Mario Zamora, ministro de Seguridad Pública: El problema de inseguridad no es de aprehensión sino de juzgamiento

El desplazamiento del narcotráfico hacia Costa Rica, debido a los golpes que recibe en México y otros países como Colombia, es una serie amenaza

El desplazamiento del narcotráfico hacia Costa Rica, debido a los golpes que recibe en México y otros países como Colombia, es una serie amenaza para el país, dijo en entrevista con UNIVERSIDAD el ministro de Seguridad Pública, Mario Zamora.

En una amplia conversación, Zamora anunció que impulsa un programa de “digitalización” policial; consideró que el problema de la seguridad no es algo que se soluciona de la noche a la mañana sino que requiere de una “unidad nacional”.

Dijo que a su juicio, más que por ausencia de “aprehensión”, el problema de inseguridad en Costa Rica pasa por la fase de “juzgamiento”.  Prometió impulsar una política de “cero tolerancia” en materia de corrupción en la Fuerza Pública y sobre el conflicto fronterizo con Nicaragua indicó que mantendrá una actitud prudente.

A continuación, un extracto de la entrevista.

¿Cuál es su gran  reto como nuevo Ministro de Seguridad?

-Lo primero es poner en su justa dimensión cuál es el marco de competencias y responsabilidades que tiene a su cargo el Ministerio de Seguridad Pública. Quizá el nombre de Seguridad Pública no se ajuste en el sentido estricto a lo que es nuestro marco real, funcional, de lo que tenemos a cargo. Si uno quiere comparar a la Fuerza Pública con cualquier otro servicio quizás el que más se le parece es el de Cruz Roja. Va desde el punto de un accidente a una sede hospitalaria. Nosotros es exactamente la misma labor: llevamos desde el sitio de un evento criminal a su presentación, a disposición judicial, a una persona sobre la cual supuestamente recae una sospecha de haber cometido un delito. Funcionalmente nuestra policía tiene una labor preventiva, es decir, que su presencia en vía pública sirve para disuadir la comisión de actos criminales.

Lo segundo es poder actuar infraganti durante la comisión de un  delito. Es después del acto concreto de la comisión del delito que entramos en el escenario del Poder Judicial. Después del delito el escenario es cien por ciento de los tribunales. Si nosotros podemos intervenir en ese escenario es como auxiliar del Poder Judicial.  Me ha tocado en estos primeros días responder preguntas muy curiosas de gente que cree que el Ministro de Seguridad es el encargado del tema total de la seguridad. Siento que Costa Rica tiene sobredimensionado lo que es el ámbito de trabajo de este ministerio y eso no permite captar correctamente los otros eslabones de los cuales formamos parte.

Sabemos que hay un problema de inseguridad pública, de una criminalidad creciente, pero también sabemos que la peor criminalidad es la que se hace desde el uniforme hacia fuera.

Cables filtrados de la embajada de Estados Unidos consideraban a la Fuerza Pública como el cuerpo policial más corrupto de Costa Rica. Usted hizo una labor de saneamiento bastante grande en Migración. ¿Cómo analiza estas quejas?

-Yo lo que diría es que es una de las entidades más vulnerables por el rezago histórico en que ha estado sometida la estructura de policía. Tenemos un sistema disciplinario legal, nosotros tenemos 400 puntos en el país, y hacer un proceso disciplinario con las exigencias que demanda nuestro Estado de derecho implica a veces el traslado de funcionarios nuestros hasta Peñas Blancas a tomar una simple declaración que se toma en 15 minutos, el desplazamiento en cuanto a recursos de funcionarios etc.  complica la labor. Por eso, es necesario incorporar tecnología para hacer estos procesos relativamente rápidos y eficientes. Es cierto que la policía puede tener vulneración en la Fuerza Pública pero cuando usted revisa los periódicos nacionales encuentra algo que no ocurre en otros países de Latinoamérica: policías deteniendo policías.

¿Usted está dispuesto a hacer una limpieza, como en Migración?

–  Por supuesto. El escenario aquí es tolerancia cero en materia de corrupción.

Pasó un año, y si uno ve las encuestas da la sensación que la gente siente que no se ha hecho nada, pese a que seguridad fue uno de los pilares de la campaña de doña Laura Chinchilla. ¿Cuál es su apreciación y el reto que tiene?

Yo creo que pese a ser el principal tema de preocupación de los costarricenses, hemos ido simplificando tanto el tema de la seguridad que pareciera que estamos en espera de un escenario mágico en el que podamos obtener una respuesta total de un día para otro. Y esto es lo que le han venido granjeando seguidores de la política de mano dura que casualmente tienen aceptación social porque plantean un cambio de la noche a la mañana. Hemos venido tratando el tema de la seguridad bajo formatos televisivos de 30 segundos, en donde la imagen del crimen es el que domina y poco espacio se da al debate y análisis de lo que sucede. Estamos situando el espacio de discusión en el escenario más crítico del evento criminal. Entonces no hemos hecho replanteamientos sobre las causas que dentro de la sociedad se está potenciando. Pese a los problemas de botas, carros, comunicación, infraestructura que tiene la Fuerza Pública puedo afirmar que de los 15.000 delincuentes habituales que constituyen la columna vertebral, el núcleo duro del problema de inseguridad pública que afrontamos, todos, en alguna oportunidad, han sido detenidos por la Fuerza Pública. Es por motivos ajenos a nuestro ámbito de competencia que esas personas estén en la calle. Esto lo quiero plantear con todo realismo para indicar que tenemos que hacer grandes esfuerzos en Fuerza Pública;  pero invito a reflexionar sobre el eslabón completo para analizar también donde están las cuestiones.

¿Hay una especie de dicotomía entre lo que hace un cuerpo policial y lo que hacen otras instancias?

–          Sí. Me tocó estar hace un tiempo en Suramérica en un evento sobre seguridad y el reclamo de la gente hacia la policía administrativa era la no detención de delincuentes. Es decir, que los delincuentes se campeaban impunemente por espacios urbanos y nunca siquiera eran interceptados por la policía, ni para pedirles la cédula. Había una total complacencia de las fuerza policiales hacia ciertas personas. ¿Complicidad? Exactamente, sobre ciertas personas no se hacía control policial. Este no es el caso de Costa Rica. No siento que el problema de inseguridad esté en la ausencia de aprehensión, está más bien en la fase de juzgamiento.

¿Cree que es necesario hacer una revisión al marco jurídico costarricense?

–          Por supuesto y permanentemente. La ley siempre se tiene que adaptar todos los días porque actuamos frente a fenómenos dinámicos. Es también con la policía. Quiero ser muy franco con los ciudadanos que llaman para ofrecer una caseta. Yo no administro un sistema de correos, no ocupo una oficina. Nosotros damos un servicio en la calle. Si me quieren colaborar en algo que me ayuden con una patrulla, con movilización, para hacer la presencia policial en la calle.

¿Usted maneja la tesis de su antecesor, José María Tijerino, de que la policía debe estar en las calles?

–          Por supuesto, no acuartelada. Pero le agrego otro elemento: debe estar ubicada con fundamentos científicos, con mapas de criminalidad, porque esto le da sentido a la presencia. Cuando usted envía a alguien simplemente a caminar puede ser que usted camina por allá y los delincuentes están en otro lado. Hoy hay muchas cosas que ya están inventadas en el mundo de la criminalística policial. Si usted tiene un mapa de la criminalidad de su zona y sabe que determinada esquina es punto de asalto entre 5 y 7 de la noche, eso pareciera decir que como jefe policial usted debería hacer algo con su presencia policial en esa franja horaria. No observo que la presencia policial en el país obedezca a estas lógicas. El cambio en la gestión es poner un fundamento criminológico con mecanismos tecnológicos.

Pasando a otro tema. Los últimos hechos que ocurrieron en la Reforma dejan la impresión de que no fue una ocurrencia de un grupo de reclusos, sino que hubo algo planificado desde el exterior. ¿Nos está tomando el narcotráfico?

–  La hipótesis de un componente extranjero en el tema de la Reforma no ha sido descartada. Las investigaciones caminan a valorarla cada vez con mayor peso. Uno no pude esperar que aunque tenga la casa segura es todo, el barrio marca mucho. Si en nuestro vecindario es en donde se ejerce la mayor violencia del mundo no podemos esperar que ese fenómeno no nos toque y nos impacte. Estamos viendo un fenómeno internacional de desplazamiento.

Ese fenómeno de desplazamiento se está  dando a nivel centroamericano. El éxito del Plan Mérida y del Plan Colombia implicó una situación crítica para Centroamérica. Empezaron a limpiar su casa y no fue que exterminaron la criminalidad, la concentraron en Centroamérica y el Caribe. Ahora tenemos esfuerzos de países muy importantes que se están  centrando más en el norte de Centroamérica que en nosotros bajo el argumento de que ellos tienen peores problemas. Si esa es la lógica de los donantes es una lógica muy amenazante porque podría implicar el desplazamiento de esos fenómenos criminales, maras asociados a cárteles, a territorio costarricense. Y ahí sí veríamos cosas mucho peores de las que hemos experimentado hasta ahora.

¿Estamos ante una gran amenaza?

–   Estamos ante una amenaza en ciernes que no hay que sobredimensionarla ni minimizarla, sino actuar con realismo frente a ella. El primer realismo es que es de un abordaje de unidad nacional, es un tema que debe superar las banderías políticas. No soy de la posición de que el tema de seguridad es la principal promesa y única responsabilidad del Gobierno. Esto invita a que mucha gente crea que parándose en la manguera afecta al gobierno y tiene un dividendo electoral. Es como evitar que saquen agua del barco cuando se está hundiendo.

El plan Mérida daba muy poco dinero a Costa Rica, unos $2 millones. ¿Hay alguna posibilidad de que los países centroamericanos se unan y convenzan a Estados Unidos de que debe aumentar esa ayuda?

–   En nuestros intercambios oficiales lo hemos visto así.  Pero también sabemos que es nuestra responsabilidad en primera instancia. El Estado costarricense es el primer generador de su propia iniciativa. Para nosotros es muy importante ordenar el campo de la seguridad primero desde el punto de vista conceptual.

En las últimas semanas se produjeron  decomisos importantes de cocaína. Pareciera que los decomisos fueron por casualidad. ¿Es así u obedece a un esquema de investigación más profundo?

–  Todo ciudadano sabe que hay una movilidad de droga en nuestras costas, cada vez es más notorio. Si se hace un operativo, la posibilidad de interceptar droga es muy creciente.

En 15 días hábiles en el cargo se dieron cosas importantes: dos crisis de rehenes, una originada en Panamá,  la de la Reforma, donde la crisis se resuelve en tiempos reales, de conformidad a un protocolo, hemos tenido interceptaciones de drogas que deben ser entendidas en el marco de una hiperactivación de operaciones policiales en todo el territorio, más de 4.000 policías participaron de esos operativos en las siete provincias. Por supuesto que siempre hay algo de azaroso en lo que se hace en policía.

Don José María Tijerino decía que había un desfase de $250 millones en el área de seguridad. ¿Cómo hará usted sin ese dinero?

–          En migración la tuve un poco complicada. Tenía 1.500 personas llegando al día a solicitar pasaporte y la institución sólo tenía capacidad de atender a 400. Esto causaba que desde la noche anterior todo mundo hacía fila. Empezaron a aparecer los gavilanes a vender los campos, poner gorilas etc. No podía pedir más presupuesto ni funcionarios. Hicimos una apuesta que resultó razonable. Descentralizarnos digitalmente. Cedimos al Banco de Costa Rica la captura de huella y fotografías, los pasaportes se hacían en migración y se entregaba el documento por correo certificado. Todo se hizo sin un solo colón por parte del contribuyente. Estamos trabajando en asocio con instituciones públicas, pensamos en la adquisición de alta tecnología, en el ICE,  que sirva de soporte, buscamos apoyo del servicio bancario y creo que en las alianzas estratégicas con otras instituciones del sector público veo opciones de mejora. Hemos sostenido reuniones muy intensas con gobierno digital para plantear la digitalización de los servicios policiales. Vamos muy avanzados en esa línea de trabajo.

¿Cómo abordará el conflicto con Nicaragua?

-El tema de Calero está en la Corte de La Haya; hubo una victoria interlocutoria en la primera resolución, esperamos una victoria consolidada al final del proceso. Nos mantendremos muy respetuosos en este tema, incluso en nuestro abordaje discursivo, confiamos en esa victoria jurídica. Creo que el derecho nos asiste, todos sabemos que el río San Juan es el límite e Isla Portillo y Calero están de este lado.

¿Lo va a manejar con mucha prudencia?

-Sí, claro, absolutamente.

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