Futbol urge de rebeldes

Dirigentes, entrenadores y asistentes técnicos acomodados llevan el fútbol al precipicio. El volante costarricense Steven Bryce, de la Selección Nacional, enfrentó en la Copa

Dirigentes, entrenadores y asistentes técnicos acomodados llevan el fútbol al precipicio.


El volante costarricense Steven Bryce, de la Selección Nacional, enfrentó en la Copa de Oro a Carlos Bocanegra de los Estados Unidos, país cuyo fútbol supera con creces al nuestro.

El fútbol se convirtió en un gran negocio y la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) en una monumental empresa que mueve millones de dólares en todo el universo.

Puede que el Mundial México 70 le abrió los ojos a la dirigencia de FIFA sobre los millonarios ingresos que, sobre todo por derechos de televisión, podía generar el deporte que apasiona a millones de millones de seres humanos en el mundo.

El monstruo mexicano TELEVISA, en cuyo imperio tenían poder dirigentes del fútbol mexicano bien entronizados en FIFA, como Guillermo Cañedo y Joaquín Soria Terrazas, pagó millones de dólares no solo para conseguir que México fuera la sede del Mundial 70, – sede que repitió en 1986-, sino que le abrió los ojos a muchos en el sentido de que no solo la televisión generaría ingresos cuantiosos a FIFA, sino patrocinadores como multinacionales de refrescos, marcas deportivas, tarjetas de crédito y marcas de automóviles.

 

A este millonario negocio denominado fútbol, Costa Rica apenas asomó la nariz cuando se clasificó al Mundial de Italia 90, torneo en que nuestra tricolor asombró al mundo tras clasificarse a la segunda ronda, después de derrotar a Escocia y Suecia, dos potencias medias del centro europeo.

La gran actuación de los seleccionados costarricenses en el verano italiano provocó de inmediato una inflación muy peligrosa en el fútbol costarricense, una vez que los mejores futbolistas de ese equipo que dirigió el serbio «Bora» Milutinovic, se quedaron varios jugando en Europa, como Luis Gabelo Conejo, Rónald González, José Carlos Chávez, Juan Cayasso y Hernán Medford.

Con antecedentes de profesionalismo muy tenues, como fueron los movimientos en el mercado interno de fichas como Walter Elizondo, Róger Flores, el mismo Cayasso, Oscar Ramírez, Leony Flores, que pasaron de Saprissa a la Liga o viceversa y algunos al Herediano en sumas muy altas para la época, la verdad que fue después de Italia 90 que los mejores futbolistas costarricenses, empezaron a ver y lo más relevante, se dieron cuenta, que el fútbol era un enorme negocio y que algunos podían vivir como millonarios, si se cuidaban y lo jugaban bien.

Trece años después se confirmó la apreciación; el fútbol costarricense también se convirtió en empresa, las televisoras metieron millones de dólares en el fútbol, las embotelladoras también, las planillas de los clubes se elevaron a sumas en ocasiones insostenibles, como el caso del Deportivo Saprissa que virtualmente quebró y hoy en el mundo y Costa Rica no es excepción, nadie ve el fútbol como un juego, sino como un negocio en el que ganan los técnicos y jugadores, invierten las empresas y trabajan, dicen que ad-honorem, los dirigentes.

¿Será esto último verdad?

EL PODER DE NAVARRO

En 1987-88 asumió la presidencia de la Federación Costarricense de Fútbol el Dr. Longino Soto Pacheco; hombre solvente en lo económico y de carácter fuerte, tomó decisiones radicales en la organización del fútbol nacional, contrató al entrenador criollo Marvin Rodríguez como técnico del seleccionado y ellos, lograron que Costa Rica se clasificara a Italia 90.

Antes de viajar al Mundial, un golpe de timón llevó a los puestos de mando de la Federación al triunvirato que formaron Isaac Sasso, Hermes Navarro y Fabio Garnier y estos destituyeron a Rodríguez y contrataron a Milutinovic.

Este grupo lideró lo acontecido con notable éxito en Italia; Sasso inició su carrera como dirigente que lo llevó a ocupar una vicepresidencia de FIFA, que aún sostiene, Garnier se alejó de la dirigencia por problemas de salud y Navarro, es hoy el hombre fuerte del fútbol costarricense, presidente de la Federación Costarricense de Fútbol y con plenos poderes en todo tipo de acuerdos y decisiones.

Pocos o ninguno se atreven a metérsele en el camino.

Con Navarro como jerarca máximo del fútbol nacional, se logra la gran gesta de clasificar al Mundial de Corea y Japón 2002 y el seleccionado dirigido por Alexandre Guimaraes rompe mitos y vuelve loca a la afición.

El negocio es redondo; la Selección se convierte en un enorme producto de mercadeo, gana en México, vence en Honduras, se clasifica en el primer lugar de la eliminatoria y genera millones de colones a la Federación, a las televisoras y a los patrocinadores oficiales del producto, que no es otro que el equipo de fútbol.

Hermes toca el cielo con sus manos, Guimaraes también, pero en Corea no se clasifica a la segunda ronda -lo que sí se logró en Italia-, y se rompe la luna de miel entre el federativo y el entrenador.

El matrimonio se rompe cuando Hermes Navarro ficha como técnico del seleccionado a Steve Sampson e inicia un segundo periodo como presidente de la Federación.

VIAJAR ES PLACER

Se da un reacomodo de personajes; al cuerpo técnico de la Selección arriba Sampson, se va «Guima»  y el gran motivador, German Retana y se quedan los asistentes, Rodrigo Kenton y Gabelo Conejo; en la Federación se nombran cuatro nuevos directores que se suponía, serían frontales por lo menos para contrarrestar el poderío monárquico de Navarro, dado que Hermes no los quería como compañeros y pretendió seguir con el mismo grupo que logró la clasificación a Corea.

En las selecciones menores se agrupa el cuerpo de entrenadores criollos que igual acumula éxitos y fracasos en eliminatorias y campeonatos mundiales, casos de Carlos Watson, Juan Diego Quesada, Gerardo Ureña, Carlos Santana y el mismo Kenton con la pre-olímpica.

Todo este grupo, el de Hermes en la Federación, el de los asistentes técnicos, el de los entrenadores de selecciones menores, luce un acomodamiento más que preocupante, porque el fútbol costarricense acumula fracasos como el de la Copa de Oro, el del Mundial Infantil, la eliminación al Mundial Juvenil; la debacle del fútbol femenino en República Dominicana y todos siguen tan campantes.

El fútbol negocio, el fútbol empresa, internacionalizó al fútbol costarricense que igual se globalizó; hay competencias en todas partes del universo, hay juegos FIFA, hay congresos, demasiadas competencias y desde luego, decenas de viajes al exterior.

Entonces, quienes los disfrutan de gratis y lo más sabroso, a cada rato, con viáticos y hoteles de lujo, no osan siquiera reclamar las decisiones erradas de sus superiores; nadie confronta a Navarro en la Federación, don Hermes apoya todo lo que hace Sampson, para protegerse, los asistentes técnicos no confrontan al gringo y los técnicos de las selecciones menores tampoco se  bajan del avión.

Cuatro derrotas de la Mayor, ante Canadá, México, Estados Unidos y Austria, el ridículo de las damas en Los Panamericanos, el pobre juego de los infantiles en Finlandia no provocan reacción, análisis, reflexión, protesta y renuncias.

Nadie se mueve, nadie se va, nadie reclama; ya vienen las eliminatorias al Mundial de Alemania 2006, con juegos de fogueo por todo el planeta.

¿Cómo resistir a la tentación?

 

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