H. Hibish: Washington no sabe qué hacer en Irak

Husein Hibish: La doctrina Bush quedó comprometida por el fracaso en Irak, pero no ha muerto»Estados Unidos no entiende lo que está pasando en

Husein Hibish: La doctrina Bush quedó comprometida por el fracaso en Irak, pero no ha muerto

«Estados Unidos no entiende lo que está pasando en Irak ; meses después de la ocupación, casi sin combate, parece evidente que las tropas y la administración estadounidenses están empantanadas».

Esas son las conclusiones del Dr Hussein Hibish, director de comunicaciones del Comité Árabe-Americano contra la discriminación, quien estuvo en Costa Rica recientemente para impartir dos conferencias en la Universidad de Costa Rica, sobre la «Crisis de la política exterior de Estados Unidos».

UNIVERSIDAD conversó con él sobre esta temática.

¿Qué es lo que Ud. llama la «doctrina Bush?

– La política exterior de EE.UU. actual es radical. Durante la guerra fría miraba hacia sí misma, interesada en preservar las cosas como estaban.

La actual rompió con cuatro décadas de tradición.

La «doctrina Bush» enfatiza en la acción preventiva fuera del contexto de Naciones Unidas, y reafirma su derecho de atacar preventivamente a cualquier enemigo, fuera de las normas de legalidad internacional y de la Carta de las Naciones Unidas. Este derecho no se extiende a ningún país, con excepción de Israel.

Descansa, además, en las amenazas de una alianza teórica entre supuestos países renegados, con armas de destrucción masiva, y organizaciones terroristas internacionales.

Pero esa alianza nunca ha existido.

En la aplicación práctica de la doctrina Bush en Irak, la causa de la guerra descansó totalmente en un argumento falso, fabricado, de este tipo. Irak no tenía armas de destrucción masiva, ni vínculos con Al Qaeda.

¿Qué papel juegan los neoconservadores en la aplicación de esta doctrina?

– El punto de vista de los neoconservadores es clave en la elaboración de esta doctrina, y se caracteriza por partir de una posición fuertemente ideológica, por ignorar la realidad, vivir en un mundo de teorías.

El Pentágono y la oficina del vicepresidente Dick Cheney son el centro de ese pensamiento. Fueron ellos los principales defensores de la guerra contra Irak. El Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y su círculo más cercano, comenzaron a buscar pruebas contra Irak el mismo 11 de septiembre de 2001.

Cuando descubrieron que la información de la CIA y de la Agencia de Defensa de Inteligencia, no justificaban estos alegatos contra Irak, decidieron crear un nuevo grupo en el Pentágono, la Oficina de Planes Especiales, bajo control del subsecretario de defensa para planeamiento político, Douglas Feith y su segundo, William Luti.

Ellos revisaron los datos de inteligencia de las agencias tradicionales y desecharon lo que no servía a sus alegatos.

También buscaron a disidentes iraquíes, cercanos al Congreso Nacional Iraquí, de Ahmad Chalabi, un personaje dispuesto a inventar cualquier historia para derrocar a Saddan Hussein. Chalabi recibió mucho dinero para eso.

Prepararon documentos, supuestamente de inteligencia, sobre la producción de armas de destrucción masiva y entrenamiento de terroristas de Al Qaeda, que luego un informe del Departamento de Defensa afirmó eran falsos.

¿Qué se puede esperar en este período de posguerra en Irak?

–  Del mismo modo como los neoconservadores de la administración estadounidense desestimaron los hechos y prefirieron basarse en sus fantasías ideológicas, también desecharon todos los trabajos de planeamiento para la postguerra en Irak.

Una gran labor había sido preparada por una serie de agencias, incluyendo algunas vinculadas a las fuerza armadas.

En lugar de escuchar todo esto, los neoconservadores creyeron que podían instalar a Chalabi como presidente de Irak en 90 días. Luego se dieron cuenta de que eso era imposible, pero no se habían preocupado de crear un plan alterno. El resultado es que la situación se deteriora.

Al mismo tiempo los neoconservadores continuaron con las amenazas a Siria, Irán y otros países. La doctrina Bush quedó comprometida por el fracaso en Irak, pero no ha muerto.

Hay una significativa oposición a esa doctrina, dentro y fuera de la administración, incluyendo al Secretario de Estado, Colin Powell y el subsecretario Richard Armitage, el equipo de la CIA, así como muchos congresistas y altos militares. Ellos prefieren un acercamiento más tradicional a estos temas, de acuerdo con la tradición de la política exterior.

¿Qué sigue ahora en Irak?

– Los niveles de violencia, tanto hacia los extranjeros como entre los mismos iraquíes se han salido de control.

Cerca de cien extranjeros han muerto en los últimos meses, así que las predicciones del Pentágono, de que la resistencia estaba a cargo apenas de unos cuantos partidarios de Hussein y de que sería liquidada rápidamente, se muestra como algo totalmente equivocado.

Un informe de la CIA, filtrado a la prensa, decía que hay miles de guerrilleros en la resistencia, muchos no miembros del partido Baas, con un creciente apoyo popular. Entre ellos crece la sensación de que la ocupación puede ser derrotada.

No es sorpresa que el presidente de facto de Irak, el administrador norteamericano Paul Bremer, haya tenido que correr a Washington a mediados de noviembre, suspendiendo un importante viaje a Irak del presidente de  Polonia, uno de los países que más apoya la ocupación. Washington está desesperado por encontrar un plan que permita calmar la situación.

¿ Qué les ha hecho tan difícil avanzar en sus proyectos?

– El problema es que cuando los neoconservadores, como Wolfowitz, hablan  de crear una democracia en Irak, no están hablando del funcionamiento de instituciones política libres, sino de ciertas políticas de gobierno. Ellos quieren un Irak a favor de Israel, pro Estados Unidos, desarmado y secular.

Descubrieron que cualquier gobierno representativo no tendrá ninguna de esas características. No será  pro Israel; probablemente no será pro Estados Unidos; no estará de acuerdo con el desarme; y se llamaría a sí mismo República Islámica.

Parece una serie demasiado grande de desaciertos. ¿Es tan difícil para Washington comprender la complejidad de la situación interna de Irak?

– La administración Bush no estaba preparada para esa realidad política. Y no saben qué hacer. Por un lado no quieren mantener 200 mil soldados allí indefinidamente; sobre todo ahora, que enfrentan una creciente oposición. Pero no están preparados para tolerar la clase de gobierno que podría surgir de la voluntad del pueblo iraquí.

Hay otro aspecto importante en este caos. Hay una increíble ola de violencia, no necesariamente vinculada a la ocupación y Estados Unidos no comprende lo que pasa.

La tasa de asesinatos en Bagdad, en los dos últimos meses, fue de mil personas por mes. Esto no es el resultado de crímenes comunes, del tráfico de drogas o de la acción de pandillas. Se trata de ciudadanos decidiendo quién se quedará con el poder político en el futuro. Los estadounidenses no saben quién está matando a quién; casi ninguno habla árabe; desde los altos rangos hasta los jóvenes que cuidan las calles, nadie conoce la historia ni su cultura.

Se dan cuenta entonces que las fantasías de los neoconservadores eran absurdas, que están metidos en un atolladero del que no saben como salir.

Creo que el clima en Washington es entregar el poder rápidamente a algún grupo iraquí y salir. Pero una cosa es decirlo y otra hacerlo.

¿Cuánto tiempo se quedarán en Irak?

– Creo que las tropas van a quedarse indefinidamente. El escenario más rápido sería encontrar un gobierno aceptable, mediante un cronograma, con formación de partidos, aprobación de una constitución, la realización de un referendo y de elecciones parlamentarias.

La mayor amenaza para los norteamericanos es que la mayoría chiita (opositores a Saddan) y sus organizaciones, como el Consejo Supremo de la Revolución Islámica y el partido Aldawa (deber religioso), se decidan a resistir violentamente la ocupación. Cuando esto ocurra, esta se acabará, porque entonces enfrentarán ataques de todos los sectores.

El informe de la CIA habla de la creciente rabia entre la población chiita por la cancelación de las elecciones, por la muerte del ayatolah Mahamed Baker al Hakim,  de un importante líder local por tropas norteamericanas y por abusos diarios de las tropas de ocupación.

 

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