¿Democracia en crisis? La falla está en los políticos, no en el sistema representativo

Pese a la podredumbre ética que ha atollado en los últimos meses a muchos políticos costarricenses involucrados en actos de corrupción, analistas consultados por

Pese a la podredumbre ética que ha atollado en los últimos meses a muchos políticos costarricenses involucrados en actos de corrupción, analistas consultados por este Semanario sostienen que el sistema de democracia representativa no está en crisis, sino más bien las personas nombradas como representantes y los grupos que ostentan el poder.

Es así como la debacle que vive el país por los actos de corrupción  conocidos recientemente por la ciudadanía, es culpa más bien de los partidos políticos, del clientelismo que generan, y de que dejaron de defender los grandes intereses de las mayorías a las cuales representan.

Lejos de ver el impacto de la corrupción como algo negativo para la institucionalidad, ellos consideran que esta coyuntura debe ser aprovechada por la ciudadanía para hacer un replanteamiento del accionar de las agrupaciones partidarias, el modelo de democracia que se desea, y la participación de cada individuo en la política nacional.

¿Está en crisis el sistema de democracia representativa mediante el cual unos pocos costarricenses deciden por la mayoría en las diferentes instancias de gobierno?

A este tema se refirieron Carlos Sojo, sociólogo y director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO); José Miguel Rodríguez, director de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica (UCR); José Carlos Chinchilla, sociólogo y decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional en Heredia (UNA); y Bernal Arias, abogado y politólogo de la UCR.

Arias, Chinchilla y Sojo, coincidieron en achacarle a la clase política el marasmo que han ocasionado los actos de corrupción, y solo Rodríguez culpó por ello al sistema de democracia representativa.

NO HAY CRISIS

Para el sociólogo de la UNA -José Carlos Chinchilla- el modelo costarricense de democracia no está en crisis, pues para que esto ocurra tiene que haber la ruptura de un continuo, y la situación política actual se vive desde hace bastantes años.

Recordó que fue con el gobierno de Óscar Arias, cuando los partidos políticos iniciaron una tendencia hacia el alejamiento. «Antes, los partidos políticos eran lugares de encuentro ideológico, donde la gente podía participar -en alguna medida- al interior de los partidos y que muchas de sus ideas o algunas, se concretaran a la hora de la gestión de gobierno».

A partir de aquel momento, el partido dejó de tener injerencia en el gobierno, de manera tal que dejaron de ser partidos ideológicos y se convirtieron en simples andamios políticos, electorales, lamentó Chinchilla.

¿Cuáles son las implicaciones de esta tendencia?  En su opinión, «en el momento en que el partido, que era un espacio para la política y para la gente que aspiraba a la política, deja de ser e influir en el gobierno, los partidos empiezan a perder vigencia y la representatividad se va deteriorando».

Recordemos -agregó el decano- que dentro de toda esta época de desarrollo de las ideas neoliberales, entre otras, se plantea la tesis del Estado mínimo, encubierto con criterios como el gobierno de los más aptos, la tecnocracia, y la técnica por encima de la política. En otras palabras, el político es sustituido por el técnico y en otros planos de la vida social, el ciudadano es sustituido por el consumidor.

En este contexto, Chinchilla estima que no hay crisis en el sentido estricto de que se está rompiendo o cambiando algo. «No existe eso. Lo que hay es el develamiento y la toma de conciencia por parte de la ciudadanía, de que efectivamente los políticos que han ejercido el gobierno y otros puestos, nunca han actuado en función de sus intereses, y aquí, en realidad lo que estamos es frente a una crisis de los políticos y no de la institucionalidad del Estado».

Según el sociólogo, esta diferencia y este proceso es precisamente lo que evita que en este momento «entremos en una situación anómica (sin normas) o de desestructuración social. Porque desde hace tiempo, como ciudadanos  venimos sospechando que los políticos no cumplen con el deber de representar nuestros intereses».

Así, añadió, «cuando sale a flote toda esta situación de corrupción, de trasiego de intereses, de ventajas económicas desmedidas y poco éticas, si hubiésemos creído que los políticos eran otro tipo de personas esto hubiera sido desastroso; pero, desde hace tiempo la gente no cree en los políticos. Entonces, lo que se hace es confirmar la tesis de que efectivamente no nos están representando».

DÉFICIT REPRESENTATIVO

Una tesis similar a Chinchilla y Arias esgrimió el sociólogo Carlos Sojo, quien afirmó que los problemas del país se dan porque hay una insuficiencia en la capacidad representativa de la democracia, un déficit en la representación, debido a que «el sistema político ha sido coptado por un círculo de intereses corporativos y sectoriales muy reducido».

Sojo criticó que «lo que hemos tenido es una especie de política profesional, en donde el propósito de los partidos es elegir personas para cargos públicos, y mantenerse la mayor cantidad de tiempo posible en el poder, ya sea en el Ejecutivo o en el Legislativo; pero, no se procura cumplir con el tema de la representación de los intereses sociales».

Por su parte, el politólogo y abogado Bernal Arias, explicó que la deficiente calidad de los representantes políticos es un problema que deviene «de las dificultades y desequilibrios que padecen los partidos políticos, en el entendido de que los procesos de selección a lo interno no son del todo satisfactorios».

Al respecto, instó a «producir cambios urgentes para que lleguen los mejores cuadros y personas.  Si a esto se suman las listas cerradas y bloqueadas, es decir, se vota por «bandera», dando un fenómeno de voto por arrastre y no por nombres o de selección múltiple, ello conspira contra el elector y contra el sistema mismo».

En cuanto al debate de si debe primar la democracia representativa o la participativa directa, Arias planteó que «una no es antítesis de la otra;  perfectamente pueden convivir indexando al primer sistema elementos o dispositivos de democracia semidirecta, como referéndum, plebiscito, iniciativa popular, revocatoria de mandato, etc., lo cual no se han podido poner en práctica por virtud de que la clase política no ha aprobado las leyes que desarrollan la reforma constitucional, claro ejemplo del miedo por la pérdida de control de las decisiones que se depositan por consulta directamente al pueblo».

FALLAS DEL SISTEMA

Por otro lado, el director de la Escuela de Ciencias Políticas de la UCR -José Miguel Rodríguez-, al atribuirle las debilidades al sistema representativo, aseveró que esto «no es un problema de personas, sino que el sistema ha sido desbordado por las necesidades del país».

En este sentido, mencionó que una de las fallas es la exclusión de una gran cantidad de ciudadanos de los beneficios económicos; el empobrecimiento de la clase media, que siempre ha sido un factor de estabilidad política; la concentración de la riqueza que excluye a grandes mayorías; y la incapacidad de las instituciones jurídicas y políticas para atender las demandas de los ciudadanos.

Asimismo, sumó la corrupción y la falta de transparencia en el manejo de los asuntos públicos; y la incapacidad del Poder Ejecutivo de manejarlos con una orientación clara y definida, lo cual ha generado mucha indignación y protesta social.

«Obviamente también han fallado algunos de los ciudadanos que han traicionado la confianza de los costarricenses», dijo al aceptar que también un componente de la problemática proviene de la mala representación política.

Cabe mencionar que la citada Escuela de Ciencias Políticas y su programa de posgrado centroamericano elaboró recientemente un documento denominado «Ante la situación que atraviesa nuestro país», en el que recogen criterios de docentes y estudiantes en torno a las circunstancias sociopolíticas que vive Costa Rica.

En el documento se hace alusión a «la disfuncionalidad del propio sistema político nacional, el cual se haya desbordado por las crecientes necesidades y demandas».

De acuerdo con dicho análisis, la sociedad costarricense se encuentra fragmentada, con carencia de valores, de directrices y de líderes, con escepticismo moral y político, y con una confusión de la esfera privada con la pública, que «ha contribuido a configurar una sociedad anómica y sin dirección. Se trata de un barco sin capitán, sin carta de navegación y sin rumbo claro».

Advirtieron que «una clase política voraz e inconsciente, puede destruir un Estado y, por supuesto, puede destruir la convivencia democrática. Toda oligarquía degenera en una kakistocracia; es decir, en el gobierno de los peores».

Indicaron que «el llamado referendo de la calle» no es sino un producto de la incapacidad del sistema y de los gobernantes, de otorgar mecanismos de control político y de canalizar adecuadamente las demandas ciudadanas por la vía institucional».

ANTÍDOTOS

En vista de la difícil situación que enfrenta el país, los analistas consultados por UNIVERSIDAD recomendaron entre otras cosas, lo siguiente:

-Reformas para incorporar la cuota mínima del 50% femenina en las estructuras de los partidos políticos.

-Modificar el Código Municipal y el Electoral, para que las elecciones municipales se realicen con las elecciones nacionales.

-Apoyar al Ministerio Público y a otros órganos de fiscalización, para que los delitos por corrupción no queden impunes.

-Cambiar el concepto de participación ciudadana en la política nacional, con el fin de que escoger las mejores personas, darle seguimiento a su gestión y quitarlas cuando no cumplan con los intereses de sus representados.

-Transparencia y consecuencia por parte de los políticos.

-Procesos electorales internos y nacionales con escogencia abierta y directa de los votantes.

-Espacios deliberativos más pluralistas.

-Mejoramiento de la capacidad representativa de los partidos políticos.

-Legislar el reglamento del mecanismo de referendo, para poder utilizarlo como mecanismo de participación ciudadana.

-Ejercitar una visión de largo plazo en las políticas nacionales.

-Ver la política como un sistema fundamental en la organización del país.

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