Negociaciones para el Concordato se encuentran estancadas: Gobierno evidencia vacío de poder en acto del 2 de agosto

En la Basílica de los Ángeles, la presidenta, Laura Chinchilla, pidió el pasado 2 de agosto  perdón por los errores cometidos en su Gobierno.Como

En la Basílica de los Ángeles, la presidenta, Laura Chinchilla, pidió el pasado 2 de agosto  perdón por los errores cometidos en su Gobierno.

Como si se tratara de una escena del Medievo, en que la Iglesia Católica imponía su poder ante los gobernantes, la presidenta de la República, Laura Chinchilla; el presidente de la Asamblea Legislativa, Luis Fernando Mendoza; y la presidenta de la Corte Suprema de Justicia, Zarela Villanueva, cedieron a la solicitud de los obispos de pedir perdón ante los feligreses que participaron de la celebración del 2 de agosto en la Basílica de Cartago, evidenciando la enorme debilidad y el vacío de poder que existe.

Durante el acto que se lleva a cabo todos los años en honor a la Virgen de los Ángeles, el obispado planteó a los representantes de los tres poderes del Estado pedir perdón a los participantes por los errores cometidos durante el Gobierno.

Este tema ha generado una serie de cuestionamientos en diversos sectores, sobre todo con las recientes declaraciones que emitió el papa Francisco, sobre la necesidad de que los Estados sean laicos, es decir, sin injerencia de la Iglesia Católica.

 

De esta situación se desprenden dos temas de gran importancia: uno es que el Gobierno, probablemente con el afán de lograr un poco de simpatía del pueblo, cede a las presiones obispales.

 

Por otro, el aprovechamiento por parte de la Iglesia para imponer su criterio y dejar claro que aún tiene poder, a pesar de que su mayor jerarca en el Vaticano fue claro en recientes declaraciones que dio en su visita a Brasil, que la convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del Estado, sin asumir como propia ninguna posición confesional.

De acuerdo con Arnoldo Mora, exministro de Cultura, excura y filósofo, es terrible que la Presidenta de la República acepte leer un texto, que ni siquiera fue redactado por su personal, es decir, que ella es eco de voz ajena.

“¿Dónde está la democracia? Se trata de una claudicación de los tres poderes; demuestra un vacío total de poder y una absoluta falta de credibilidad del Gobierno, que debe esconderse debajo de las sotanas de los curas, ante el pueblo”, criticó Mora.

Al parecer, el Gobierno considera que al pedir perdón en un acto de esta índole logrará la simpatía de los costarricenses, quienes la han criticado fuertemente por sus desaciertos y como dijo su ministro de Comunicación −Carlos Roverssi− en declaraciones a los medios de comunicación: es una manera de aceptar que las autoridades son humanos, cometen errores y los seguirán cometiendo.

Pero, aunque parezca otro simple error del Gobierno, lo cierto es que es grave que las tres cabezas de los Poderes del Estado aceptaran esa petición, pues, no se trataba de una decisión gubernamental, sino de una imposición de la Iglesia.

Según el presbítero Miguel Picado, la Iglesia no gana nada dándoles el perdón a personas que no lo están pidiendo, que fue en realidad como se dieron las circunstancias, pues nadie está creyendo que ese acto realmente fuera de arrepentimiento, ni que tengan intenciones de enmienda.

Picado enfatizó en que hubo otros dos acontecimientos que resultaron un desacierto durante la actividad: uno de ellos es que existieran vallas publicitarias en el fondo de la iglesia, dado que en su criterio, el templo es un lugar sagrado, donde no puede haber comercio.

El otro tema que resaltó fue que se pusiera la insignia de la Fuerza aérea costarricense en el resplandor de la Virgen.

“Eso es sacralizar un aparato represivo, porque evidentemente la policía es represiva; esto es muy negativo; ponerlo a la par de lo sagrado implica que el garrote policial es santo y si estamos en un proceso de militarización −como estoy convencido que estamos−, la cosa se pone seria”, agregó el presbítero.

En su criterio, estas tres cosas hay que verlas en un mismo contexto e hizo referencia a la cita bíblica del Génesis, en la cual Esaú le cambió a Jacob su progenitura, su herencia, por un plato de lentejas. “Cuando la Iglesia se acerca tanto al Estado esto es lo que hace, se vende por nada”.

Por otro lado, hay que recordar que en estos momentos se encuentra en la corriente legislativa una propuesta para modificar la Constitución Política y convertir a Costa Rica en un Estado laico, lo que daría al traste con este tipo de acciones por parte del Gobierno.

“Este tipo de acontecimientos no se deben confundir con decir la verdad, ni echar incienso a la Presidenta, porque el nivel de impopularidad de todo el sistema político de este país está en puntos elevadísimos. Evidentemente es una estrategia, pues al verse despojados se esconden en la figura de los sacerdotes y los obispos pusieron a los tres Poderes a comer de su mano”, reprochó Mora.

Aunque las autoridades de la Iglesia Católica aprovecharon el contexto de la celebración para ser reconocidos como la religión del Gobierno, lo cierto es que emitió fuertes críticas a los hechos que se han dado durante la administración de Chinchilla.

Para Mora, la culpa de esto es fundamentalmente de la clase política que claudicó y aprovecha este tipo de escenarios para pedir perdón, como si la toma de decisiones de un país se basara en actos de fe. Como resultado, de no mostrarse ese arrepentimiento con hechos tangibles, es una burla más, no solo al pueblo, sino a los sentimientos y creencias religiosas de una gran porción de costarricenses, acotó.

Por otra parte, el gobierno de Costa Rica está negociando desde el año pasado un acuerdo (término que prefieren usar, en vez de “concordato”) con el Vaticano, para actualizar las relaciones entre ambos Estados, pues el vigente es muy viejo, como reconoció el ministro de Relaciones Exteriores y Culto, Enrique Castillo, en entrevista con UNIVERSIDAD meses atrás.

En este sentido, se consultó nuevamente a la Cancillería sobre el estado de las negociaciones, sobre todo en el marco de los cambios que se han venido generando con la entrada del papa Francisco; sin embargo, en la oficina de prensa aseguraron que se encuentran estancadas a raíz del reciente cambio del máximo jerarca de la Iglesia.

También hicieron énfasis en que no se trata de un concordato, sino solamente de un proceso de conversaciones, en el cual no se incluye el tema del Estado laico, por ser un asunto exclusivo de la Asamblea Legislativa.

 


Revolución estructural de Vaticano no se asoma a Costa Rica

Mientras que en el Vaticano se experimentan grandes cambios estructurales, los cuales responden a las transformaciones en la sociedad del mundo occidental bajo un proceso de secularización, la Iglesia Católica de Costa Rica mantiene sus férreas posiciones y hace caso omiso a las disposiciones de sus jefes.

Los cambios que se vienen gestionando en la Iglesia Católica demuestran que el sistema antiguo ya no es eficiente; en la era de la información las personas ya no creen en una verdad única y reconocen en los gobiernos, las iglesias y los bancos, grandes mentiras y pierden credibilidad.

En un inicio la Iglesia tenía establecido que el ejercicio del poder no era democrático, sino centralizado; pero, ahora se ve obligada a abrirse al mundo, no solo a que la escuchen, sino oír a la gente y entender las cosas que se vienen transformando.

Con la renuncia del papa Joseph Ratzinger se hizo evidente la necesidad de este cambio y el nuevo Papa ha iniciado una revolución, relacionada con el ejercicio del poder, que se practica con gestos y palabras. Se negó a vestirse como príncipe y se propuso ser más sencillo, actuar directo con la gente, ejercer un liderazgo de coordinación y no de autoridad,  para ganar credibilidad.

“Se trata de escuchar y crear una nueva comunidad, iniciar un proceso de diálogo con las otras iglesias; prueba de ello es que la primera reunión que tuvo el Papa fue con el Presidente de Israel. Están reconociendo que las sociedades son pluralistas”, analizó Arnoldo Mora, excura y filósofo.

No obstante, al parecer la Iglesia costarricense solamente logró cambiar la misa a español, volver los altares al frente y que sus sacerdotes usaran camisetas; pero, en materia de apertura, de aceptar los Estados laicos, la diversidad sexual y otros temas de gran trascendencia, los cambios no se han dado, criticó.

Para el presbítero Miguel Picado, lamentablemente la línea que se está desarrollando en la Iglesia desde el Vaticano, la Iglesia en Costa Rica no la sigue todavía.


 

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