La zozobra agobia a víctimas del terremoto

Las personas afectadas por el sismo de 6.2 grados –causante de al menos 35 muertes y considerables daños materiales- expresan sentimientos que oscilan entre

El hacinamiento y la incomodidad son parte del diario vivir de las personas damnificadas por el terremoto y ubicadas en albergues desde hace casi un mes. (Foto: Katya Alvarado)

La zozobra tiene agobiado el ánimo de las víctimas del terremoto de Cinchona del pasado 8 de enero, pues mientras algunas se mantienen en sus semidestruidas viviendas y no saben si por lo peligrosas en algún momento serán obligadas a salir, otras permanecen en precarias condiciones en los campamentos, sin tener idea de si en su futuro cercano contarán con un sitio para vivir en condiciones decentes.

Las personas afectadas por el sismo de 6.2 grados –causante de al menos 35 muertes y considerables daños materiales- expresan sentimientos que oscilan entre la esperanza y el temor por su futuro, según pudo apreciar este Semanario, en un recorrido que hizo entre Fraijanes y Poasito, ubicados en las faldas del volcán Poás.

En una visita a la zona el pasado 29 de enero, se pudo comprobar que después de tres semanas de ocurrido el terremoto, numerosas familias aún viven en incómodas tiendas de campaña, hacinados en sitios que no cuentan con adecuadas condiciones sanitarias y de infraestructura.

Dichas condiciones hicieron que la Defensoría de los Habitantes instara al Gobierno a trasladarlas a hospedajes temporales que les ofrezcan mayores comodidades.

Resignación, quejas por desatención y descoordinación de las instituciones del Estado encargadas de atender la emergencia, denuncias de mal uso de las donaciones, y pocas acciones concretas para solucionarles su situación, son algunos de los malestares expresados por estas personas a UNIVERSIDAD.

Tras el recorrido quedan en evidencia aspectos que merecen resaltarse, como la desbordante solidaridad de la población del país, que se materializa en bodegas repletas de víveres, agua, ropa, colchones, artículos de uso personal y otros, aunque su distribución equitativa a ratos parece no ser la mejor y eso genera algunas quejas.

La emergencia ha hecho evidente que instituciones estatales como la Comisión Nacional de Emergencias (CNE) y el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS), no están debidamente preparadas para enfrentar situaciones de desastre como esta y otras similares, cada vez más frecuentes.

Un ejemplo de esto es que el día que este Semanario visitó la zona, en el centro de acopio de víveres de Poasito había grandes existencias de agua embotellada; pero, a pocos kilómetros -en el campamento situado frente a Laguna de Fraijanes- escaseaba este líquido, según indicó Susana Murillo, coordinadora allí de la CNE.

Por los mecanismos de trabajo con que se rigen estos grupos de ayuda, cualquier cosa que haga falta la deben pedir a las bodegas centrales (en San José) de dicha Comisión y no se contempla el auxilio coordinado de bodegas cercanas como la de Poasito, explicó Murillo.

Ella no ocultó su descontento por la poca colaboración que muestran gran parte de las personas lugareñas albergadas, ya que –por ejemplo- en la cocina solo tres mujeres son las que siempre se hacen cargo de la preparación de los alimentos.

Por otra parte, el terremoto también hizo aflorar el grado de pobreza en que vive una importante  cantidad de personas, quienes en muchos casos sienten que en los campamentos tienen asegurada al menos la alimentación a tres tiempos y la esperanza de contar más adelante con una solución a su problema de vivienda, pues vivían en asentamientos en precario.

Para Julia Ardón, una de las dueñas del restaurante Chubascos, el terremoto “ha servido para desnudar una difícil situación económica que ya había antes del evento. En la zona de Laguna, que es la que conocemos más, ya se hizo el balance: Se ocupa reponer 190 casas. Hay 190 familias que no tienen dónde vivir. La mayoría sin trabajo”.

Una de las partes negativas que se puede citar de lo manifestado por distintas personas, es que la improvisada atención a las decenas de damnificados, se presta para que aparezcan individuos y grupos inescrupulosos, como vecinos que no requieren de ayuda, miembros de partidos políticos, y “colaboradores”, que se apropian de dineros y materiales donados para sus intereses personales.

Mientras en el centro de acopio de Poasito mujeres, hombres y niños escogían ropa a su gusto y sin limitaciones de cantidad, en Fraijanes algunos damnificados criticaban que no se les diera suficiente.

INJERENCIAS

Otros lamentos tienen que ver con una supuesta injerencia de integrantes de partidos políticos en el reparto de alimentos, con miembros de comisiones locales de emergencia que aparentemente se queda con parte de la ayuda, y con controles insuficientes en el manejo de las donaciones.

El malestar acumulado llevó a que las asociaciones de desarrollo integral del cantón de Poás enviaran una carta el pasado 28 de enero a sectores de la Comisión Nacional de Emergencias y de la municipalidad local, para plantearles la preocupación porque “todavía hay personas y familias que están desinformadas, desubicadas, no les han dado ni ven solución a su futuro, y que las han tenido de un lugar para otro sin respuestas prontas”. Por eso pidieron una reunión con la entidad estatal.

Entre los puntos de desacuerdo expuestos por las asociaciones de desarrollo están: no haber tomado en cuenta a las fuerzas vivas de la comunidad desde un inicio para el suministro y distribución de ayuda; y familias que no han recibido alimentos.

A lo anterior sumaron descontrol, descoordinación y distribución no equitativa de la ayuda; vecinos de Sabana Redonda y Fraijanes fueron visitados por funcionarios de la CNE que les pidieron información personal, pero posteriormente esta no aparece en las bases de datos; y desinformación en cuanto a los pasos que deben seguir los afectados para que valoren el estado estructural de sus viviendas y de los terrenos.

Este último aspecto es el más mencionado por vecinos de la zona al ser entrevistados por este Semanario y también uno de los mayores causantes de la incertidumbre que experimentan en torno al futuro.

Por otra parte, Cristián Herrera, vecino de San Pedro de Poás, puso la semana pasada una denuncia ante la Contraloría General de la República y el Tribunal Supremo de Elecciones, por el supuesto reparto de víveres que han hecho simpatizantes del Partido Liberación Nacional, a cambio de apoyo para las próximas elecciones nacionales, informó por Internet el periódico “Informa-tico.com”.

La información de dicho medio cita  lo dicho por Herrera: «Estas personas, sin escrúpulos, tuvieron el descaro de condicionar la entrega de dos y hasta tres diarios en una misma casa de habitación, a cambio de votos en las asambleas distritales de este cantón por la tendencia de una exvicepresidenta y candidata actual a la presidencia».

Eliécer García, vicepresidente de la Asociación de Desarrollo de San Pedro de Poás y miembro de la cámara de comercio del lugar, dijo a UNIVERSIDAD que la semana pasada se reunieron varias organizaciones de las fuerzas vivas del cantón, para analizar la problemática en torno a las tareas de recuperación tras el terremoto y de allí surgió la idea de las asociaciones de desarrollo, de hacerle llegar la denuncia a la CNE en la referida carta que enviaron el 28 de enero.

En su opinión, representantes de la Comisión Nacional de Emergencias deberían programar reuniones periódicas con delegados de las organizaciones comunitarias y personas afectadas, para enterarse de sus necesidades e informar del avance de las tareas de mitigación y atención de estas personas.

Por su parte, Alexander Ramírez, encargado del albergue en Poasito, explicó que quienes permanecen en el campamento reciben tres comidas diarias ya preparadas y si se marchan para  una casa de alquiler, o de un familiar, se les proporciona un paquete de víveres y se les vuelve a dar cada tres días. Reparten unos 220 diarios.

Mencionó que en algunos casos se presentan personas de la zona que piden alimentos, aunque no han sido afectadas por el terremoto.

De 170 personas damnificadas que había al inicio de la emergencia, en Poasito quedaban unas 110 el 29 de enero.

Por otro lado, cuando se visitó Poasito la semana pasada, en el albergue se encontraba personal del Equipo Básico de Atención Integral en Salud (EBAIS) de esa localidad, el cual atendía a varias mujeres allí instaladas. La clínica de esta comunidad quedó con serios daños estructurales por el sismo y por eso fue desocupada.

Por ello, la atención la dan en los albergues y en las viviendas, mientras que algunos servicios los trasladaron a Sabana Redonda, detalló la médica Hellen Morales, vecina de Poás.
Los principales males que han atendido son problemas respiratorios, así como hipertensión, descompensaciones por diabetes y tratamientos para personas con traumas psicológicos por el terremoto. El equipo lo conforman una médica, una enfermera, una farmacéutica, y una asistente de registro médico.



Afectados cuentan su difícil situación

Ana Eugenia Araya Angulo:

“Debido a que el terremoto dañó el restaurante Chubascos y está en reparación, por ahora trabajo uno o dos días en su cocina; antes lo hacía seis días. Un paredón cayó sobre mi casa y la dejó sin el cuarto de baño. La gente del IMAS pasó y dijo que la casa era inhabitable, pero mi familia (esposo y dos hijos) estamos viviendo allí. Nosotros estamos llenos de zozobra, pues nadie ha dicho formalmente que el terreno es inhabitable.

Por otra parte, por aquí vinieron ayer funcionarios del IMAS y preguntaron por la gente de los albergues, pero a nosotros no nos toman en cuenta para la ayuda. Nos dicen que darían plata para que alquilemos una casa, pero las personas se preguntan ¿y después de seis meses qué? Con la Junta de Desarrollo se ha tratado de hacer un proyecto y en una encuesta se determinó que son unas 190 familias; se dijo que a través de DINADECO se podía hacer algo. Lo malo es que algunas personas se quieren aprovechar de la situación y por una finca que se quería comprar anteriormente cobraban ¢250 millones, pero ahora piden ¢600 millones.

Otra problema es que el plan regulador dice que las construcciones tienen que hacerse en terrenos mayores a los 5.000 metros cuadrados y nosotros no tenemos acceso a un lote así. En cuanto a la ayuda, fuimos a un albergue a pedir agua y alimentos; un señor preguntó que si estaba viviendo en la casa y cuando le respondí que sí, dijo entonces que nosotros estábamos bien. La ayuda recibida fue de restaurantes –en donde trabajamos varios de la familia- y las Obras del Espíritu Santo. En este momento, lo que necesita mi familia con urgencia es un lote para poder construir con un bono, o un préstamo.“

Hilda Montero Rodríguez:

“La casa donde vivía no era mía, sino de la lechería camino al volcán Poás, donde trabajaba mi esposo, despedido ahora por el terremoto, aunque le dieron unos días más de trabajo.

Ahora estoy luchando por una casita, porque tengo una hija de 17 años que estudia, otro dos hijos de 19 y 21 años, y las dos hijas menores ya se casaron. A veces trabajo en la corta de fresas, pero no es un trabajo fijo. Yo glorifico al Señor porque ahora me van a dar una de esas casitas provisionales. Las condiciones aquí (albergue de Poasito) no han sido malas, porque gracias a Dios comida hay, nos dan ropa, hay baños.

Lo único es que ha llovido y esto se nos ha embarrialado mucho. Gracias a mi Dios que pronto nos dan la casita, aunque sea la provisional, que es mejor que la tienda de campaña. El IMAS no ha ofrecido ninguna ayuda, llegan y nos dan unos papeles que ahí los tengo; dicen que la opción es irnos a alquilar, pero una vez que se acabe la plata ¿qué hacemos? “

Margie Morales Bustos:

“Soy una de las afectadas de la zona, pues la casa quedó prácticamente destruida. Era propia, pero estaba en un asentamiento de propiedad municipal, por lo que no teníamos escritura. Ya pasaron los del IMAS y dijeron que allí no se puede construir.

Vivía con mi esposo, una hija de 5 años y tengo un bebé a punto de nacer (8 y medio meses de embarazo).

Aquí  en el campamento de Fraijanes las condiciones son muy duras, pues hay muchas enfermedades y no reúne las condiciones. El Gobierno promete y promete y no se ve nada. El IMAS viene un día y dice una cosa, al otro día dice otra, y no ha dicho claramente qué va a pasar con uno. Por otra parte, anda un brote de diarrea y vómitos; plaga de piojos, porque la convivencia de tantas personas es un estrés.

Para usar los servicios sanitarios hay que salir y caminar a veces debajo de la lluvia. Aquí se come generalmente solo atún, atún y atún, cuesta que el den a uno algo tan sencillo como un trozo de mortadela.

Además hay mucho desorden, porque hay gente de la CNE que se deja los donativos y no los entregan. Hay mucho abuso de poder. Al principio aquí venía mucha gente a ayudar, pero ahora se han olvidado. Voy a esperar la otra semana, a ver que nos resuelven, porque si no me iré donde una tía en Alajuela, para esperar el parto. “

Marisol Briceño Araya:

“Vivía con mi esposo y dos hijas en una casa propia en Vara Blanca; esta quedó inservible. Mi esposo trabaja en una lechería. No tengo quejas de este albergue (Poasito). Estamos esperando esas casas provisionales que van a traer y a ver que nos resuelven con el terreno, porque unos dicen que sí se puede volver a construir y otros que no. Siento que nos quieren mandar pa´bajo y darles casa a los que definitivamente no les quedó nada. Si ellos dicen que sí se puede construir, me tienen que dar la casa levantada, porque no me voy a ir a aguantar frío. El pueblo de Costa Rica está ayudando para que cada quien tenga su casita.“

Xinia Quijada:

“Yo vivía cerca del albergue de Fraijanes y la casa quedó inhabitable. Era propia, aunque sin escritura, ya que estaba en una finca municipal. Ya pasaron a verla los de la CNE y supuestamente en el terreno se podría construir de nuevo. Vivía con mi esposo –que trabaja en Heredia- y dos hijos: la que hoy está cumpliendo diez años y el bebé de diez meses. La comida no ha faltado y nos dieron una ropa.

En realidad estamos esperando que nos digan cómo nos van a ayudar. El IMAS lo que ofrece es alquiler de casa, aunque todavía no han hecho un ofrecimiento concreto; supuestamente venían hoy (29 de enero), pero a esta hora no han venido. Nos preguntamos qué va a pasar después de esos seis meses de alquiler que ellos ofrecen. Las condiciones del campamento no son las adecuadas para un bebé, pero ¿qué va a hacer uno? Sí he pasado fríos. El bebé se ha resfriado y cuando uno se enferma traen la ambulancia y nos llevan a Sabanilla de Alajuela.“

Luis Fernando Pérez Arguedas:

“Yo no me vi en la necesidad de acudir a ningún albergue, porque mi casa quedó según creo todavía habitable. Vivo con mi esposa y tres hijos, de 16, 12 y 7 años cerca de la laguna de Fraijanes. Una gente de la CNE pasó y dijo que es mejor salir de la casa. Imagínese cómo le digo a mis hijos que nos vamos a vivir a un albergue hasta que…qué?, si no hay soluciones.

Hasta ahora no he pedido ayuda, pues sé que hay gente que necesita mucho más. Tengo trabajo como guarda en el restaurante Chubascos y pienso que sería muy complicado irme a vivir a otro lado y trabajar en otra cosa, aparte de que aquí la familia ya tiene hecha su vida. En cuanto a la ayuda de las instituciones, ha sido bastante buena. Lo que no me parece es que no lleguen a visitar las casas, en donde muchos han perdido el trabajo y ya vienen las clases y tienen necesidades de alimentación.“

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