Silvia Ribeiro, especialista en cambio climático: Detener el calentamiento con manipulación del clima es un grave error

El mundo sufre cada vez con más fuerza los efectos del cambio climático que ha provocado el modelo de excesivo consumo y explotación industrial

El mundo sufre cada vez con más fuerza los efectos del cambio climático que ha provocado el modelo de excesivo consumo y explotación industrial del planeta, y para la experta en este tema, Silvia Ribeiro, la estrategia de las naciones desarrolladas está más dirigida a buscar “soluciones mágicas”, que a atacar las verdaderas causas del problema.

Ribeiro es directora para América Latina del Grupo ETC, el cual trabaja temas como la erosión ambiental, los derechos humanos, la biodiversidad, las tecnologías nuevas, y la concentración corporativa.

En su visita a Costa Rica como conferencista, Ribeiro sostuvo una entrevista con UNIVERSIDAD, en la que expuso su visión sobre los problemas que vive el mundo con el cambio climático y la concentración de los recursos mundiales en manos de unas pocas corporaciones.

 

Usted ha escrito mucho sobre el tema de la geoingeniería. ¿Qué es  y cuáles problemas trae?

-Es una propuesta relativamente nueva, que comprende una serie de tecnologías para hacer frente a la crisis climática. Básicamente es manipular el clima para bajar la temperatura del planeta, o para evitar que llegue tanta radiación solar.

Son propuestas de “megaescala”, como crear nubes artificiales y nubes volcánicas.  Están inspiradas en la explosión del volcán Pinatubo (Filipinas, 1991), que fue la explosión más grande el siglo pasado. Teóricamente las nubes hicieron que bajara en medio grado centígrado la temperatura del planeta durante el tiempo que duró. Entonces, quieren hacer eso mismo, pero de manera artificial.

También hay otras propuestas, como “blanquear las nubes” o cubrir los desiertos con plástico blanco, para que haya mayor reflectividad  y por tanto menos calor. Otra es la “fertilización de los mares”, que consiste en tirar algún tipo de nutriente para que crezca más el plancton y este absorba más dióxido de carbono.

Todas estas propuestas tienen una cosa en común: pretenden impactar el clima a gran escala, y por lo tanto no tienen una etapa experimental, sino que se aplica de una vez. No se sabe qué efecto puedan tener en los patrones de viento y lluvias. Por ejemplo, suena muy inocente blanquear nubes, pero en realidad se trata de llenar toda la costa del Pacífico con barcos que tiren agua salada hacia las nubes y blanquearlas, sin que se sepa qué resultado tendría.

¿Se puede contrarrestar el cambio climático de esta manera?

-Ningún caso trata de ir a las causas del cambio climático; se seguirían emitiendo gases de efecto invernadero, pero se manejarían los síntomas, en el mejor de los casos. Todo esto es muy perverso, porque significa que es una aceptación de que no se va  a hacer nada de fondo, ni cambiar las causas. Son tecnologías y propuestas que los podrían manejar pocos: los que tengan los medios económicos y la tecnología. Además, los que lo están proponiendo son países como Estados Unidos e Inglaterra, que son los que han provocado el cambio climático. Es peor que un negocio, en el sentido de que la manipulación climática siempre ha sido un objetivo de los ejércitos. Se conoce por documentos desclasificados, que durante la guerra de Vietnam se hizo llover durante nueve meses, para destruir cultivos y que la gente saliera de los escondites.

¿Se está aplicando este tipo de tecnologías actualmente?

-En el caso de la geoingeniería estamos proponiendo que haya una prohibición a nivel mundial; ya existe una moratoria en Naciones Unidas, porque se vio que podría tener tantos impactos, no solo ambientales sino en la biodiversidad, políticos y económicos.

Lamentablemente no se incluyó la manipulación climática a nivel local, que ya está generalizada para usos comerciales. Hay un caso en Ecuador donde una empresa utiliza sustancias químicas para que las nubes se desplacen, pues siembran brócoli y necesitan mucho sol para que el cultivo se desarrolle muy rápido. El problema es que dejan a las comunidades sin agua durante nueve meses, y muchos tienen que desplazarse al quedar sin sustento.

¿Qué piensa del comercio de carbono, que está tan de moda?

El hecho de que el ser humano haya podido desequilibrar el clima en solo 100 años, es algo realmente grave. Ante esto una de las “soluciones” propuestas ha sido el utilizar nuevas tecnologías, y la otra es pensar que se puede solucionar por medio del mercado, en un pensamiento que es casi “mágico”. Entonces, una empresa que tiene emisiones muy altas, le paga a alguien que tiene una zona de absorción de carbono, y la empresa puede seguir haciéndolo, siempre y cuando esa zona no se toque; pero, básicamente no cambia nada, pues la empresa sigue contaminando.

El comercio de carbono tiene un aspecto más perverso: esos bonos de carbono pueden ser negociados en un mercado de carbono y puedo pagar $100 por un bono, pero inmediatamente los puedo vender por $130 o $150 a otra empresa, y esa empresa se lo puede vender a otra. Es una mercado especulativo por naturaleza, y de hecho hay ya vendidos más bonos de carbono que la cantidad que teóricamente el planeta puede absorber. Costa Rica es citada con frecuencia como precursor de estos mecanismos, por medio del pago de servicios ambientales, aunque no es directamente comercio de carbono, es un antecedente.

¿Hay una mercantilización de la conservación de los recursos naturales?

-Costa Rica es un precursor en lo que respecta a obtener beneficios financieros con temas como los servicios ambientales; también fue precursor de los contratos de bioprospección en el mundo. Fue la primera en firmar un contrato para catalogar 100 especies vegetales de las zonas de diversidad, con la empresa Merk Sharp & Dome, y más tarde con otras empresas como Diversa Corporation.

Hoy llego a Costa Rica y veo al INBio en una situación económica bastante lamentable, porque el negocio era que se iba  vender el conocimiento de la biodiversidad, y eso se iba a usar para conservar, pero no se dio.

¿Son los biocombustibles una alternativa para reducir las emisiones de carbono?

-Lo cierto es que el aumento de los agrocombustibles no ha significado de ninguna manera una disminución en el consumo de combustibles fósiles; en muchos casos lo ha aumentado.

Por ejemplo, el hacer combustibles fósiles con maíz está comprobado que tiene un efecto energético negativo, pues para hacer un litro de etanol, se necesita litro y medio de petróleo. Un informe del Banco Mundial muestra que en la crisis alimentaria mundial del 2007 y 2008 y el aumento del precio de alimentos, el 75% de las causas tiene que ver con la derivación de alimentos para hacer combustibles.

El haber pensado que usar cultivos era una solución para sustituir combustibles fósiles, fue un mito. Se creó un mercado que elevó los precios de los alimentos y tampoco hay una sustitución del uso de combustibles fósiles. Las élites del mundo consumen el 80% de los recursos, y todo el resto consume el 20%. Lo que tenemos que cuestionar es eso:   en lugar de estar haciendo geoigeniería o servicios ambientales especulativos, ninguno va a las causas.

¿Cree que pueda haber mejores resultados en la Cumbre de Río+20 que se celebrará el próximo año?

-Estas cumbres resultan en algo peor que nada; van a una mayor mercantilización de la naturaleza y un mayor cuestionamiento de los sistemas democráticos multilaterales; es extremadamente perverso. Dan la idea de que el diálogo multilateral no tiene sentido, y por eso vamos a apostar por la geoingeniería, y los países elegidos son los que van a elegir; eso sucedió en Copenhague y Cancún. Creemos que la conferencia de Río podría tomar medidas, pero lo que se busca es validar la llamada “economía verde”, pero sin tocar la economía del petróleo y validando estos instrumentos de comercio de carbono que solo aumentan el consumo.

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