El país cerrará con panorama laboral incierto

Según la más reciente encuesta de “Expectativas de Empleo Manpower Costa Rica” para el cuarto trimestre del 2010, los empleadores costarricenses prevén un clima

Falta de cultura laboral  propicia empleos de “baja calidad”, opinan expertos.

Según la más reciente encuesta de “Expectativas de Empleo Manpower Costa Rica” para el cuarto trimestre del 2010, los empleadores costarricenses prevén un clima optimista en la generación de puestos de trabajo para este período.
Sin embargo, los vaticinios arrojan dudas debido a que el ritmo de recuperación económica del país, no marcha a la velocidad suficiente para generar las fuentes de empleo que satisfagan  la oferta laboral del país.

De acuerdo con los resultados de este estudio, realizado entre 620 empresarios de todo el país, el 28% de los empleadores anticipan incrementos en sus plantillas laborales, el 5% prevé disminuciones y el 66% no espera cambios.

Los datos revelan que las mediciones están basadas en datos con ajuste estacional; es decir, resultados sin las fluctuaciones en el empleo que normalmente ocurren cada año en el mismo período, por ejemplo los “repuntes por temporadas especiales, como la navideña”, entre otros. Pese a estos pronósticos, el panorama laboral de Costa Rica se vislumbra sombrío. 
La última encuesta del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) reveló que en el 2009 la tasa de desempleo creció del 4.9 por ciento  a 7.8 por ciento. Estas cifras coinciden con el impacto de la crisis internacional, de  cuyos efectos Costa Rica no escapó.
Juan Diego Trejos, del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad de Costa Rica, opina que el desempleo en el 2009 afectó a dos mil personas más respecto al 2008, una cifra a la que se une la necesidad de suplir espacios laborales a los nuevos puestos que se generan cada año, los cuales se estiman en promedio  en unas 65 mil plazas, aunque depende mucho de cada año.
Considera que si la economía nacional logra mantener un crecimiento de 4%, redundará en nuevas fuentes de trabajo.
“El año pasado tuvimos un déficit de más de 60 mil puestos de trabajo, de gente que salió a buscar y no lo consiguió; esa gente está ahí todavía. Este año necesitamos crear empleo para ese número, más los nuevos que entren este año, para que el desempleo no aumente; pero, probablemente va a seguir alto”, advirtió.
No obstante, afirma que “si esa gente que se quedó desempleada no logró conseguir trabajo y no se generan esos puestos de trabajo”, lo que prevemos este año es que definitivamente va a aumentar el empleo informal, que es de menor calidad”.
“Va ser un empleo en actividades de muy baja productividad, que va a tener ingresos muy bajos, sin garantías laborales, inestable, y de muy baja remuneración”, sentenció.
En su criterio, según los datos económicos, el sector privado en su conjunto redujo el empleo, sobre todo los sectores relacionados con la agricultura, construcción, industria y algunos servicios, y en menor medida, comercio, transporte, restaurantes y hoteles.
Martha Castillo, vicepresidenta ejecutiva de la Cámara de Industrias de Costa Rica (CICR) coincide en que el sector industrial ha reducido su nivel de empleo debido a la crisis, lo cual es consistente con la caída en la producción que el sector ha mostrado desde el año 2008. 
“Durante los primeros meses del año 2010 se empezaron a mostrar tasas de crecimiento en la producción industrial; sin embargo, estas tasas han mostrado un ritmo decreciente, aunque las estimaciones indican que el sector industrial tendrá una tasa positiva de crecimiento durante el 2010”, puntualizó.
Castillo afirma, no obstante, que el sector no ha logrado recuperar el nivel de producción que tenía en el año 2008 y esto se refleja, por supuesto, en el nivel de empleo que tampoco ha logrado alcanzar el número de ocupados en ese año. 
“La información que tenemos por parte de nuestros asociados indica que el nivel de contratación estará muy estable para lo que resta del año. Una gran mayoría de nuestros asociados manifiesta que no hará contrataciones durante lo que resta del año y los que indican que contratarán lo harán en poca cantidad (según datos de una encuesta realizada a empresas del sector en el mes de junio del presente año)”, detalló.

EMPLEOS DE BAJA CALIDAD

Según el criterio de Leiner Vargas, especialista del Centro Internacional de Política Económica (CINPE) de la Universidad Nacional, el problema fundamental respecto a este aspecto en Costa Rica no es su relación con la crisis, sino en que “es un tema horizontal que viene pasando con la terciarización” del empleo.
“El sector terciario es el que más ha aumentado en sus contrataciones (servicios, sector financiero, turismo, call center, servicios de seguridad, salud, educación, más allá de restaurantes y bares”, afirmó.
“Una preocupación de largo plazo es que en el sector servicios hay dos características principales: una tendencia hacia el  número de empleos de baja calidad y, por otro lado, una propensión a la informalidad en el tipo de trabajo que genera”, explicó.
Según Vargas, el hecho de que exista un crecimiento en este sector terciario en el país,  genera una situación muy compleja, pues es en este sector donde es fácil generar tipos  de empleos que carecen de condiciones de garantías sociales y de seguridad para la población trabajadora, dando como resultado una “precarización del empleo”.
“Por ejemplo, en el sector construcción es fácil generar empleo, pero también es fácil deshacerse de él y es también uno de los ejemplos donde la calidad del mismo es cuestionable”, agregó Vargas.
Otra situación que ocurre en el país en los últimos meses, según Vargas, es que por un lado se está generando en un cierto ramo de la industria (telecomunicaciones, bancos y  seguros), un crecimiento en el empleo profesional, lo cual tiene un impacto para unos 6.000 trabajadores formales bien remunerados.
Pero, el resto del empleo que se crea es empleo temporal, estacional, de baja calidad, el que muchas veces  es pagado por debajo del salario mínimo o con condiciones de contratación abusivas, con pocas regulaciones, opina Vargas.
“Aquí no hay flexibilidad laboral; el empleador contrata a la hora que quiere, las horas que quiere y por el salario que quiere. Las regulaciones aquí prácticamente pasan y pasan y no se actúa sobre la inspección, no existe un control verdadero del quehacer de las empresas en materia de sus empleados y se acude a los tribunales de trabajo solamente cuando el daño está hecho”, denunció Vargas.
En este sentido, datos del Ministerio de Trabajo señalan que, con el inicio de la Campaña de Salario Mínimo, impulsada por esa cartera, el número de inspectores de trabajo actual es de 110 funcionarios.
La meta del Ministerio, según señala la oficina de prensa, es que con ese número de inspectores “se logren unas 7.500 visitas a empresas, en un período de tres meses, en todo el territorio nacional, dirigidas a velar por el cumplimiento del salario mínimo”.
Al respecto, Leiner Vargas considera que  se debe dar una  “sana inspección laboral”, la cual debe hacer el Gobierno como parte de una política pública de empleo.
Es importante, señala, determinar quién está cumpliendo la ley y que se conozcan las principales regulaciones como mínimo. “Esa inspección no tiene por qué ser punitiva;  básicamente lo que se le dice a la empresa es que está incumpliendo y actuar  para que se ponga a derecho”, anotó.

NO HAY CULTURA LABORAL

“Al igual  que en Costa Rica el no pagar impuestos no significa un problema ético,  tampoco lo es el no pagar el salario mínimo”, criticó Vargas.
“Una buena parte de los trabajadores no están recibiendo ni el salario mínimo, y lo que es peor, no tienen cargas sociales,  ni riesgos de trabajo ni ninguna de las medidas de protección; esto es una verdad que todos los costarricenses lo saben, unos más que otros; todos tienen en su casa una empleada doméstica y a algunas las tienen sin seguro social, sin salario mínimo, en condiciones de trabajo precarias”, lamentó Vargas.
“Nos hemos venido preocupando por el medio ambiente, y nos preocupa que la computadora que usamos tenga componentes biodegradables, pero no nos preocupa que la persona que nos limpia tenga o no el salario mínimo, o que trabaja más horas de la cuenta, o que no tiene el seguro social; esto en el sector privado se multiplica por dos o tres”, y no sólo en las pequeñas empresas, sino también en las medianas, señala. 
Hizo ver el hecho de que en el Estado también se esté  dando este fenómeno de manera solapada, con la contratación a través de fundaciones, donde se subcontrata a los trabajadores o bien cuando hace bajo el esquema de servicios profesionales.
“Si el sector público tiene poca cultura al contratar en ese contexto, en el sector privado es mucho más fuerte, porque entre otras razones, nosotros hemos postergado durante muchos años la presencia de sectores de trabajadores fuertes en el sector privado, que en cualquier parte del mundo son los llamados a proteger los derechos de los y las trabajadoras.
El tema del empleo, de si se genera unos cuantos más puestos de trabajo en el sector servicios, pasa por preguntarnos sobre la calidad y sobre la precariedad con que está generando empleo el sector servicios, insistió.
“El Estado debe velar porque esas reglas se cumplan, que haga inspección laboral, que  los niños no trabajen y que las mujeres tengan protección cuando existan circunstancias especiales como embarazo, evitar discriminación, entre otros”, exhortó Vargas.

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