Un polaco afincado en Costa Rica

Marek Adamski, un polaco de 47 años, dejó su tierra natal y familia materna para venirse a Costa Rica a construir la propia. Marek

Marek Adamski, un polaco de 47 años, dejó su tierra natal y familia materna para venirse a Costa Rica a construir la propia.

Marek Adamski dejó su familia y amigos en Polonia para venir a una tierra desconocida a desarrollar su proyecto de vida.

Amante de las flores, las plantas, las montañas, el baloncesto y la nieve, Marek Adamski no se arrepiente de haber dejado todo lo que tenía en Polonia, para llegar a Costa Rica con su esposa tica, con quien contrajo nupcias meses antes.

Precisamente el Día de la Raza – el 12 de octubre – cumple 21 años de haber salido de su tierra natal, después de graduarse y casarse con  Kattia Mora, hija de Manuel Mora, y  oriunda de  Quepos,  quien realizaba estudios en la misma universidad que él.

Su proyecto de vida es su familia, pues aseguró que ya tiene todo lo necesario para vivir bien y considera que cuando se encuentra la felicidad  se debe trabajar para mantenerla. Manifestó que mucha gente se pasa la vida trabajando para tener cada vez más y no se detiene a disfrutarlo.

Marek  ama a su esposa y a sus tres hijos, Marek, Krzysztof (Cristóbal) y Joan  Pawel (Juan Pablo), el menor de los tres, quien lleva el nombre de  Juan Pablo II porque nació en Polonia durante una visita del Papa.  «Fuimos allá para el nacimiento, porque el primero nació aquí y el segundo en Canadá, pero todos tienen la nacionalidad tica y polaca», explica.


De 1.90 metros de estatura y ojos verdes, Marek disfruta de la vida en familia, tanto en el hogar como de viaje, ya sea para conocer lugares nuevos o ir a esquiar. Todos los años realizan algún viaje, así han conocido casi todos los países de América y Europa, además de Turquía, Marruecos y Argelia.

Su pasatiempo es practicar baloncesto dos o tres veces por semana, práctica iniciada en Polonia que luego continuó en suelo tico, primero en el Asturias de Puntarenas y luego con el equipo de Maxi baloncesto  que dirige Osvaldo Pandolfo, el cual representó a Costa Rica en el mundial realizado en Eslovenia; en noviembre participará en los Juegos Latinoamericanos que serán en Chile.

Estas prácticas las aprovecha para compartir ratos  con sus hijos, quienes gustan del baloncesto, del cual también fue árbitro por mucho tiempo.

Al preguntársele cómo fue la llegada a este país, respondió que al principio  le costó mucho, pues carecía de familia, amigos y compañeros. También extrañaba el clima, la comida, la gente.

«Uno se siente abandonado, las fechas especiales afectan bastante porque se quiere estar cerca de la familia materna. Durante siete años no los  vi, por falta de  recursos para el viaje. Ahora si los podemos visitar cada año.

TAREA COMPARTIDA

«Cuando tuvimos nuestro primer hijo no teníamos dinero ni para una lavadora, por eso me tocó lavar las mantillas a mano. No me asustó porque en Polonia gustaba mucho de ir de viaje, especialmente a la montaña, y tenía que lavar la ropa sobre una piedra. A mi suegra le sorprendió que  yo realizara esa tarea y todavía hoy a mis amigos les sorprende cuando saben esto, porque aquí lo ven como una tarea de mujeres; en Europa los hombres no lo vemos así», explicó.

Agregó que allá cuando la mujer  tiene un bebé, el hombre se ocupa de los pañales; las tareas del hogar se comparten porque son responsabilidad de los dos.

«Aquí los varones que tienen pareja andan con otras mujeres, lo cual es una práctica muy generalizada, pero allá cuando uno decide conformar una pareja, es para desarrollar un proyecto de vida. Los ticos no entienden cuando les digo que yo prefiero quedarme en casa con mi esposa que irme con ellos de fiesta con mujeres desconocidas».

Alegó que la gente aquí tiene otras costumbres, otras prácticas, otra manera de ser.  Una de las cosas que le sorprendió a su llegada a Costa Rica fue la impuntualidad, la «hora tica», que no significa otra cosa que llegar tarde media hora o más.

«Para mí fue difícil adaptarme, por eso nos fuimos a Canadá, donde residimos dos años, pero decidimos volver porque en Edmonton – provincia de Alberta- hacía frío durante seis meses, 40 grados bajo cero y no aguantamos», relató.

Al regresar se integró a la Universidad de Costa Rica como profesor en la Escuela de Educación Física, posteriormente laboró en el Colegio Metodista y en el Humboldt, donde dio clases a Claudia y Sylvia Poll, afirmó. Como persona sencilla que es, reconoce y agradece  el apoyo que le dieron sus estudiantes con el español, el cual no hablaba muy bien.

Luego abrió varias  sodas y restaurantes que atendía junto con su esposa, y por último construyó el Hotel Ave del Paraíso, ubicado 100 metros este de la entrada de la UCR, por la Facultad de Derecho.

«Al principio atendíamos a la clientela nosotros dos, tuvimos que aprender a hacerlo todo, porque no teníamos recursos para contratar personal. Ahora estamos bien».

Marek aseguró estar contento con su hotel y su familia; no tiene planes de regresar a vivir a Europa, aún cuando extraña el buen vodka y el pan polacos, el cual hace en su casa, pues no puede faltar durante el desayuno.

«Aquí no hay buen pan, no saben hacerlo, usan poco centeno. Allá una panadería es como una boutique donde se puede encontrar  todo tipo de productos, además siempre fresco. Lo primero que hago cuando voy a Polonia, es disfrutar de un buen pan», expresó.

La  diferencia en las costumbres alimenticias fue uno de los obstáculos que enfrentó Marek  con el cambio, pues en esa época no podía conseguir los ingredientes necesarios para darle a los alimentos el gusto al que estaba acostumbrado.

Ahora ya se venden aquí productos  importados de Polonia, Alemania y España, que le permiten darse ese gusto, especialmente en fechas especiales como la época navideña, durante la cual se preparan doce platos. «Nosotros preparamos solo seis para cenar en familia, pero siempre se pone un plato más a la mesa por si alguien toca a la puerta en ese momento».

Una de las comidas típicas es el «bigos», que se prepara a base de  repollo agrio con diferentes carnes y hongos que se cocinan a fuego muy lento durante tres días  y posteriormente se ponen a congelar, pero se recalienta para servirlo.  También se usa durante la temporada de caza y en las bodas.

Marek es parte de la asociación de polacos de Costa Rica, la cual agrupa a unas cien personas. Consultado sobre su ideología política, afirmó  de inmediato que de esta, de religión y de fútbol solo se habla en familia. «Soy ciudadano costarricense desde hace  doce años y cumplo con ir a emitir el voto  en todas las elecciones presidenciales, pero no me gusta la política».

«Mi esposa dice que soy más tico que muchos ticos, pero no me agrada como se manejan temas como la política, la religión y el fútbol, por eso no los discuto en público, para no perder amigos, concluyó.

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