Defensoría de los Habitantes: Hospitales están obligados a informar a pacientes ante brotes de bacterias

Los hospitales y centros de salud de todo el país están en obligación de informar expresamente a sus pacientes y visitantes cuando hay una

Los hospitales y centros de salud de todo el país están en obligación de informar expresamente a sus pacientes y visitantes cuando hay una situación de riesgo, como lo fue el  brote de la bacteria Clostridium difficile, que tuvo el hospital Monseñor Sanabria de Puntarenas durante este año.

Este es el criterio del director del área de Calidad de Vida de la Defensoría de los Habitantes, Juan Manuel Cordero, para quien es un deber de las autoridades de salud informar sobre la situación particular y no solo tratarla como un asunto de “lavado de manos”.

UNIVERSIDAD dio a conocer  la semana anterior que el mencionado hospital ha tenido 51 personas infectadas con la bacteria Clostridium, de las cuales 22 han muerto y aún no se ha determinado si la infección fue la causa principal de los decesos.

La Dirección del hospital asegura que desde el inicio ha brindado capacitación e información a su personal, pese a que médicos y trabajadores de limpieza se quejan de haberse enterado de la situación hasta hace un par de semanas.

Mientras tanto, los últimos en enterarse fueron los pacientes, familiares y visitantes, quienes hasta el día de hoy siguen sin recibir las advertencias concretas sobre la presencia de la bacteria.

En un comunicado emitido la semana anterior, el doctor Roy Wong, de vigilancia epidemiológica de la Caja Costarricense de Seguro Social, dijo que en condiciones normales es esperable que puedan  llegar a darse entre cuatro a seis casos de Clostridium por mes en Puntarenas; sin embargo, en febrero, marzo y setiembre se superaron esas cifras, y los pacientes y visitantes nunca fueron advertidos de la situación.

DERECHO A LA INFORMACIÓN

Cordero, de la Defensoría de los Habitantes, aseguró que la Ley de Derechos y Deberes de los Pacientes es “clarísima”, sobre la obligación de informar a todo el personal y a la comunidad, cuando se presentan situaciones que pongan en riesgo la salud, como lo fue este brote.

“Deben tomarse todas las medidas de información para adoptar las precauciones necesarias, tanto para los pacientes que están haciendo uso del internamiento, como de los pacientes que utilizan el servicio de consulta externa”, agregó.

Pese a que las infecciones en los hospitales son un asunto constante y difícil de erradicar, Cordero señaló que no se pueden manejar como un asunto “normal”, pues la presencia de bacterias provoca “un alto índice de complicación” en la salud de los pacientes, independientemente de si se convierta o no en la causa principal de las muertes.

Acerca de las “campañas de lavado de manos” que han mencionado las autoridades de la CCSS y del hospital como argumento de defensa, el funcionario consideró que pueden ser positivas, pero “insuficientes” en casos como estos.

“No es lo mismo las medidas ordinarias sanitarias, que una medida ante un riesgo a la salud tan inminente como es este. Las medidas tienen que ser extraordinarias y todavía ser más acuciosos en su observancia. La información que está recibiendo el usuario de los servicios está muy sesgada”, cuestionó.

En una nueva visita que realizó este Semanario al hospital de Puntarenas el pasado 1 de diciembre, fue posible constar que en el servicio de emergencias no existe ningún letrero o mensaje que se refiera a la infección por Clostridium, mientras que en la zona de Farmacia solo se pudo observar un afiche sobre el dengue.

“SE ESTÁ ANALIZANDO”

La gerente Médica de la CCSS, María Eugenia Villalta, aseveró que cuando se produjo el “pico” en el brote de Clostridium en Puntarenas, se realizó una visita y se dejaron recomendaciones para el centro médico.

“Todo el año se ha venido analizando el comportamiento y en este momento se están analizando los expedientes de las personas fallecidas para determinar cuál fue la causa”, afirmó.

Respecto al manejo de la información a los pacientes y visitantes, Villalta sostiene que están “haciendo un análisis general”, para determinar si hubo problemas en la comunicación de este evento, y en la educación tanto para el personal del hospital como para los pacientes.

“Siempre tenemos que estar educando a la comunidad cuando visita  los hospitales, sobre el lavado de manos y las enfermedades como esta, que se pueden transmitir. Creemos que debe fortalecerse  la comunicación y que debió haberse fortalecido”, respondió.

Haydé Silva, paciente que recién fue dada de alta tras 15 días de internamiento por asma, contó a UNIVERSIDAD que dentro del centro médico siguen sin dar información a los pacientes sobre las infecciones por Clostridium y los cuidados que deben tener.

“Ahí nadie dice nada; más bien hay gente del hospital que se burla diciendo: ustedes no se van a morir de la bacteria sino del susto, eso fue en septiembre y ya pasó. Dicen que van a dar capacitaciones a la gente, pero al final no han hecho nada”, criticó Silva.

Tras conocerse la noticia de este brote, los alrededores del Hospital de Puntarenas lucen mucho menos concurridos que hace una semana, pues −según taxistas, vendedores y “cuida carros”− la preocupación por una posible infección alejó a muchos de los usuales visitantes.

Esta preocupación también la tienen quienes ofrecen servicios funerarios en los alrededores del hospital. Una de las encargadas, que prefirió no ser identificada por temor a represalias por parte de las autoridades del centro médico, reveló que en su negocio reciben al menos una persona por semana y su cuerpo es entregado en una “bolsa sellada”, sin más explicación de parte de los médicos.


Víctima de Clostridium difficile:

«Me entregaron el cuerpo de mi madre en una bolsa sellada»

Ernesto Rivera

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Doña Carmen Araujo Castillo, de 64 años de edad, fue una de las 22 personas que fallecieron luego de contagiarse con la bacteria Clostridium difficile durante su internamiento en el Hospital Monseñor Sanabria de Puntarenas.

Aunque las autoridades no le practicaron autopsia a su cuerpo para determinar si el deceso fue provocado por la bacteria o por su condición médica previa, su hija Katya Araujo aseguró que en el centro médico le entregaron el cadáver envuelto en una bolsa sellada herméticamente y le dieron instrucciones de no abrirla, ni practicarle vela; «me dijeron que la enterrara los más rápido posible».

Doña Carmen tenía un perfil clínico de riesgo para exponerse a una posibilidad de contagio con la bacteria, debido su edad y porque padecía de diabetes e hipertensión. Sin embargo, a la hora de internarse, a finales de abril, el hospital, ni ella ni sus familiares fueron advertidos de que se había detectado casos de Clostridium desde comienzos de año.

«Ella estaba muy bien; la interné porque se cayó en el baño y se dio un golpe muy fuerte. Estuvo cuatro días internada y luego me la llevé a mi casa, pero no estaba bien y regresó al hospital; allí le detectaron una infección en un pulmón y la internamos nuevamente», relató su hija Katya.

«En esa segunda internación ella se fue deteriorando día con día. A los ocho días la subieron a terapia intensiva y allí fue cuando me dijeron que se había contagiado con una bacteria».

«En realidad los médicos nunca me dijeron que se trataba de Clostridium; me enteré por un familiar mío que trabaja dentro del hospital», agregó.

Según Araujo, «ella estuvo 57 días internada, pero yo sentía que en el hospital ya no querían tenerla por la bacteria, que por eso me insistían en que me la llevara. Lo hubiera hecho, pero no sabía cómo manejarme en un caso de estos, así que comencé con un curso de adiestramiento para este tipo de casos».

«Al final la sacaron del área de Cuidados Intensivos y la pusieron en un cuarto de aislamiento. Ahí ella no aguantó mucho y a los dos días falleció», añadió.


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