Una llamada de atención al bipartidismo

Como una llamada de atención ciudadana al bipartidismo y al sistema político, podría calificarse el resultado de las elecciones del pasado

Como una llamada de atención ciudadana al bipartidismo y al sistema político, podría calificarse el resultado de las elecciones del pasado domingo 3 de febrero cuando más del 56% de la población costarricense con posibilidades de emitir el sufragio votaron por partidos emergentes o no acudieron a las urnas.

Por primera vez en la historia nacional, será en una segunda ronda electoral, por efectuarse el próximo 7 de abril, cuando se defina quién será el nuevo presidente de Costa Rica.

Paradójicamente serán los partidos tradicionales Unidad Social Cristiana (PUSC) y Liberación Nacional (PLN) los que se enfrentarán de nuevo en su lucha por alcanzar la silla presidencial, en un proceso donde se evidenció el hartazgo de los ciudadanos por las campañas sucias, los mensajes prefabricados por estrategas en mercadotecnia y la poca credibilidad de las propuestas partidarias.

Si la certeza de ir a una segunda ronda fue una sorpresa, lo es más el aumento del abstencionismo, que contradijo las predicciones de los medidores de la opinión pública y los cálculos de los estrategas de campaña de los partidos políticos.

El no voto superó el 30% y posiblemente aumente en la segunda ronda si las ofertas electorales no atraen a los indecisos, a quienes no creen en el proceso electoral o bien votaron para presidente por los partidos emergentes.

 

Sorprende que con una oferta electoral tan amplia, 13 partidos con ideologías que van desde el liberalismo más recalcitrante (Movimiento Libertario) hasta planteamientos cristianos y alternativas nuevas, no lograran atraer a los indiferentes que más bien aumentaron.

Sin embargo, los medios de comunicación comerciales tienen su cuota de responsabilidad pues privilegiaron la imagen de algunos candidatos y partidos en detrimento de la discusión de los grandes temas nacionales en los debates.

Tampoco los medios supieron comprender las señales que la audiencia emitía al exigirles mayor apertura, evitar lo cosmético y permitir mayor participación ciudadana.

El proceso electoral del 2002 pasará, sin lugar a dudas, a la historia política del país, como uno de los más complejos y evidencia un quiebre en las estructuras políticas tradicionales.

UN TRIBUNAL DÉBIL

La figura del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) pareciera debilitarse al no cumplir con la función deseada de formar políticamente a los ciudadanos para ejercer un voto consciente e inteligente.

Las quejas por obstáculos para la inscripción de partidos y candidatos que hacen las agrupaciones emergentes, los problemas internos que enfrentan a los delegados del TSE con los partidos, la falta de controles reales sobre lo gastado por los grupos y sobre todo la ausencia de mecanismos eficientes sobre los montos y las personas que financian a cada partido, son algunas debilidades que se le achacan a una institución que solo aparece ante la opinión pública cada cuatro años.

La falta de preparación del TSE para enfrentar situaciones nuevas se evidenció a finales de enero, cuando finalmente ese órgano planteó la posibilidad de una segunda ronda sin que a la fecha tenga una estrategia clara de cómo, cuándo y con qué recursos se hará esta parte del proceso.

La debilidad para negociar las reformas electorales que los ciudadanos exigen y sobre todo la reducción de las libertades políticas en la emisión del voto, son problemas que bien requerirían de reformas legales, pero se podrían solventar con un papel más protagónico de los magistrados del TSE.

IDEAS NUEVAS

La simpatía del electorado hacia propuestas novedosas se hizo evidente con el apoyo inesperado a partidos como Acción Ciudadana (PAC) y Movimiento Libertario.

El primero, en tan solo 14 meses logró captar casi 400.000 votos para presidente,  eligió 14 diputados y se estima que al menos 100 regidores en todo el país.

El discurso de lucha contra la corrupción, y favorable a la protección al ambiente, a un mayor protagonismo social en la toma de decisiones, pero sobre todo el ofrecimiento de no privatizar instituciones estatales y el impulso al mediano y pequeño agricultor caló hondamente en los sectores medios de la zona urbana y en campesinos.

Sin embargo, la falta de experiencia y de recursos para desplazarse a los puertos y regiones más apartadas, podrían explicar por qué esa agrupación no captó más votos en esas zonas.

Levantando la bandera de la dignidad, el PAC se constituyó en el espacio más temido por los partidos tradicionales al sentir que sus filas disminuían para sumarse a una propuesta que, desde el discurso ofrecía otra alternativa.

Falta comprobar si la diferencia entre las procedencias ideológicas de sus diputados y si la capacidad de diálogo y negociación hacen posible que la agenda propia del partido en busca de mayor equidad, eliminación de privilegios, cobro justo de los impuestos y la «erradicación de las corruptelas», se traducen en acciones.

El reto del PAC en estos cuatro años es hacer coherente el discurso y la capacidad propositiva con la práctica, en una Asamblea Legislativa donde la correlación de fuerzas podría ser el obstáculo más grande para construir nuevas respuestas a los problemas nacionales.

Aunque su excandidato presidencial, Ottón Solís, prometió que no habrá pactos entre su agrupación y otros partidos, se impondrá la negociación para que la fuerza de los 14 votos del PAC en el Parlamento sea efectiva.

Por otra parte, el aumento en siete veces del apoyo popular al Movimiento Libertario, es otra manifestación de la necesidad de cambio que muchos desean, aunque quizá no todos los que apoyaron con su voto a esta agrupación, conocieron el fondo de las ideas y las implicaciones que tendrán las propuestas libertarias.

Otto Guevara, su principal dirigente, reconoció incluso en la mañana del 3 de febrero que su estrategia de campaña consistió desde noviembre pasado en no hablar de sus planteamientos, sino en vender la imagen de que con más diputados era posible realizar más cambios desde la Asamblea.

Esta fracción, con 6 diputados electos,(datos al 6 de febrero) podría ser el aliado fundamental para los proyectos del PUSC, sobre todo si este último gana los comicios del 7 de abril.

El acercamiento se inició cuando Abel Pacheco y Guevara dijeron en Canal 7 el día de las elecciones que estarían dispuestos a acercar sus agendas, pues los contenidos de ambas agrupaciones son muy similares.

Habrá que ver si el PUSC estaría dispuesto a impulsar la privatización y la ruptura de monopolios que plantean los libertarios o si estos estarían dispuestos a que se destinen mayores recursos estatales para la educación, se mantengan los subsidios a los más pobres o apoyen quitar las amarras a las instituciones estatales, sin necesidad de ponerlas en manos privadas.

LOS GRANDES PERDEDORES

Si el apoyo a estas agrupaciones tomó por sorpresa a muchos, quienes no salen del asombro son agrupaciones como Fuerza Democrática, Independiente Nacional y el Agrícola Laborista, cuyos dirigentes creyeron aumentar su caudal.

Después del bipartidismo que fue duramente golpeado, Fuerza Democrática le sigue pues hace apenas 20 meses en las protestas contra el Combo del ICE, las encuestas de opinión le auguraban al menos 15 diputados.

Sin embargo, las luchas por el poder interno, la poca apertura hacia los sectores sociales y quizá el afán de protagonismo de sus candidatos, fueron los causantes de un retroceso en el apoyo ciudadano. De tres diputados obtenidos en 1998, en la próxima Asamblea no obtuvieron ninguno.

Aunque para su dirigente principal Vladimir de la Cruz, «la derrota electoral no es derrota política», la cúpula del partido deberá corregir errores cuyos efectos podrían ser históricos al desarticular una alternativa que se fortaleció en la lucha contra el Combo, pero luego se diluyó por el afán de protagonismo.

En esta primera etapa del proceso, el PLN también perdió muchos puntos, al apostar por los logros históricos para suplir la deficiente imagen de sus candidatos en la fórmula presidencial, lo cual no logró calar en el electorado.

Tampoco sirvió de mucho la manifestación de fuerza del 27 de enero ni el argumento de que detrás del candidato había un equipo sólido, puesto que su dirigencia propició el ataque personal a los contendores.

Como un búmeran que se devuelve muchos se preguntan: ¿cómo pedir los votos de los seguidores de partidos como el PAC cuando desde las filas liberacionistas se atacó a los disidentes y se minimizaron las críticas al partido?

Perdió también el PUSC al confiar en el carisma del candidato y no en llevar sus ideas a los electores. Las incongruencias en las propuestas y en la imagen de un partido fraccionado, también influyeron en el electorado que criticó, en esta primera fase, la imagen débil del candidato.

Las dirigencias del PUSC y PLN intentan digerir ahora el trago amargo de la pérdida electoral en la primera fase.

Desde el 4 de febrero los grupos empezaron a afinar las estrategias para esta fase.

Rolando Araya, por ejemplo, al aceptar la derrota en la primera vuelta, llamó a su partido a revisar las estrategias y el rumbo de la campaña. Reconoció que se cometieron errores y que era evidente la urgencia de escuchar las demandas de la ciudadanía.

Así, los cambios en el comando de campaña no se hicieron esperar e incluso el asesor de imagen Dick Morris, fue cesado el martes 5.

Las sorpresas se dieron también en el PUSC, con la diferencia de que «la sangre llegó al río» como dijo Abel Pacheco al justificar la separación de Luis Fishman de la campaña electoral (ver nota aparte).

Falta ver si con el debate de las propuestas y sin invertir recursos económicos en forma desmedida, los partidos políticos que van a la segunda ronda logran captar el voto de la ciudadanía.

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