlos

La afectación a la biología de los ríos, así como la disponibilidad a futuro del recurso hídrico para las poblaciones locales, son las principales

La afectación a la biología de los ríos, así como la disponibilidad a futuro del recurso hídrico para las poblaciones locales, son las principales preocupaciones que sectores ambientalistas esgrimen ante lo que consideran una “embestida” de la producción hidroeléctrica en la zona de la cuenca del río San Carlos.

Esos señalamientos fueron hechos el pasado 14 de marzo, en el marco de una gira a la zona, organizada por el programa Kioscos Socioambientales para la Organización Comunitaria, la cual además de visitar la Central Hidroeléctrica San Lorenzo -en funcionamiento- y el proyecto hidroeléctrico (PH) Balsa Inferior -en construcción-, se detuvo en la comunidad ramonense de Chachagua, donde se organizó una manifestación ante temores de que reviva un viejo proyecto que represaría los ríos Chachagua, Chachagüita y Burrito.

Mauricio Álvarez, representante de Kioscos Socioambientales, mostró su preocupación ante el hecho de que ya desde el 2000 se contaba con datos del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), según los cuales para la cuenca del río San Carlos se consignaban un total de 28 proyectos, 14 en operación y otros tantos en ese entonces en fase de estudio. Según dijo, en la actualidad funcionan alrededor de diecisiete proyectos hidroeléctricos en esa cuenca.

 

Otto Méndez, presidente de la Unión Norte por la Vida (UNOVIDA) aseveró al respecto que “en todo el país hay una ofensiva de establecimiento de proyectos hidroeléctricos y esta región por sus condiciones geográficas y volumen de lluvias no escapa a ello”.

Tras citar los mencionados ejemplos de proyectos hidroeléctricos en la zona, como San Lorenzo -del Consorcio Nacional de Empresas de Electrificación de Costa Rica R.L (CONELECTRICAS R.L.)- y el Balsa Inferior -que la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL) construye en el río Balsa, también mencionó otro proyecto privado en el río Esperanza e indicó que el río Peñas Blancas “soporta dos represas, una del ICE y otra del sector cooperativo”.

Tras llamar la atención que el PH Balsa Inferior sería el segundo que se desarrolla en ese río, reconoció que aún no se sabe quién estaría interesado en revivir el proyecto Chachagua, “pero muy probablemente es cogeneración privada”.

Méndez aseguró que todo ello implica “un daño ambiental catastrófico e irreversible, las consecuencias serán apocalípticas, aunque no sabemos qué esperar del invierno por el tema del cambio climático”.

PROYECTOS

La cuenca del río San Carlos abarca más de 2.640 kilómetros cuadrados (km2) y se le considera la más importante en la zona norte. Es la quinta cuenca más grande de Costa Rica y a su vez pertenece a la del río San Juan, una de las masas de agua más importantes de Centroamérica. Además, el río San Carlos es importante para la sobrevivencia de la zona del trópico húmedo.

Esta región ha visto desde la década de los 90 un aumento significativo en la deforestación, la actividad agrícola y agroindustrial y el establecimiento de asentamientos humanos.

Desde hace diez años, un estudio de los investigadores del Instituto Tecnológico (ITCR) Adolfo Chaves y Freddy Araya, alertó sobre las implicaciones de la actividad hidroeléctrica en la zona.

Ellos manifestaron que “la proliferación de represas tiene visos de convertirse en un importante problema ambiental, económico y social para las comunidades ubicadas en la cuenca del San Carlos, la cual es posiblemente la más importante del país en cuanto a generación eléctrica, tanto por las obras en funcionamiento como por los proyectos en ejecución o en factibilidad”, según lo publicó la revista Ambientico en setiembre del 2002.

La Central Hidroeléctrica San Lorenzo entró en operación en 1997 y se encuentra en Bajo Rodríguez, San Ramón. Esta instalación aprovecha las aguas de los ríos San Lorenzo y Jamaical y tiene una capacidad instalada de 17.000 kilovatios, suficiente para proveer de energía a 145.000 habitantes. Según la información en su sitio Web, este proyecto tuvo un costo de $20.600.000. CONELECTRICAS R.L. integra a Coopelesca R.L, Coopesantos R.L, Coopeguanacaste R.L y Coopealfaroruiz R.L.

Además apunta haber otorgado más de ¢23 millones “en ayudas para escuelas, caminos, salones comunales, puentes, Iglesia Católica, deporte y electrificación rural, entre otras actividades sociales”.

Tras represar el río, el agua es llevada a lo largo de un canal de casi dos kilómetros de largo hasta el embalse, para luego pasar a la casa de máquinas.

Al respecto, Méndez lamentó que después de la represa “el río está sin agua”, y que “fue alterado totalmente” con la construcción del canal. “Antes el río nunca se secaba, ni siquiera durante el verano. ¿Se ha puesto un precio sobre lo que significa para las comunidades un río de estos? Durante el verano las familias antes se bañaban, pero ahora por todo lado hay rótulos que advierten de los riesgos de operación, pues cuando la planta empieza a generar cae una cabeza de agua, lo cual implica riesgo de que la gente se ahogue”, añadió.

Además, el ambientalista calificó el canal como una “trampa mortal” para los seres vivos, pues según dijo animales como venados o tepezcuintles no pueden salir tras caer en él, incluso informó de la muerte de una persona.

Según la información en el sitio web, CONELECTRICAS R.L. ya inició la construcción de otro proyecto en la zona, el denominado PH Pocosol – Aguagata, el cual se ubica en San Isidro de Peñas Blancas, San Ramón, y ocupará las aguas de los ríos Peñas Blancas y Aguagata. Este proyecto fue posible gracias a una declaratoria de interés público y conveniencia nacional del expresidente Óscar Arias.

Erick Rojas, gerente general de CONELECTRICAS R.L., indicó que esa empresa realiza estudios constantes de monitoreo para determinar en el largo plazo la afectación ambiental del proyecto, los cuales según dijo hasta ahora han sido “satisfactorios”, e informó que además realizan acciones de reforestación y protección de cuencas.

Apuntó además que con el desarrollo del proyecto “se protegieron más de 90 hectáreas que actualmente están cubiertas de bosque y se reforestaron 20 hectáreas con cerca de 5.000 árboles”. Además destacó que la empresa ha invertido “importantes recursos financieros en ayudas directas a las ASADAS locales, favoreciéndose con esto la disponibilidad de agua potable a las comunidades directas y vecinas”.

Añadió que el proyecto “ha impactado positivamente” en las comunidades aledañas y citó iniciativas llevadas a cabo por la empresa, como apertura de caminos y otras vías de comunicación, ayudas a proyectos comunales, alumbrado y arreglos de canchas deportivas.   Todo lo cual “ha generado que las comunidades vecinas hayan manifestado su agradecimiento a través de cartas de asociaciones comunales y otras agrupaciones vecinales”.

UNIVERSIDAD también buscó la posición de la CNFL sobre el desarrollo del PH Balsa Inferior, sus consecuencias ambientales, afectación a las márgenes del río y demás. Aunque en un principio la oficina de prensa informó que la gerencia de la institución estudiaba las preguntas de este medio, al cierre de edición se informó que no las contestarían pues preferían organizar una visita al proyecto.

Según información publicada por el diario La República, el costo total del proyecto es de $105 millones, y que los inversionistas de BN Valores, del Banco Nacional, aportaron $30 millones. Se supone que la planta hidroeléctrica tendrá una capacidad de 37,5 megavatios, lo cual serviría para abastecer unas 40.000 viviendas.

La CNFL asegura en su sitio Web que realiza monitoreos biológicos constantes para llevar el pulso de las especies de flora y fauna que habitan en el sitio, donde destaca la presencia de 37 especies de fauna consideradas en peligro o en vías de extinción.

Aunque este proyecto aún está en fase de construcción, Méndez criticó que las márgenes del río ya fueron “totalmente alteradas”, lo cual según dijo es “muy peligroso”, pues se desborda cuando se da una crecida del caudal del río, o “llena”. También denunció que “un buen tramo del río quedará sin agua porque será conducida por túneles hasta la casa de máquinas”.

 


 

¿Nuevo proyecto en Chachagua?

La comunidad de Chachagua pertenece al cantón de San Ramón de Alajuela, pero queda muy cerca de La Fortuna de San Carlos. Hace varios años la empresa Hidroeléctrica Chachagua pretendió construir una hidroeléctrica, pero el proyecto nunca se llevó a cabo.

Mauricio Álvarez, del programa Kioscos Socioambientales, tras reiterar que en esta zona se da una de las mayores concentraciones de proyectos hidroeléctricos, se refirió al temor que crece en la comunidad de que se reactive esa iniciativa: “Los vecinos detectaron que alguien comenzó a comprar tierras y en las comunidades se corrió la voz, pero aún no está claro quién está detrás”.

“El río Chachagua es parte de esa cuenca y de ese conflicto en el que la gente de pronto pierde el acceso al agua y se encuentra con los ríos privatizados”, afirmó.

Añadió que en la zona se han dado “gran cantidad” de estos proyectos, “que no benefician a las comunidades”. Por ello aseveró que “no es de extrañar que ya esas comunidades no quieran este tipo de proyectos, pues han visto la lógica de esta actividad en otros sitios, donde el beneficio que obtienen es a muy poco corto plazo con algunos empleos en la parte de construcción y después  socializan todos los impactos en las comunidades y la privación del recurso”.

Ante la pregunta de cómo se asegura el consumo energético a futuro, Álvarez expresó que “siempre la discusión se centra en la oferta y no bajar el consumo, que puede reducirse en verano hasta en un 4% pero no se implementan medidas educativas de la población este sentido”.

El ambientalista además lamentó que la producción eléctrica “se convirtió en un fin en sí mismo, se piensa como un negocio”.

Durante la manifestación realizada sobre las aguas del río Chachagüita -a la que acudieron unas 250 personas, en su mayoría estudiantes-, Ligia Jiménez, vecina con diez años de vivir en la comunidad de Chachagua, manifestó su preocupación ante la proliferación de proyectos hidroeléctricos, en primer lugar por lo que consideró una alta sismicidad de la zona.

“Nos preocupa la posibilidad de que en un evento sísmico se produzca un daño como una ruptura de alguna represa, pues estaríamos sujetos a un gran peligro”, acotó. Además, la ciudadana apuntó que “la destrucción no es reversible, queremos agua para los que vienen, yo ya voy de salida pero pienso en mis nietos”.

Jiménez dijo ser originaria de Alajuela, donde “hemos visto morir ríos como el Virilla o el Siquiares, los ríos están hediondos y muertos por contaminación como la de la broca del café”.

Tras denunciar que los proyectos hidroeléctricos “vienen a represar lo sano y lo limpio” y enfatizar que “lo que entregamos es el pan y la salud de los que no han nacido”, la mujer sentenció que “hay que decidir de parte de quién se está, los billetes son muy tentadores, pero no dan vida, no se comen ni se beben”.

La ciudadana detalló que se mudó a la zona precisamente por la riqueza natural, “pues sé perfectamente que muchas enfermedades están ligadas a la destrucción de la naturaleza y al hacinamiento”.

Añadió que “hay momentos en la vida en que uno tiene que decidir si se queda pasivo o forma parte de una lucha, veo a estos niños de colegio y sé que yo no voy a sufrir lo que a ellos les tocará dentro de diez años cuando todo esto se seque”.


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