Muerte de trabajador nicaragüense aún sigue en el misterio

En Managua, Nicaragua Hace seis meses falleció en Costa Rica Rafael Antonio Pérez Sánchez, un trabajador nicaragüense de 26 años quien vino a trabajar

Viuda y cuatro hijos esperan en Managua alguna respuesta. 

En Managua, Nicaragua

Hace seis meses falleció en Costa Rica Rafael Antonio Pérez Sánchez, un trabajador nicaragüense de 26 años quien vino a trabajar en la construcción del lujoso Hotel Riu en Guanacaste. Hoy se desconoce con exactitud la causa de muerte de este padre de cuatro hijos, cuya viuda trata de sobrevivir en Nicaragua y espera, resignada, alguna respuesta.

El caso de Pérez trascendió a la prensa costarricense luego de su deceso, registrado el 13 de noviembre del 2008. El obrero trabajaba en la construcción de lo que será un lujoso Hotel Riu, de capital español, en Matapalo de Sardinal, en la provincia de Guanacaste.

Rafael Antonio Pérez murió acostado en una covacha que no cumplía con las condiciones mínimas de salubridad, tras cuatro días sin comer y con vómito, de acuerdo con testimonios de sus compañeros de trabajo.

Tras conocer el caso, UNIVERIDAD viajó a la zona y publicó el reportaje titulado “Guanacaste construye su riqueza con miles de manos pobres” el pasado 14 de enero en su edición No. 1788.

La crónica periodística puso en evidencia las precarias condiciones que enfrentan los trabajadores de la construcción en los megaproyectos turísticos que se construyen el Pacífico norte de Costa Rica y relató con testimonios cómo estas personas, muchas migrantes nicaragüenses, enfrentan condiciones laborales de alto riesgo.

Cabe destacar que UNIVERSIDAD solicitó en Guanacaste una entrevista con algún representante de los empresarios, pero uno de los administradores del proyecto, que se identificó como Leonel Vargas, rechazó la posibilidad de concertar una cita en el lugar o posteriormente en San José.

La historia provocó que en febrero viajara a Costa Rica un equipo de periodistas españoles residentes en las Islas Baleares, integrado por Mercè Pinya y Nuria Vila-, quienes realizaron entrevistas para un documental de televisión con carácter privado.

Tras la muerte del trabajador, la Ministra de Salud, María Luisa Ávila, dijo que como parte de la autopsia se envió un análisis de cultivos virales al Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) en Atlanta, Estados Unidos.

Sin embargo, casi seis meses después estos resultados dieron negativo para los virus Erlichia, Hantavirus y Adenovirus, por lo cual sigue sin saberse con exactitud de qué y por qué murió el trabajador. (Ver recuadro “Crónica de una autopsia”)
No obstante, la Ministra de Salud, María Luisa Ávila, había adelantado en enero pasado que el obrero presentaba una congestión en los pulmones, lo que hace suponer que falleció por “un proceso respiratorio causado por una bacteria o virus”.
Mientras tanto, Teresa Guadalupe Chamorro, de 25 años y madre de cuatro hijos, recibió el cuerpo de su marido en una bolsa plástica en la frontera de Peñas Blancas y hasta el día de hoy espera alguna respuesta de los patronos de su pareja, de quienes no ha recibido un solo centavo. (Ver entrevista “Nunca pensé que hubiera gente tan sin corazón”)

UNA DEMANDA QUE NUNCA SE PRESENTÓ

El pasado 10 de diciembre, la Ministra de Salud, María Luisa Ávila, participó en la mesa redonda “El otro lado de la opulencia: trabajadores de la construcción en el auge turístico de Guanacaste”, realizada en el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Costa Rica.

En esa ocasion, la funcionaria aseguró: “Estamos preparando la demanda” contra las empresas españolas y contra el grupo desarrollador Riu por incumplimientos sanitarios y por “mentir” a las autoridades.

La titular se refería a las empresas desarrolladoras del proyecto en Costa Rica: S.F. Costa Rica Hotelera de Guanacaste, Constructora de la Costa Pacífica (CCP), Ingeniería y Construcción ICON y la Constructora Matapalo DCR, según reveló una inspección realizada por la Oficina de Migraciones Laborales del Ministerio de Trabajo.

“A quienes les tenemos que caer es a los desarrolladores (del Hotel Riu) porque la responsabilidad no se delega”, enfatizó la Ministra.

Avila recordó en ese momento que el Ministerio de Salud pidió cerrar los baños, las covachas, la zona del comedor y la cocina por las malas condiciones sanitarias y encontró que, de los más de 1.500 obreros, solo “353 empleados tenían seguridad social”.

“Ellos (los constructores) mintieron y estaban metiendo en las covachas más gente”, declaró la Ministra el 10 de diciembre, aunque, en enero, las empresas corrigieron los errores y el proyecto reanudó la construcción.

Sin embargo, el ímpetu para demandar que la Ministra mostró en diciembre se redujo en abril, cuando la funcionaria aclaró a UNIVERSIDAD: “No hay, aparte de lo que ya se hizo, fundamento legal para acusar a los dueños o administradores del hotel”.

“Como le decía en una ocasión anterior, lo que se envía al CDC es más que todo por completar el caso, ya que, independiente de lo que salga (Erhliquia, Hantavirus, virus hemorrágico, virus sin nombre, etc.), no tiene que ver con las condiciones del lugar, sobre todo luego de que, desde el punto de vista de investigación epidemiológica y clínica, se descartó un brote”, explicó la funcionaria.

La Ministra pidió que esa información le fuera consultada directamente a Ronny Stanley Muñoz, Director de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Salud, quien dijo a UNIVERSIDAD que no es posible establecer algún tipo de demanda contra los desarrolladores del proyecto porque “la demanda no era por la muerte de esta persona sino por deficiencias físico-sanitarias que ellos corrigieron”, por lo cual “no hay demanda que interponer”.

DEFENSORÍA SIGUE EL CASO

La representante del Área de Calidad de Vida de la Defensoría de los Habitantes, Sandra Li, dijo a UNIVERSIDAD que esa entidad tiene un expediente abierto sobre el caso ante una denuncia presentada por la Unión de Empleados de la Caja Costarricense del Seguro Social (UNDECA).

“Recibimos una denuncia de UNDECA en la que cuestionaban a la Caja, al Ministerio de Salud y al Ministerio de Trabajo por las condiciones generales del proyecto, así como la parte físico sanitaria y la parte de aseguramiento y de  permisos laborales”, dijo Li.

Agregó que ya recibieron informes del Ministerio de Trabajo y del Ministerio de Salud en los que se afirma que el proyecto está en regla.

“El seguimiento que le hemos dado es que han estado cumpliendo las órdenes sanitarias”, dijo Li, quien destacó que aún no ha recibido los resultados de la autopsia.

Sin embargo, la funcionaria aseguró que, al parecer, “el muchacho ya traía alguna dolencia (de Nicaragua), pues los informes reportan que los otros trabajadores no tenían ninguna relación (con la enfermedad por la cual falleció)”.
Consultada sobre si la viuda de Pérez debería recibir algún tipo de indemnización, Li dijo que no debería recibir “otro tipo de pago, más que el salario que Rafael tenía”.


Crónica de una autopsia

Desde diciembre del 2008, UNIVERSIDAD ha tratado de conseguir los resultados de la autopsia de Rafael Pérez Sánchez mediante solicitudes por escrito dirigidas directamente a la Ministra de Salud, María Luisa Ávila.
Al día de hoy, se desconoce con exactitud la causa de muerte de este trabajador nicaragüense.
A continuación, una cronología de las respuestas de la Ministra Avila a este semanario:

7 de enero 2009

Estoy a la espera de que la medicatura forense envíe el informe final oficial y las muestras del CDC. Espero estén a fin de este mes. Estas se reportan al INCIENSA.

17 de febrero 2009

Los resultados del CDC aún no están listos, la gente del INCIENSA lo mandó a pedir de nuevo ayer.
El resultado de la autopsia practicado por el OIJ me llegó el 11 de febrero ante mi solicitud escrita del 21 de enero y dice así:
“Causa de muerte hemorragia masiva, de la cual no se puede descartar una causa infecciosa que no fue detectada con las pruebas de laboratorio por lo súbito del mismo y que no permitió el desarrollo de anticuerpos en cantidad necesaria para su detección.
Se descartaron causas traumáticas, tanto físicas como toxicológicas de dicha hemorragia”.

9 de marzo 2009

Aún no los tengo (los resultados de la autopsia). Copio a la Dra. Patricia Allen, directora del INCIENSA, para que en cuanto lleguen se los envíe.

20 de abril 2009

De nuevo copio a los encargados de sus preguntas para que le den respuesta a las mismas. Con la Dra. Allen hablé hace un par de días y me dijo que aún no estaban las pruebas del CDC.
En este caso, hay que entender que el CDC hace una colaboración gratuita y por ende, no podemos presionarlos a menos que sea una amenaza a la salud pública, cosa que no es, ya que existen los resultados de la autopsia practicada por el OIJ, que pasé en cuanto yo la tuve disponible.

Respuesta del INCIENSA

El 20 de abril, Elizabeth Saénz del Centro Nacional de Referencia de Virología del INCIENSA envió a este Semanario copia de la respuesta del CDC de Atlanta ante una solicitud de Costa Rica para identificar Erlichia, Hantavirus y Adenovirus que se sugirieron para la autopsia  No. A-082835 de Rafael Pérez Sánchez.
La respuesta, suscrita por Christopher Paddock del CDC asegura que “desafortunadamente, todos los exámenes dieron negativo”.
Paddock añade que en ese momento está finalizando el reporte, al igual que el de otros 14 pacientes y que lo enviará a Costa Rica la semana siguiente.


Teresa Guadalupe Chamorro:

“Nunca pensé que hubiera gente tan sin corazón”

Con 25 años y cuatro hijos a cuestas, Teresa Guadalupe Chamorro vive en un barrio humilde de Managua donde trata de sobrevivir y se esfuerza por entender la muerte de su marido.

Rafael Antonio Pérez Sánchez, tan sólo un año mayor que ella, viajó a Costa Rica para trabajar en la construcción de un hotel en Guanacaste con el fin de ganar dinero para sacar adelante a su familia.

A los 18 días de estar en Costa Rica, el muchacho falleció sin que, hasta el momento, su viuda haya recibido algún tipo de comunicación, disculpa o apoyo económico por  parte de quienes lo contrataron o por parte del Estado costarricense o nicaragüense.

Pérez dejó cuatro hijos: Justin Rafael, de siete años; Jade Guadalupe (6), Raúl Urías (4) y Mía Aisha (2).
Ahora, con sus cuatro niños, Chamorro trata de salir adelante pintando uñas, lavando ajeno y recibiendo una mínima ayuda de sus familiares.

Sentada en su humilde vivienda, en el barrio David Tejada, al sur de Managua, conversó con UNIVERSIDAD para hablar de su incierto futuro.

¿Cómo se enteró de la muerte de su esposo?

-Acá vino el amigo que se lo llevó a Costa Rica para avisarme.

Entonces, ¿a usted no le avisaron de la empresa?

-No, el muchacho, Felipe, vino. A él lo había llamado de Costa Rica otro muchacho que se llama José Adán Miranda, que también es nicaragüense, y le dijo que Rafael había fallecido.

¿Qué hizo usted al conocer la noticia?

-Cuando él me lo dijo así, yo no le creí. Luego, yo conseguí el número de teléfono del jefe (cuyo nombre no recuerda) y lo llamamos, pero él dijo que no era cierto, que no había ningún muerto ahí.
Sin embargo, la mamá de Rafael estaba intranquila y me dijo que volviéramos a llamar para estar seguros.
Al llamar por tercera vez ya el señor nos dijo que sí era cierto, que él había estado fuera del proyecto y no lo sabía, pero que Rafael Antonio sí había fallecido.

¿Cómo hizo para trasladar el cuerpo?

-El jefe estuvo comunicándose continuamente con nosotros para que fuéramos a traer el cuerpo.
Después, dijo que mandáramos a Costa Rica a alguien de confianza porque él nos iba a entregar un dinero que Rafael tenía guardado entre sus cosas, su pago y su indemnización.
La que se atrevió a ir, porque tenía sus papeles en regla, fue una tía de Rafael que había trabajado en Costa Rica.
Pero la hizo ir en balde porque cuando llegó allá y llamó por teléfono al señor, él le dijo que lo esperara un momento y le pidió que lo volvieran a llamar en diez minutos.
Esos diez minutos nunca llegaron, porque el señor nunca volvió a contestar.
Solo se comunicó conmigo y me dijo que el cuerpo iba directo a la frontera, que lo fuera a esperarlo a Peñas Blancas.
Yo le dije que no tenía dinero, que ¿cómo iba a hacer para mandar a alguien para allá?
Él me dijo que pidiera prestado porque él me iba a reponer ese dinero.
Yo pedí prestado, pero ese dinero nunca me lo pagó él.

¿Cómo recibió el cadáver en la frontera?

-Me lo entregaron en una bolsa blanca, sin ninguna caja, sin ningún recurso de nada.
Como ellos lo traían sin caja, el Ministerio de Salud de Rivas fue el que me la consiguió, porque yo no lo podía sacar así de la frontera.
El jefe de él me dijo que me iba a ayudar en todo, pero a la hora de llegada, cuando ya estaba el cuerpo aquí, quien me lo entregó fue uno de Medicina Legal de Nicaragua y no me entregaron más nada.
Ellos nos dieron medicamentos por cualquier cosa y nos dijeron que como no sabían de qué había muerto, que no lo podíamos velar y lo teníamos que enterrar inmediatamente.
Usted viera la diferencia de como él era aquí a como regresó el cuerpo. Su pantalón era 32 y el pantalón que le puse aquí para enterrarlo fue 28.

¿Con qué dinero lo enterró?

-Con la ayuda de la gente más que todo. Los vecinos me ayudaron y los amigos del Eskimo, fábrica de helados donde había trabajado Rafael.
Ya después con un dinero que pedí prestado y luego mi mamá me ayudó a pagarlo.

¿En qué condiciones encontró el cadáver?

-El venía con un gesto en su cuerpo como si el último suspiro de vida de él había sido un dolor muy fuerte.
Yo le enderecé sus manos, porque se estaba como sujetando el estómago, y le cerré la boca y un ojo porque los traía abiertos. Venía como si se hubiera quejado fuertemente.

¿Cuánto tiempo estuvo Rafael en Costa Rica?

-Dieciocho días. No tenía mucho de haberse ido.

¿Y no le pagaron nada?

-Absolutamente nada.

¿Cómo ha sido su vida después de la muerte de su esposo?

-A raíz de eso yo he pasado muy mal la situación. Aquí vinieron unas muchachas del Canal 10 y de El Nuevo Diario a tomar la noticia y la gente me estuvo ayudando, pero después ya no.
Yo me ayudo haciendo los pies, decoro uñas. No puedo trabajar porque no tengo quien mire a los niños.
Los dos más chiquitos están en la aldea y los dos más grandes pasan conmigo después de clase.
El rato que voy a hacer los pies los dejo solos y también me ayudo lavando, planchando, lo que sea.
Mi situación ha sido bien dura. Hay días en que mis hijos se acuestan sin cenar o no tengo ni qué darles de desayunar.

¿Hasta hoy usted ha recibido alguna ayuda económica?

-No. Mi mamá llamó al jefe como a los ocho días de muerto Rafael y le preguntó: “¿Cómo va a ser mi hija con esos cuatro niños?”.
Él le dijo que ese no era su problema, que él suficiente había hecho con mandarlo para acá y que esos cuatro niños no eran su responsabilidad.

¿Usted qué piensa de toda esta situación?

-Nunca pensé que hubiera gente tan sin corazón, tan desconsiderada.
Lo digo no tanto por mí sino por cuatro criaturas que todavía siguen esperando.
El niño de cuatro años dice que su papá todavía está trabajando ahí en Costa Rica para traer reales (dinero), que no es cierto que se murió.
La niña dice que su papá es una estrella que está en el cielo.
Y la niña chiquita tiene dos años y a esa edad me pregunta por su papá y yo no sé ni qué contestarle.

¿Qué espera usted por parte de quienes contrataron a su esposo?

-Que me ayuden con la manutención de los niños. La segunda está desnutrida y con una fuerte infección en los riñones que se la he estado controlando ahí cuando puedo.
Cuando tengo reales (dinero) la llevo a consulta, pero la doctora me dice que tiene que tener mejor alimentación, pero yo no se la puedo dar.  A veces les doy sólo dos tiempos de comida.

Si usted no recibe algún tipo de ayuda, ¿qué posibilidades tiene de salir adelante sola?

-Las posibilidades de salir adelante serían casi imposibles.
Los niños estudian en la aldea, hay días que hasta me los llevo a pie. Ahí los atienden y les dan una pequeña merienda de arroz, frijoles y cereal.
El niño era bien gordito antes de que se fuera su papá y ahora está flaquito, porque él me dice que con la comida que le dan en la aldea no se llena.

Al día de hoy, ¿usted sabe de qué se murió su esposo?

– No, pero los de la cancillería de Nicaragua me dieron el dato de que supuestamente, fue por infección pulmonar.
Donde el trabajaba antes, en el Eskimo, les vivían haciendo exámenes de salud por ser producto alimenticio.
Los de la cancillería sacaron una constancia y salió que él jamás padeció de ninguna clase de enfermedad.
El era una persona alegre, a los niños les hace falta mucho. El salía con ellos afuera a jugar fútbol.
Nunca jamás se enfermó de una enfermedad tan grave así.
El tenía 26 años, los acababa de cumplir en octubre. Yo le decía: “Ya sos un hombre y no madurás porque solo como chiquito vivís ahí jugando en las calles”. Pero, ahora, a mis hijos les hace falta eso.

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