Entre abril y julio de este año «Por Costa Rica» gastó ¢163 millones en publicidad

Analistas consideran que campaña informativa se maneja con superficialidad.Casi ¢164 millones gastó la organización «Por Costa Rica» solo de abril a julio de este

Analistas consideran que campaña informativa se maneja con superficialidad.

Por Costa Rica ya tenía una campaña publicitaria realizada desde un principio aunque aún no tenía asociados.

Casi ¢164 millones gastó la organización «Por Costa Rica» solo de abril a julio de este año, según registra la firma Media Gurú que contabiliza la pauta publicitaria que efectúan las firmas comerciales o personas en el país.

Desde que este grupo autodenominado «civil» se anunció en abril anterior, se les han unido 17.257 personas al 8 de setiembre. (Ver cuadro anexo: «Abundante pauta publicitaria»).

En la presentación oficial, el exministro de Comercio Exterior, Alberto Trejos, manifestó que no se recibírían dineros del extranjero, sino que se trataba de contribuciones entregadas por costarricenses que tienen interés en que se apruebe el Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica, Estados Unidos y República Dominicana (TLC-RD).

 

No obstante, para ese momento apenas se iniciaba la divulgación de esta entidad y ya existían anuncios publicitarios audiovisuales, algunos que muestran caricaturas y otros que aún no se han transmitido.

De hecho, el Partido Acción Ciudadana (PAC) pidió desde hace meses una explicación de dónde provienen los fondos de «Por Costa Rica», pero esta aún no contesta las interrogantes planteadas por los diputados de esa fracción legislativa.

En la presentación antes citada estuvieron empresarios y exfuncionarios públicos como José Rossi, exjerarca de Comercio Exterior; Miguel Schyfter, presidente de la Cámara de Textileros; Anabel González, exnegociadora comercial del TLC para Costa Rica; el abogado Francisco Chacón y el exministro Alberto Trejos, entre otros.

Analistas consultados por UNIVERSIDAD, consideran que la campaña de

«Por Costa Rica» causa cierta intimidación y apela más a lo emocional que a explicar cuáles son las ventajas así como las desventajas de este tratado.

Esa organización anuncia en su página en Internet que se busca la aprobación del convenio comercial para generar «trabajo digno, estable y seguro».

Otros objetivos que se buscan, según esa fuente, es llegar a un «desarrollo con un medio ambiente protegido; un trato justo para el agricultor; una regulación balanceada en propiedad intelectual y que se aplique el TLC, por igual, a todos los países que entren en el acuerdo» comercial.

 

¿LIBRES DE INFLUENCIA EXTERIOR?

 

En una entrevista que Alberto Trejos concedió al periodista Esteban Arias del radionoticiero Eco News, dijo sobre el financiamiento de «Por Costa Rica» que «como anunciamos al inicio del movimiento, aceptamos contribuciones de ciudadanos y empresas costarricenses radicadas en el país, que quieran apoyar con su tiempo o dinero a este esfuerzo nacional de participación».

Al igual que mencionó en la citada conferencia de prensa, supuestamente no aceptan «ninguna contribución que viniera del extranjero, ni del gobierno o de ninguna fuente oficial».

Incluso, retó a que «cualquier firma auditora seria verifique nuestros datos para que vean que lo que estamos diciendo es cierto».

UNIVERSIDAD quiso consultarlo durante la semana anterior, pero en el Instituto Costarricense de Administración Económica (INCAE), donde es profesor, su secretaria informó primero que él llegaría del extranjero el jueves 8, porque debía dar lecciones ese día.

Pero al llamarlo en esa fecha, manifestó que Trejos le dijo que se equivocó de itinerario para una participación que debía hacer en una universidad estadounidense y, por tanto, debió marcharse antes de lo previsto.

También se quiso contactar a Anabel González, pero se supo que estaba de viaje en Nicaragua con el fin de asesorar al parlamento de ese país en materia de los tratados de libre comercio.

Se le envió un cuestionario por correo electrónico, pero al cierre de edición -viernes 9- no lo había contestado.

Tampoco lo hicieron los exnegociadores Fernando Ocampo y Gabriela Castro. Al primero se le envió el mismo cuestionario que a todos, pero tampoco lo contestó, pese a que su secretaria en la Asociación Nacional de Exportadores de la Industria Textil dijo que él había solicitado la entrevista por escrito vía Internet.

 

PERO SÍ HUBO COLABORACIÓN

 

Al consultarle el radionoticiero Eco News a Alberto Trejos sobre una denuncia hecha por varios diputados en el sentido de que la Academia de Centroamérica -un centro asesor en economía- había donado a «Por Costa Rica» $41.000 (cerca de ¢20 millones), aceptó el hecho.

Dijo que esa entidad existe «sin fines de lucro. Se dedica a la investigación académica y se le pidió su colaboración de la naturaleza del trabajo que ellos hacen».

«Eso no tiene nada de incorrecto -destacó-. (…) Estos son refuerzos de cooperación internacional que fueron canalizados a través del proceso. Hubo muchísimas solicitudes; no dependía de nosotros cuáles tenían éxito y cuáles no, pero efectivamente hubo organizaciones que no hacen campañas pro TLC, sino investigación académica».

El exfuncionario añadió que este tipo de instituciones «participaron por solicitud de cooperación internacional, lo cual no significa que se les haya asignado de forma indebida recursos públicos o privados».

Al consultarle si antes de salir del Ministerio de Comercio Exterior (COMEX) dirigió algunos de estos dineros de cooperación internacional para la campaña pro TLC a algunas fundaciones, asociaciones o entidades parecidas a «Por Costa Rica», explicó que para entonces ni siquiera habían pensado en concebir esa organización.

 

DISCURSOS EN LA PALESTRA

 

José Carlos Chinchilla, sociólogo especializado en Estado y sociedad, y Decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional, manifestó sobre el discurso de la campaña «Por Costa Rica» que «el TLC, desde un principio, se ha planteado como una oportunidad, que posee como contraste una sanción si no se decide aceptar».

Al hacer una lectura político-ideológica de la campaña, el experto manifestó que «el discurso se asienta sobre una dualidad: el bienestar o el malestar; la parte del bienestar que puede hacer la inversión extranjera o el malestar que produciría el no aceptarlo».

Chinchilla dijo que «con el TLC se garantiza el ingreso de los bienes o servicios producidos en Costa Rica, pero no asegura el crecimiento económico». Como costo negativo manifestó que se cerraría en gran parte el acceso de productos costarricenses al mercado estadounidense.

Agregó que el segundo elemento del discurso político-ideológico es manejar el miedo que las personas sienten de quedarse sin trabajo o de no tenerlo.

«La gente se ha dado cuenta de que el modelo económico de desarrollo está basado en gran parte en la inversión extranjera y de ahí la generación de empleo, cuando en realidad este ha sido posible, para empresas nacionales o extranjeras, por el desarrollo que tenemos en educación, telecomunicaciones y cierta infraestructura».

Aseguró que si estas condiciones no existieran, no habrían llegado transnacionales como Intel -procesadora de microchips para computadora- o Procter & Gamble -una distribuidora mundial de alimentos y artículos de hogar-.

 

IDEOLÓGICO Y EMOCIONAL

 

«Es un discurso falaz, pero sí interpela y preocupa a la gente: se presenta como una gran oportunidad para el futuro y oportunidades en el presente. El TLC no va a resolver estos conflictos por sí mismo».

El sociólogo consideró que se está llegando a una polarización social entre los sectores patronales, de empleados y sindicales que llevaría a una confrontación entre estos distintos grupos de la sociedad.

En este sentido, Chinchilla estimó que existen tres agrupaciones que podrían utilizar de forma diferente el tratado para su propio beneficio, ya que el TLC constituye un tema candente de cara a las elecciones nacionales de febrero próximo.

«Un candidato podría moverse en cierta posición frente al tratado y luego, cuando llegue al poder, lo agilizaría por populista».

«Otro candidato -aseveró- podría ser que abierta y públicamente apoye el TLC porque el modelo de desarrollo es hacia fuera, con alta inversión extranjera y hacia la integración mundial con la globalización», dijo.

Para el especialista, el tercer grupo serían los sectores que tienen una abierta oposición contra el tratado, pero carecen de dinero para explicar masivamente el por qué de su posición.

Este último apela a estudiantes, universidades y grupos civiles para sumar un movimiento. «Estarían dispuestos a trabajar no por un proceso electoral, sino por lo que considerarían los intereses nacionales».

Para Chinchilla, el discurso de «Por Costa Rica» es neoliberal, «y guarda ciertos residuos del Estado social de derecho. Da a entender que: sabemos que el TLC va a tener un costo, pero habrá un salvavidas que es hacer la agenda complementaria.

En cuanto a si su percepción de este discurso tiene similitudes con ciertos argumentos utilizados durante la «Guerra Fría», Chinchilla dijo no compartir esta visión porque «no se trata de un fenómeno viejo, con viejos conceptos».

Para él más bien existe una fuerza asimétrica, «un momento en que nos quieren quebrar el brazo. No solo lo han hecho en la negociación de este tratado con nuestro países, sino con los congresistas estadounidenses».

Por tanto, «sí existen técnicas de fuerza, pero no como en la Guerra Fría, sino con una clara visión geopolítica que el mismo presidente George Bush y Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa de los Estados Unidos explicitaron: se trataba de un asunto de seguridad nacional, mientras a nosotros los negociadores nos han vendido la idea como si se tratara de un tema meramente económico», destacó Chinchilla.

 

PARCIALIZADA

 

Para el politólogo y expresidente del Partido Liberación Nacional (PLN), Luis Guillermo Solís, el discurso político-ideológico está muy presente en la campaña «Por Costa Rica,» pero espera que la tensión entre quienes favorecen o se oponen al TLC «no tenga características de la Guerra Fría».

«Es evidente que la divulgación que ha hecho este grupo no es neutral, sino que muestra únicamente la cara que los sectores que apoyan al TLC quieren mostrar. Es tendenciosa, no tiene naturaleza pedagógica, sino da percepciones catastróficas sobre un eventual rechazo del tratado».

Al preguntarle si considera que esta campaña puede calificarse «del miedo», como afirmó la Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP), Solís explicó que «hay afirmaciones que se han hecho en esa campaña que en algunos casos no solo son falacias, sino que faltan a la verdad; el tema del miedo siempre es un mal consejero al momento de dar información. No aumenta el conocimiento efectivo hacia la gente».

El especialista considera que «el uso antiguo de tácticas es un fenómeno que afecta a ambas partes, en contra y a favor del TLC. Se habla por igual, como si fuera el fin de Costa Rica, sobre una realidad que vamos a tener que enfrentar si los costarricenses no tomamos ciertas decisiones de cambio».

Para la agencia Inforpress Centroamericana los movimientos sociales opositores en la región se mantienen firmes contra el tratado, pese a las descalificaciones que de ellos ha hecho el gobierno estadounidense.

El sociólogo y analista Daniel Camacho estima -según una nota de esa agencia- que el mandatario Bush ha encontrado muy conveniente hacer un nexo entre el afianzamiento de la democracia y la aprobación del tratado en Centroamérica, tal y como se hizo durante la Guerra Fría.

Él considera que este discurso tiene un aspecto de verdad y una descalificación a medias, ya que se establece que quien se opone al TLC es abiertamente antidemocrático.

«Lo peor del caso -afirma Camacho- es que esto se dice en un momento en que el istmo lucha a brazo partido por consolidar su democracia luego del terrible periodo de guerra. Es una desacreditación ideológica y política por parte de la persona más escuchada del mundo», comentó.

Tanto Camacho como Solís y el diputado del Partido Acción Ciudadana (PAC), Rodrigo Alberto Carazo -según Inforpress- coinciden en que la represión y el intento de descalificar a los sectores opuestos al tratado se da por parte de las cámaras empresariales, los políticos y un gran sector de la prensa como un eco del discurso estadounidense.

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