Profesores de la UCR en Limón objetan construcción de marina en isla Moín

El coordinador de la carrera, Julio Brenes, junto al profesor Raúl Rojas, presentaron sus argumentos ante el Concejo Municipal de Limón el pasado 10

La pretensión de construir una marina en Isla Moín, en Limón, ya encontró las primeras objeciones por parte de especialistas de la carrera de Turismo Ecológico de la sede de la Universidad de Costa Rica en esa provincia.

El coordinador de la carrera, Julio Brenes, junto al profesor Raúl Rojas, presentaron sus argumentos ante el Concejo Municipal de Limón el pasado 10 de noviembre, donde explicaron lo que consideran serán efectos negativos para la zona, de llevarse a cabo este proyecto.
La marina solo tiene pendiente recibir el permiso de la Municipalidad de Limón para iniciar las obras, mientras que desde hacer casi tres años se viene anunciando el proyecto en el ámbito internacional.

RIESGO AMBIENTAL

Raúl Rojas, quien además es biólogo y consultor en ecoturismo, explicó que la zona elegida para esta marina es una isla costera, separada del continente por un canal que va paralelo a la línea de la costa.
Esta ubicación plantea los primeros problemas para el entorno ambiental, ya que, de acuerdo con Rojas, la construcción requiere de rompeolas que cambiarían los patrones de balance de sedimentos en la playa, lo cual causaría erosión en un sector y acumulación excesiva en otro.
La zona también se ha identificado como sitio de anidamiento para las tortugas, tanto baula como carey (esta última en peligro de extinción), lo que contravendría los convenios existentes de protección a estas especies.
“El cambio de textura de la playa, junto a las luces y el cambio en el patrón de corrientes, puede causar que las tortugas ya no reconozcan el sitio, lo que afectaría su anidamiento”, advirtió Rojas.
El biólogo también indicó que existe biodiversidad asociada a los humedales de esta zona, como cocodrilos, caimanes y garzas, que sufrirían por el impacto de este megaproyecto, así como el tránsito de peces por la zona del canal.
“Hay un conjunto de personas de esta comunidad que hacen uso de esta biodiversidad, ya sea por la pesca artesanal, la recolección o el establecimiento de restaurantes y bares cercanos, que son visitados por la gente de Limón con  fines recreativos”, puntualizó Rojas.
Otro de los problemas que mencionó es que no hay claridad en la información disponible sobre el proyecto, en cuanto a cómo dispondrá esta marina sus aguas negras, jabonosas y demás líquidos residuales; lo que permite presumir un alto riesgo de contaminación.
La cantidad de embarcaciones que pretende albergar esta marina (cerca de 250) también representa un factor de contaminación importante para Rojas, pues asegura que no hay marina en la que no se produzcan derrames o pequeñas filtraciones de hidrocarburos.
“No podemos decir cuánta contaminación puede darse por cada factor, pero todo concentrado en una zona pequeña produce un efecto nada despreciable”, apuntó el profesor.
A su parecer, el impacto de un proyecto de este tipo puede estimarse en hasta 10 kilómetros a la redonda, lo que implicaría afectación a la isla Uvita (principal zona de corales de Limón) y otros islotes aledaños.

¿MODELO POR  SEGUIR?

Julio Brenes, coordinador de la carrera de Turismo Ecológico, criticó el modelo de desarrollo turístico que se pretende imponer a Limón con este megaproyecto, que ahogaría los emprendimientos locales.
Brenes recordó que el país ya ha tenido malas experiencias con otras marinas desarrolladas en la costa Pacífica, en las que incluso las condiciones geográficas eran más favorables para este tipo de construcciones.
“Para hacer marinas se necesitan bahías, y donde quieren hacer esta es una costa recta;  entonces tienen  que construirle una bahía. En el Caribe no existen estas condiciones, pero aún así se quiere hacer aquí la marina más grande del país”, criticó Brenes.
Este proyecto de 208 hectáreas vendría ocupar casi en su totalidad, una zona de recreo para los limonenses y cortaría toda posibilidad de un aprovechamiento comunal de este sitio. “Se establecería una actividad monopólica. Vamos a acabar con un sistema de playas para un único proyecto, cuando hay muchos microemprendimientos que pueden aprovecharlo. Es una zona ideal para desarrollar un turismo rural comunitario”, sostiene Brenes.
El académico cree que se quiere implementar en Limón un estilo de desarrollo turístico que no calza con la región, ni con la imagen de “destino verde” que pretende vender Costa Rica en el exterior.

TRABAS LEGALES

Brenes aseguró que también existen dudas sobre la propiedad de los terrenos que se pretenden utilizar para construir esta marina, ya que parte de estos se encuentran en disputa por parte de la Junta de Administración Portuaria y de Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica (JAPDEVA).
Otra parte se encuentra ubicada en la zona marítimo-terrestre, e incluso, en criterio de Brenes, la concesión de este lugar podría impugnarse por tratarse de una isla, la cual solo puede ser concesionada por la Asamblea Legislativa.
“Estamos hablando de que isla Moín se encuentra ubicada en una zona de humedales, lo cual la convierte en una reserva biológica, a lo que se le suma el hecho de que es una isla así reconocida por la cartografía oficial. Aunque la Municipalidad diera la concesión, esto se podría traer abajo en la Sala Constitucional”, añadió.
Este especialista en turismo indicó que el proyecto se ha manejado con muy poca información para la comunidad, mientras que en la Municipalidad de Limón se logró con dificultad un espacio para que estos argumentos fuesen escuchados.
Gerardo Picado, regidor del Partido Renovación Costarricense, fue el gestor de la audiencia otorgada a los profesores universitarios y a una microempresaria de la zona, que se considera como una de las potenciales afectadas por esta marina.
“Lo que hace falta para que esta marina arranque es el visto bueno del Concejo, pero con la audiencia que tuvimos el plazo se tiene que alargar, porque creo que necesitamos escuchar más argumentos”, afirmó el regidor.
Picado comentó que el proyecto cuenta con el apoyo de los regidores de los partidos Liberación Nacional y Movimiento Libertario, quienes tendrían cinco de los seis votos que requiere la aprobación de la obra.
El regidor expuso que una de sus principales preocupaciones es que el modelo de desarrollo excluyente que representa una obra de este tipo, agrave el problema social que vive Limón.
UNIVERSIDAD intentó conocer el criterio del alcalde de Limón, Eduardo Barboza, pero en su oficina se indicó que no regresaría hasta una fecha posterior al cierre de esta edición.
También se solicitó el criterio del Instituto Costarricense de Turismo (ICT) sobre las advertencias presentadas por estos académicos, pero no se recibió respuesta a la gestión realizada ante la oficina de prensa.


Proyecto millonario


Uno de los anuncios que promociona esta marina en Moín,  por Internet, asegura que se trata del “mayor proyecto turístico de la historia de la provincia de Limón”, con un costo de $450 millones.
“Este complejo residencial contará con apartamentos de lujo valorados entre $232.000 y $1.6 millones y facilidades como cine, centro comercial, farmacia, zonas verdes, playa y una marina con capacidad para 380 yates”, dice el anuncio.
La información del proyecto en la red señala que el proyecto es propiedad del Grupo Soler Pazos.


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