Crisis de seguridad alimentaria sigue latente

Un año depués, la crisis financiera mundial y la pandemia de gripe AH1 N1 parecen haber enviado este tema al baúl de los recuerdos.

El año pasado, el planeta se estremeció con el anuncio de que una crisis de seguridad alimentaria amenazaba al mundo entero.

Un año depués, la crisis financiera mundial y la pandemia de gripe AH1 N1 parecen haber enviado este tema al baúl de los recuerdos. Pero, ¿desapareció realmente la crisis de alimentos?

La alerta por el aumento en los precios de los alimentos, y su eventual escasez, se anunció a inicios del 2008 ante un incremento en las cotizaciones internacionales de varios granos básicos.

Este aumento estaba relacionado con varios factores, como el incremento en los precios del petróleo, el efecto del cambio climático, el aumento de la demanda en países de grandes poblaciones como China e India, así como el uso de granos para producir agrocombustibles.

La crisis también fue resultado de las recomendaciones que han hecho los organismos financieros internacionales durante los últimos 20 años, cuando sugirieron a los países pobres importar los granos básicos producidos por los países más desarrollados, los cuales otorgan importantes subsidios a los productores y pueden lograr precios más bajos.

De hecho, hasta la década de 1980 Costa Rica cubría la totalidad de sus necesidades y exportaba excedentes. Ahora, produce la mitad de lo que consume e importa el resto.

Según cálculos del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), Costa Rica solo produce el 48 % del arroz que consume y un 25% del maíz blanco y frijol.

Cuando se conoció la noticia sobre la crisis, Costa Rica, al igual que la mayoría de países en el mundo, tomó medidas para enfrentar la coyuntura.

El Ministerio de Agricultura y Ganadería ejecutó un Plan Nacional de Alimentos, el cual combinó iniciativas públicas y privadas para enfrentar la crisis alimentaria mundial.

Por su parte, el Instituto de Desarrollo Agrario (IDA) rompió su tope presupuestario y destinó ¢18.500 millones al Plan Nacional de Alimentos.

El programa del IDA estuvo dirigido principalmente al autoconsumo y realizó con éxito entrega de semillas, fertilizantes, infraestructura, financiamiento al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y créditos a través de la Caja Agraria, según precisó a UNIVERSIDAD la gerente general del IDA, Annie Saborío.

Saborío explicó que ”como parte del Plan Integral de Alimentos, el IDA ha repartido a los campesinos costarricenses semillas híbridas de arroz, frijoles y maíz”, lo cual les ha permitido enfrentar la crisis.

LA CRISIS CONTINÚA

Aunque los precios de los alimentos han bajado desde el año pasado, la crisis alimentaria continúa en medio de la actual turbulencia económica global, la cual provocaría que, en cualquier momento, pudiera suscitarse una nueva crisis.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) desarrolló un índice para medir los precios de los alimentos con base en las cotizaciones internacionales de carne, lácteos, cereales, azúcar, grasas y aceites.

De acuerdo con este índice, en abril pasado el promedio de los precios de los alimentos básicos estaba ligeramente más arriba en comparación con los precios de hace dos meses, pero bajó un tercio en relación con junio del año pasado.

En este contexto, el director de Relaciones con Estados Unidos del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA), Allan Jury, declaró el pasado 7 de abril: «Ahora, las crisis económicas y financieras a nivel más amplio capturan mucho la atención, pero francamente la vulnerabilidad de las personas que sufren hambre es igual de grande este año».

De acuerdo con  declaraciones brindadas por Jury a la agencia noticiosa Reuters: «sólo porque los precios de los alimentos hayan bajado eso no significa que la crisis terminó».

Jury recordó que «el mundo hizo un esfuerzo extraordinario el año pasado. Muchas operaciones de alimentos para el PMA duplicaron las donaciones en casi $ 5.000 millones. Asegurarnos de que eso continúe el 2009, cuando la necesidad es igual de alta, es un gran desafío».

Por su parte, el Director General del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), Chelston Brathwaite, aseguró a UNIVERSIDAD que la crisis alimentaria no se ha superado y quienes se ven más afectados con ella son los habitantes más pobres del planeta (Ver recuadro (“La crisis de seguridad alimentaria no de producción, es de acceso”).

CAMBIAR LA FORMA DE “ADMINISTRAR” EL MUNDO

Un reciente informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), presentado durante la Cumbre del Medio Ambiente de la ONU realizada en Kenya en febrero pasado, advirtió que otra crisis mundial de alimentos, peor que la de 2008, podría volver a ocurrir en los próximos años si el mundo no cambia la forma en que produce, maneja y elimina los alimentos, la escasez de agua, la erosión y la introducción de especies.

En su informe, el PNUMA alertó que los precios de los alimentos podrían aumentar entre un 30 y 50% en la próxima década afectando principalmente a los que viven en extrema pobreza.

El documento precisó que el drástico aumento de los precios del año pasado ha sumido a 110 millones de personas en la pobreza.
De acuerdo con las proyecciones, para el año 2050 al menos un 25% de la p   roducción de alimentos podría perderse a causa de problemas con el medio ambiente.

El estudio sugiere que se reciclen los desechos de alimentos y se usen nuevas tecnologías para la producción de los biocombustibles. «Debemos lidiar no sólo con la manera en la que el mundo produce los alimentos, sino también con la manera en la que los distribuye, vende y consume, y necesitamos una revolución que aumente el rendimiento al trabajar junto a la naturaleza, en lugar de actuar en su contra», aseguró el consejero delegado del PNUMA, Achim Steiner.

De acuerdo con Steiner: «hay evidencias en el informe de que el mundo podría alimentar a toda la población proyectada mejorando la eficiencia y garantizando la supervivencia de animales salvajes, aves y peces en todo el planeta».


Chelston Brathwaite:

“La crisis de seguridad alimentaria no es de producción, es de acceso”

El Director General del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), Chelston Brathwaite, conversó con UNIVERSIDAD sobre la perspectiva de la crisis alimentaria mundial que sacudió al mundo el año pasado.

En criterio de Brathwaite, quien se ha dedicado a estudiar con atención el tema, la crisis de seguridad alimentaria ha tenido sus principales efectos sobre los pobres pues no se trata de una crisis de producción, sino de una crisis de acceso.

Brathwaite también considera que, pese a que se ha experimentado una rebaja en los precios de los alimentos, la crisis alimentaria no ha terminado y más bien la humanidad se enfrenta a uno de los círculos viciosos del modelo de desarrollo actual.

El año pasado, el mundo entró en alerta ante una presunta crisis alimentaria mundial que incidiría en escasez de ciertos alimentos (como granos básicos) y el aumento de precios de otros. En su criterio, ¿cuál fue el efecto real de esa crisis?

-A inicios del 2008 hubo una conjunción de fenómenos que se dio en llamar “una tormenta perfecta”: un crecimiento acelerado en los precios de los productos básicos, bajos inventarios mundiales y una demanda creciente impulsada por tres vectores: el gran crecimiento de la demanda de China e India, la demanda de granos para producir biocombustibles e inversiones especulativas en los mercados de futuros.
Los efectos de esa crisis fueron diferentes en los distintos países. Los precios altos de los principales commodities agrícolas beneficiaron temporalmente a los países exportadores de dichos productos. 
Pero, estos países vieron rápidamente elevar sus costos de producción por un crecimiento más dinámico de los precios de los insumos, en particular de fertilizantes y energía.
Entre tanto, los países importadores netos se vieron más expuestos a una situación de vulnerabilidad. Recordemos que los productos de la franja tropical no experimentaron el boom de precios.
Así, la mayoría de los consumidores del continente y productores de la pequeña escala se vieron más expuestos a la escasez y a los altos precios.

¿A quién afectó más la crisis alimentaria?

-Lo anterior puede ser un análisis correcto sobre quién ganó o quién perdió más, pero déjeme enfatizarle que la crisis tiene sus efectos más importantes sobre los pobres.
La crisis de seguridad alimentaria no es una crisis de producción, es una crisis de acceso.  Si no se ataca la pobreza, no se resuelve el problema alimentario.

Meses después de la crisis de precios de alimentos, comenzó a hablarse de la crisis inmobiliaria en Estados Unidos y luego de la crisis financiera mundial, lo que trasladó el tema de la crisis alimentaria a un segundo plano en la agenda internacional.  ¿Por qué se dio esto?

-Efectivamente, en el último trimestre de 2008 tendieron a bajar los precios de los alimentos y de los derivados del petróleo, pero se presentó el escenario más complicado de una crisis financiera que repercutió en el sector real con una recesión económica, y cuyos efectos hacen recordar los días de la depresión de los años 30, claro que ahora en un mundo más interdependiente y globalizado.
Es posible que la reciente rebaja en los precios de la energía y los alimentos nos lleve a la conclusión equivocada de que los retos que enfrentamos en el 2008, debido al rápido aumento en el precio de los alimentos, han finalizado y podemos volver a la normalidad.

Entonces, en su criterio ¿la crisis de seguridad alimentaria no ha finalizado?

-Estoy convencido de que nuestros problemas de seguridad alimentaria no han terminado y que la reciente disminución en los precios de los alimentos no es sino un reflejo de la turbulencia de los mercados internacionales y una menor demanda asociada a la reducción de la actividad económica global.
Debemos recordar que los problemas a los que se atribuyó la crisis de precios de los alimentos del año pasado (sequía, biocombustibles, altos precios del petróleo y reservas de granos reducidas) no han desaparecido y más bien pueden empeorar en el futuro.
La recesión está reduciendo los ingresos y el empleo en las economías de los países desarrollados, lo cual causará impacto en la demanda mundial de alimentos y contribuirá a bajar los niveles de inversión en el sector agrícola. Estamos frente a uno de los círculos viciosos del modelo de desarrollo actual.

Con la noticia de la gripe AH1 N1 sumada a la crisis financiera, ya casi nadie habla ni se acuerda de la crisis alimentaria. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Era una crisis real o se logró detener a tiempo?

-Siempre hay una tentación de pensar en el corto plazo.  Pero hoy es más importante que nunca pensar en el largo plazo. ¿Por qué?  Por razones tan fuertes como que en el año 2050 habrá que producir el doble de los alimentos que produce el planeta hoy, pero habrá menos tierra disponible y menos agua.
Otra razón fundamental es el cambio climático, el cual impactará la estructura de producción agrícola y cuyos efectos más fuertes se sentirán en los países tropicales y en las zonas costeras, que son las áreas donde se encuentra la mayor pobreza.
Se mantendrá, por otra parte, la presión sobre los combustibles, que conlleva una competencia por los recursos para la producción de alimentos. No, el problema no está para nada resuelto.

¿Fueron eficaces las medidas tomadas por los países para disminuir la crisis alimentaria?

-Le reitero que hoy se necesita pensar de una manera diferente. Para que el mundo pueda tener seguridad alimentaria debe revalorizar un sector al cual le ha dado la espalda en las últimas tres décadas. La agricultura debe ser el eje de un nuevo modelo de desarrollo.
Necesitamos un modelo que valore la contribución clave de la agricultura multidimensional y de la economía rural al desarrollo integral, por su aporte a la seguridad alimentaria, la seguridad energética, el suministro de agua, la generación de empleo, la preservación del medio ambiente y la provisión de paz y estabilidad sociales.
Cada vez que tengo oportunidad de hablar con políticos y tomadores de decisión aprovecho para insistir en que la seguridad alimentaria debe convertirse en parte fundamental de la planificación del desarrollo y debe estar vinculada a las políticas del desarrollo agrícola, que son parte de las metas de desarrollo nacional.
En otras palabras, los temas políticos relativos al desarrollo agrícola y la seguridad alimentaria no deben limitarse a la gestión sectorial, ya que deben formar parte de la Política de Desarrollo Nacional.

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