Otto Pérez, el general que cayó sin golpe

El general que logró sortear las acusaciones por asesinatos y desapariciones durante la guerra civil en Guatemala, ahora enfrentará a la justicia señalado por corrupción

A lo largo de su carrera militar en Guatemala, el general Otto Pérez Molina supo bien lo que era un golpe de Estado: apoyó aquel de 1985 que terminó con el mandato de Ríos Mont y se opuso al autogolpe de 1993 que intentó Jorge Serrano.

Al primer militar elegido presidente democráticamente en la historia de Guatemala no lo tumbó un golpe sino la justicia; tuvo que renunciar al verse expuesto en un caso de corrupción investigado por la Comisión de Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), que también se llevó presa a su vicepresidenta, Roxana Baldetti.

Fueron las semanas de presión que ejerció la sociedad guatemalteca sobre sus órganos políticos y de justicia las que construyeron el camino para la renuncia del presidente que una y otra vez dijo que no iba a dimitir, tras insistir en su inocencia.

El 8 de septiembre se ordenó prisión preventiva contra el expresidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, acusado con cargos de corrupción.
El 8 de septiembre se ordenó prisión preventiva contra el expresidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, acusado con cargos de corrupción.

JEFE DE INTELIGENCIA

Otto Pérez Molina inició su formación como militar en 1966, en la Escuela Politécnica, donde se graduó con honores y fue escalando posiciones en el Ejército de Guatemala. Su formación se complementó luego en la tristemente célebre Escuela de las Américas (del Comando Sur de los Estados Unidos) donde aprendió tácticas de contrainsurgencia e inteligencia militar.

Pérez también estudió en el Inter-American Defense College de la Organización de Estados Americanos y en los 90 también pasó por el Programa de Alta Gerencia del Incae en Costa Rica.

En su etapa militar, Otto Pérez Molina logró sortear las acusaciones relacionadas con las muertes y violaciones a los derechos humanos que dejó el conflicto armado en Guatemala durante 36 años, con un saldo estimado de 200.000 muertos y 45.000 heridos.

Siendo mayor del Ejército guatemalteco, Pérez Molina apoyó el golpe militar encabezado por el general Óscar Humberto Mejía Víctores, quien tomó el lugar del general Efraín Ríos Mont como presidente del país en agosto de 1983.

Para 1987, Pérez había alcanzado el rango de coronel y fue ascendido a jefe del Estado Mayor del General Héctor Alejandro Gramajo, cuando este escaló como ministro de Defensa.

Sin vacilaciones, rehusó acatar el autogolpe autoritario del presidente civil, Jorge Antonio Serrano Elías, que dos años atrás le había confiado un puesto clave del alto mando militar, la poderosa Dirección de Inteligencia (D-2) del Estado Mayor de la Defensa Nacional (EMDN). De tenebrosa reputación entre los numerosísimos guatemaltecos que por sus ideas o sus actividades habían estado en el punto de mira de la violencia estatal y paraestatal, la D-2 era una de las secciones del aparato castrense más asociadas a la represión en tiempos de guerra interna, así como a las turbias conexiones entre el Ejército y el crimen organizado.

Pérez fue uno de los opositores al intento de “autogolpe” que pretendió llevar a cabo el presidente Jorge Antonio Serrano Elías, cuando este pretendió suspender la Constitución Política y clausurar el Congreso en 1993.

Posteriormente también lideró el Estado Mayor Presidencial durante el gobierno de Ramiro de León Carpio (1993-1996), además de ser el jefe de la Dirección de Inteligencia Militar (nombrado por Serrano Elías), cargos en los que ha sido señalado como responsable de cientos de muertes y la desaparición de opositores durante la guerra.

Con estos antecedentes sobre la espalda, el general Otto Pérez Molina firmó y negoció en nombre del Ejército de Guatemala los acuerdos de paz con la guerrilla en diciembre de 1996, donde firmó los 7 acuerdos sustantivos y el Acuerdo de Paz Firme y Duradera.

Con la llegada de la paz, Pérez se convirtió en Inspector General del Ejército de Guatemala y entre 1998 y 2000 integró la Junta Interamericana de Defensa en Washington.

En el 2000, Otto Pérez Molina pone fin a su carrera militar y funda el Partido Patriota, con el que en 2003 integró una coalición de partidos para impulsar hacia la presidencia a Óscar Berger, pues el exgeneral no podía candidatearse hasta cinco años después de haber salido del ejército.

Fue hasta el año 2007 que Pérez Molina logró presentarse como candidato presidencial, elección en la que llegó a disputar y perdió la segunda ronda ante Álvaro Colom, quien gobernó Guatemala del 2008 al 2012.

El exmilitar se volvió a candidatear para las elecciones del 2011 bajo el lema «Seguridad y empleo con Otto Pérez se puede lograr», pero tuvo que volver a disputar una segunda ronda electoral, esta vez ante Manuel Baldizón, al que venció con el 53,7% de los votos.

DESPENALIZAR LA DROGA

Arrastrando los estigmas que le dejó la guerra en su país, Otto Pérez Molina hizo de la despenalización de las drogas una de sus banderas ante la comunidad internacional, como alternativa a la creciente violencia que genera el narcotráfico en la región.

A lo interno, y conforme se acercaba el final de su mandato para 2016, Otto Pérez acumuló el descontento de varios grupos organizados de la sociedad guatemalteca, que explotaron tras darse a conocer los detalles del caso “La Línea”, llevando a una salida masiva de sus ministros y la acusación contra su vicepresidenta.

Las semanas de protestas y presión, sumadas al levantamiento de su inmunidad que permitirá llevarlo a juicio, terminaron por acorralar a Pérez Molina, aquel exjefe de Inteligencia que ahora deberá enfrentarse a las pruebas documentales y grabaciones de llamadas telefónicas que lo incriminan en el sonado caso de corrupción.

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