Cifras son insuficientes para contar agresiones a mujeres

San José fue escenario de una marcha para exigir un alto a la violencia contra las mujeres en la que participaron incluso autoridades del

San José fue escenario de una marcha para exigir un alto a la violencia contra las mujeres en la que participaron incluso autoridades del gobierno.

Al recordar el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el 25 de noviembre, es usual que numerosas publicaciones enumeren las denuncias por violencia domésticas o femicidios ocurridos en el país.

Los datos son alarmantes: hasta septiembre pasado, 15 femicidios habían sido cometidos en el país durante 2014. La información también lleva a preguntarse por aquellas agresiones que no son contabilizadas, porque la violencia contra las mujeres se extiende más allá de lo determinado como tal por la ley costarricense.

Recientemente, grupos civiles y mujeres víctimas de otros tipos de violencia han alzado la voz para hacerlos visibles y crear conciencia en la sociedad de su existencia.

ACOSO DE CADA DÍA

Quizás uno de los más cotidianos y, por tanto, de los más normalizados es la agresión callejera. El acoso que sufren la mayoría de las mujeres diariamente al salir a la calle es un tema que muchas mujeres están peleando por poner en el foco de la discusión recientemente.

Tatiana Saprissa es la administradora de “¿Piropos o Acoso ?-CR”, una página en Facebook que nació precisamente con el objetivo de denunciar el tema del acoso callejero y posicionarlo en el imaginario costarricense como una agresión hacia las mujeres.

Saprissa comenzó el grupo con su compañera de trabajo Carolina Bell a partir de la molestia de ambas, que siempre discutían sobre lo incómodas que se sentían luego de su trayecto hacia la oficina. Según afirma, su primer paso fue averiguar entre abogados si existía alguna ley que las amparara al respecto; ante la negativa, decidieron que el primer paso era la concientización.

DEL ESPACIO PÚBLICO AL PRIVADO

Mucho menos fácil de identificar que el acoso callejero es un tipo de violencia que apenas está comenzando a ser estudiado en el país: la violencia obstétrica.

Esta se da en lo interno de hospitales y consultorios donde asisten las mujeres en su proceso de embarazo, parto y post-parto; pasa primordialmente por la anulación de la mujer como sujeto y el abuso de la posición de poder del profesional en salud.

En otras palabras, la mujer se ve disminuida y hasta infantilizada y en una situación tan personal como lo es su embarazo, se ve desplazada de la potestad de tomar sus propias decisiones.

Gabriela Arguedas, farmacéutica y especialista en bioética, es una de las personas que ha comenzado a estudiar el tema en el país. “La violencia obstétrica puede expresarse a través de conductas distintas: con maltrato físico, verbal, infantilización de la mujer embarazada, revictimización…”.

NORMALIZACIÓN Y SILENCIO

Para Saprissa, el miedo es lo que impide a muchas mujeres denunciar su situación. Ya sea ante un acoso laboral, violencia psicológica o el mismo acoso callejero ante el cuál ella alza la voz. Revisando los comentarios en su página donde las mujeres opinan sobre el tema, es común ver repetirse las palabras “vergüenza” y “frustración” para describir lo que sienten cuando hombres les gritan en la calle.

Según Arguedas, la violencia contra las mujeres está tan naturalizada que por eso no se visibiliza y se asume como algo normal. Con la violencia obstétrica específicamente, afirma que ha pasado lo mismo dentro del aparato institucional médico, donde también está normalizada.

“Las mujeres hemos sido socializadas para obedecer, para tener miedo, para no denunciar, para sentirnos siempre culpables. Imaginate cómo una mujer va a responder desde esa socialización cuando está siendo regañada por un médico o una enfermera, cuando le están diciendo que si no colabora es una mala madre, cuando le están diciendo que no se queje durante la sesión porque ‘bien que si disfrutó cuando estaba teniendo relaciones sexuales”, explica.

La violencia obstétrica en muchas ocasiones trasciende también el plano psicológico y se relaciona con casos de mala praxis que ocasionan a las mujeres traumas y daños físicos permanentes.

Ante estas agresiones la mayoría de las mujeres se quedan paralizadas, porque en ese momento están siendo vulnerables ante sujetos que más bien deberían ser de su total confianza como lo son los médicos y enfermeros. Es algo similar a lo que sucede en el ámbito doméstico, cuando el agresor es la pareja, la persona que debería estar ahí para acompañar.

CONCIENCIA ANTES QUE LEGISLACIÓN

Tanto en estos casos mencionados como en otros de agresión normalizada ¾como lo son el acoso y la discriminación laboral, la penalización del micro-tráfico de drogas, la falta de información sobre planificación que llevan a embarazos no deseados¾ reflejan la necesidad de concientizar antes que crear más legislación al respecto.

Con respecto al acoso callejero, en el 2005 hubo un intento de impulsar una ley que lo penalizara; sin embargo, fue rechazada. Actualmente, una mujer solo podría verse amparada por la ley si el acoso involucra contacto físico y cuenta con testigos que confirmen su versión.

En cuanto a la violencia obstétrica, que por las graves secuelas que puede dejar en las mujeres es un tema mucho más delicado, Arguedas afirma que no se va a resolver solo con un instrumento de orden legal. “Puede ayudar, hay que discutirlo, pero principalmente se requiere un cambio de orden cultural. El cambio pasa por replantear la forma en que se construyen las relaciones entre profesionales de salud y pacientes”, explicó.

Arguedas asegura que el primer paso es que las mujeres no permanezcan como víctimas, sino que se atrevan a contar su historia para denunciar a sus agresores, y que otras mujeres no tengan que pasar por lo mismo.

Para Saprissa, esto es importante también porque muchas personas, y en especial los hombres, no entienden la dimensión de lo que viven diariamente las mujeres, por lo que contar estas historias les va a permitir identificarse más con las situaciones y reconocerlas más allá de las pocas cifras registradas que tenemos en el país.

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