Economista Wim Dierckxsens: “Redes financieras quieren apropiarse de la riqueza mundial”

Wim Dierckxsens: “Estamos ante una guerra económica, en la que incluso las potencias como la UE y Estados Unidos pueden estar en la mira”.

Wim Dierckxsens: “Estamos ante una guerra económica, en la que incluso las potencias como la UE y Estados Unidos pueden estar en la mira”. (Foto: Katya Alvarado)

El economista de origen holandés Wim Dierckxsens manifestó que la actual crisis económica -que podría llevar al mundo a una nueva recesión y cuyas consecuencias en los últimas días han sido muy notorias en el caso de la deuda griega-, es producto de una batalla global que el entramado financiero especulativo internacional libra en aras de hacerse con la riqueza real de las naciones.

El analista -con un doctorado en ciencias sociales de la Universidad de Nimega, Holanda, y un postgrado en demografía de la Sorbona de París- se refirió a estos temas a raíz de la publicación de su más reciente libro “Siglo XXI: Crisis de una Civilización”.

El texto fue presentado el pasado 3 de noviembre, en un acto organizado por el programa Kioscos Socioambientales para la Organización Comunitaria, de la Vicerrectoría de Acción Social de la Universidad de Costa Rica (UCR), y la Escuela de Psicología.

Dierckxsens, quien además ha realizado una amplia carrera académica en Centroamérica, forma parte del Observatorio Internacional de la Crisis, del Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI).

 

¿Cómo analiza el contexto económico en el que se desarrolla la actual crisis griega y de la zona euro?

-El capital financiero tarde o temprano colapsa. Las estimaciones son que sus reclamos de ganancia suman de diez veces -según el Banco de Basilea- a 30 veces el producto mundial bruto, o tal vez más. Los especuladores no son idiotas, saben que su riqueza se esfuma. El que pierda será quien quede sólo con los títulos, pero quien con esos títulos logre hacerse de activos reales -como los recursos naturales y medios de producción- será el ganador de la batalla.

Mucho se alegraron medios como La Nación por el hecho de que Grecia convocó a un referendo;  las fuerzas especulativas buscan el desmoronamiento de la Unión Europea (UE) para poder acaparar los activos reales. ¿Cómo lo hacen? A través de la deuda, como lo hicieron en América Latina. Grecia tuvo alta calificación de riesgo y buen crédito, hasta el momento en que se decidió bajar esa calificación. Los mismos calificadores son parte de la red especulativa, te califican bien para que te endeudés, y luego te califican mal para que quebrés y poder hacerse con los activos.

¿De manera que los mismos que ponen la zancadilla, son los que cobran la deuda?

-Correcto, pero no es un proceso del todo homogéneo; no todos los bancos funcionan para el capital financiero global. En ese sentido ya no podemos hablar de Estados Unidos como país, sino que allí hay fuerzas que por un lado reafirman el sueño hegemónico de su nación, pero también otras adscritas a este capital financiero global que quiere un mundo de solo colonias -incluido Estados Unidos- y están dispuestos a acabar con el dólar y la Reserva Federal con tal de acaparar los activos reales. El capital especulativo es capital ficticio; el problema es cómo transformarlo en capital real antes del colapso del sistema financiero.

¿Entonces la deuda griega la paga no sólo el pueblo griego, sino también el alemán a través de los fondos de ayuda?

-Y la cadena es mucho más larga. Los principales bancos en Europa son alemanes y franceses;  aseguran los préstanos que emiten a través de productos financieros “derivados”, los llamados “Credit Default Swaps” (CDS), que son una especie de seguro en caso de que el deudor no pague. Pero la cadena se alarga, porque el asegurador también se quiere asegurar. Cuando la calificación de riesgo de un Estado baja, el interés al que le prestan dinero sube, por las dudas sembradas sobre su capacidad de pago. Entonces, en la red financiera hay empresas que aseguran el cambio en la tasa de interés, de manera que hay un mercado de derivados que es una especie de pirámide invertida de títulos, que todos reclaman sobre la riqueza real que cada vez se hace más chica.

Es decir, al igual que un campesino que se endeuda, el usurero en vez de pretender que pagará la deuda, más bien pretende que no la pueda pagar para hacerse con el bien prendado. El capital financiero global no busca quedarse con esos títulos que mañana se esfuman, sino cómo traducirlos en riqueza real; esa es la batalla en este momento.

Se habla entonces de la creación de un estado global sin fronteras y de una moneda global que no sea el dólar ni el euro, sino los derechos especiales de giro (DEG) del Fondo Monetario Internacional (FMI), que puedan manejar ellos independiente de algún Estado en concreto.

¿Apuntan entonces a la creación de un Estado paralelo global?

-Exactamente, un Estado sin fronteras ni ciudadanos no le rendirá cuentas de nada a nadie.

¿Sostener esa idea no es caer un poco en la marejada de teorías de conspiración?

-No, es teoría del valor. Incluso digo que no se trata de los banqueros como un solo cuerpo, sino que hay algunos de ellos especializados en los CDS, a quienes más interesa la especulación y en hacerse con los bienes reales. Por otro lado, hay bancos que se ocupan más del ámbito productivo, como la industria petrolera o el complejo industrial militar en Estados Unidos. De manera que hay bancos que están de un lado y del otro; no se trata de una conspiración.

Hay que recordar que el neoliberalismo surgió cuando se decidió acortar la vida útil de los bienes producidos, para que la gente consumiera más. Por otro lado, la competencia por tener tecnología de punta significó que el costo de la renovación tecnológica no podía ser compensado por una rebaja aún mayor en el costo del trabajo al emplear esa tecnología, de manera tal que ni siquiera se pudo mantener la mano de obra, entonces la taza de ganancia se desplomó.

Eso pasó en los años setenta, entonces el capital abandonó el ámbito productivo y comenzó el reparto del mundo, la globalización: en vez de hacer pastel, vamos a acaparar el pastel y todo lo que se consuma será producto nuestro.

A finales de los años 90 el pastel mundial estaba más o menos acaparado por los países centrales, el Norte del mundo. Comenzó la especulación, en los últimos años se da la burbuja inmobiliaria, se endeudaron los bancos y algunos quebraron, tuvieron que ser rescatados y ahora estamos ante Estados entregados. El capital especulativo financiero global en vez de disminuir aumentó mediante estos CDS. Es una guerra económica, en la que incluso las potencias como la UE y Estados Unidos pueden estar en la mira. Ya no es Estados Unidos contra Europa, sino el capital financiero que trata de quedarse con todo el poder.

¿Estamos entonces en la etapa en que los Estados nacionales buscan desprenderse de la voracidad del sistema financiero internacional?

-Correcto. Rusia, China y Brasil apoyan al euro porque ellos también son países en donde la economía real está en auge, pues durante el periodo neoliberal esa economía real se desplazó hacia esos países del llamado Sur, en busca de la mano de obra barata.

Si los globalistas logran romper la unidad europea y se quedan con los activos reales del planeta, tendremos un mundo tercermundizado, con trabajo semiesclavo y todas las formas de explotación a nivel planetario; ya no habría centro y periferia. La otra opción es que se está creando una alianza;  el bloque UE, China y Rusia puede sobrevivir a las tentaciones del capital especulativo global. Si se mantienen las alianzas, el capital especulativo global perdería la batalla y significaría el colapso de los bancos especializados en los CDS y demás.

Cuando se habla del capital especulativo global, ¿a qué instituciones o bancos se hace referencia?

-Barklays y el City Bank son los dos más grandes, pero hay más. Gane quien gane esta batalla  quedará en posición hegemónica. Es un escenario peor que el de la Guerra Fría; es una gran guerra de confrontación entre potencias.

En la ecuación entra la crisis ecológica; por eso digo que estamos ante una crisis de la civilización, en una gran transición. Hoy en día más del 20% de los recursos minerales son escasos, los precios van para arriba y América del Sur se beneficia. Ello se profundiza con las luchas contra la explotación de los recursos naturales, como la negativa indígena en Bolivia ante la construcción de una carretera o contra la mina de Crucitas en Costa Rica.

En ese escenario, si esos recursos son cada vez más escasos y por eso mismo se alarga la vida media de todas las cosas producidas, se invierte la racionalidad; para el consumidor no hay ningún problema, pero el capital vende la mitad, hay decrecimiento.

Hoy vemos que se avecina una rebelión por hambre; ya la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) lo advierte en el cono africano -Somalia, Etiopía, Eritrea-. En el norte de África tenían el sueño de migrar a Europa, pero esa posibilidad se ha cortado y tienen que ver cómo hacen en su propio país; eso politiza y por eso se advino la primavera árabe.  Vemos movimientos como los indignados en España u “Occupy Wall Street”. Este es un momento de rebelión, que puede radicalizarse. El capital financiero global puede apuntar hacia un caos -el efecto “shock” del que habló Naomi Klein-, para proclamarse salvadores y crear un sistema global con una moneda global.

En el escenario actual de la lucha entre el entramado financiero internacional y ciertos gobiernos, ¿qué se puede esperar de los movimientos de derecha en estos estados?

-Nacionalsocialismo. Hay clima para la polarización y clima para la rebelión. Se avecinan tiempos políticamente tensos.

¿Cómo se logra salvar a los pueblos y no a los banqueros es un tema de voluntad política?

-Desde la lucha de los pueblos. Sería bueno generalizar la herramienta del referendo -mañana España, pasado mañana Portugal- y que los bancos paguen la torta de sus propias irresponsabilidades. Pero no se puede aplaudir ciegamente la iniciativa del referendo griego, ya que esa iniciativa al mismo tiempo fue apoyada por el capital financiero global, pues pudo significar el primer paso en el desgranamiento de la UE.

América Latina debe saberse alinear en ejes políticos, como los liderazgos de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS, como les denominan en conjunto los analistas) o UNASUR. Es una buena alternativa para detener al capital financiero globalizado, que no logrará supeditar a bloques enteros.

Lo que temo es que los conservadores republicanos en Estados Unidos quieren salvar su viejo imperialismo con el Pentágono y demás. No les gusta la unión de la UE, Rusia y China, pues atenta contra su hegemonía, como tampoco la quieren los globalistas, porque también perjudica sus intereses. Parece que salen de Irak para dirigirse hacia Irán y así avanzar a Siberia, cortando físicamente China y Rusia y apoderarse de los recursos tan ricos de gas y petróleo. Es un escenario no muy a la vista, pero no imposible. Lo que está a la vista es la guerra económica, pero históricamente después de la guerra económica sigue el último recurso, ¡el “bang”!

Si estamos en tiempos de polarización y rebelión, ¿cómo será el mundo de aquí al 2050, qué formas tomarán estas batallas?

-Los recursos se agotarán cada vez más y el Sur se sienta literalmente sobre esos recursos.

Lo que propongo es guardar esos recursos naturales para la próxima generación. En ese sentido, las luchas ambientalistas contra la explotación de los recursos, como la de Crucitas, son estratégicas.

Creo que de aquí al 2050 estaremos en plena transición hacia otra civilización. Es esperanzador, porque el Sur está en condiciones de marcar la pauta.

¿Qué opinión le merecen los movimientos de protesta como los indignados en España u “Occupy Wall Street”?

-El movimiento de indignación no es homogéneo; los hay que se sienten excluidos, pero no luchan por la inclusión de otros grupos como los inmigrantes. Hay un mínimo xenofóbico, pero de repente también fascista. Este movimiento se va a depurar entre neofascistas y quienes defienden un ideal solidario.

Esas tendencias de la indignación tendrán que confrontarse y lo mismo sucede en Estados Unidos;  el “Tea Party” y los grupos progresistas están fastidiados con los banqueros internacionales; pueden estar en la misma calle, por decirlo así, pero por motivos que no tienen nada que ver, y eso es muy peligroso, pues la masa puede ser capturada por un mensaje de tipo hitleriano.

¿Estamos en un punto de quiebre?

-Estamos en un punto en el que el sistema económico, o se encamina hacia el estado global bajo el poder del entramado financiero o se unifican los bloques productivos de países que apuntan a obtener los activos de la economía real. La tercera opción es la lucha popular para no pagar a los bancos; Finlandia dio un ejemplo al mundo con su referendo y la UE busca llegar a una unidad fiscal, lo cual nunca logró en tiempos de tranquilidad y con lo que podría equiparar más el desarrollo de una zona de la Unión a la otra, se puede redistribuir la riqueza.

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