Científicos alemanes: Estudian amenaza sísmica

En el «Sonne» no falta el sol, porque el nombre con que bautizaron a este barco significa eso mismo en alemán. Los científicos que

En el «Sonne» no falta el sol, porque el nombre con que bautizaron a este barco significa eso mismo en alemán. Los científicos que viajan en la embarcación, que proviene de la Universidad de Kiel, en Alemania, se encuentran frente a Puerto Caldera, en Puntarenas, realizando investigaciones geológicas, sismológicas y vulcanológicas.

No es la primera vez que visita el país, pero este año los investigadores iniciaron el proyecto «Volátiles y fluidos en zonas de subducción: retroalimentación del clima y mecanismo disparador de desastres naturales», que desarrolla en conjunto con el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) y la Universidad de Costa Rica (UCR).

El objetivo del proyecto es estudiar las zonas donde se unen las placas Coco y Caribe, frente a las costas del Pacífico de Costa Rica y Nicaragua, donde circulan fluidos y materias volátiles. Estos procesos están relacionados con el clima en la Tierra, la evolución geoquímica de la hidrosfera y la atmósfera y con las causas de los desastres naturales.

Para emprender esta investigación cuentan con un presupuesto de alrededor de $5 millones, financiados por el Gobierno de Alemania y el Instituto de Investigaciones Geomar, de la Universidad de Kiel. El acuerdo duraría cinco años y eventualmente puede ser renovado.

 

TEMA DE PRIORIDAD

En una visita realizada el pasado 20 de abril al barco, los encargados explicaron los aportes del estudio. Participaron Andrés Papenhagen, capitán del Sonne; Guillermo Ruiz, presidente del Instituto Costarricense de Puertos del Pacífico y el embajador de Alemania, Friedrich Gröning.

También los acompañaron Pablo Cob, presidente del ICE y Guillermo Alvarado, coordinador del Area de Amenazas y Auscultación Sismovolcánica del ICE y profesor de geología en la UCR.

Como recordó el capitán Papanhagen, desde 1991 el ICE y la UCR participan en estudios similares, que han generado datos relevantes para elaborar estudios geológicos y de amenaza sísmica, para los proyectos de generación eléctrica y la infraestructura del ICE.

El embajador alemán planteó preguntas críticas con respecto a los fines de las investigaciones científicas que se realizan en el ámbito global, por ejemplo: ¿se fijan en la investigación científica las prioridades correctas o nos dejamos llevar por determinadas modas?

«Ciertamente estudiar las amenazas que causan problemas climatológicos o desastres naturales, como en este proyecto, debe ser una prioridad. No es un lujo, son temas que nos conciernen a todos y que son vitales para la supervivencia de muchos seres humanos.»

ESCUCHAR A LA TIERRA

En esta etapa de la investigación se han generado datos muy detallados y también se destacó el aporte de la Escuela Centroamericana de Geología, de la UCR.

Guillermo Alvarado dijo que, por ejemplo, hay rocas que se  son estudiadas en Alemania para determinar cómo se formaron y cuál es la relación que tienen en la incidencia de los sismos. Agregó que la UCR ha aportado con la participación de geólogos en los estudios.

El ICE, por su parte, está involucrado por los proyectos hidroeléctricos y geotérmicos que se ubican cerca de volcanes activos. Consiste en instalar 15 estaciones sismológicas en la tierra, y 25 en el mar, para entender por qué se generan sismos y cómo se pueden prevenir.

«Se trata de determinar cuándo y en qué zona esperar un fuerte movimiento sísmico,».

En el Sonne, construido en 1969, viajan 25 científicos y 30 personas que forman la tripulación. Uno de los investigadores, el biólogo Heibo Sahling, junto con Germán Leandro, que colabora con el ICE, guiaron el recorrido a través del barco.

Los sismómetros del fondo oceánico -en forma de grandes boyas- son los instrumentos que conforman las estaciones por instalar y son capaces de detectar las fricciones de la tierra. El movimiento del fondo marino se registra en un sensor y luego se transmiten las señales acústicas a computadores en el centro de información.

Además, se cuenta con un sistema «multi-beam», que consiste en cien sonares ubicados en el casco del barco, que barren el fondo oceánico y envían ondas que son interpretadas con un software especial. Este sirve para mostrar la estructura del suelo del mar.

Los investigadores pueden usar una cámara filmadora gigante, que pesa aproximadamente 1 tonelada métrica y costó unos $200.000, según Sahling. Esta rueda por el fondo oceánico, se maneja desde el barco y permite ubicar organismos vivientes, como bivalvos y gusanos que se acumulan entre las placas tectónicas.

Meteor es el otro barco que llegará al país en setiembre, según dijo su capitán, Michael Berkenheger.

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