Thomas Buergenthal: Un juez con fe a prueba de holocaustos

En el acto de entrega del doctorado honoris causa de la Universidad para la Paz, en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Thomas Buergenthal

En el acto de entrega del doctorado honoris causa de la Universidad para la Paz, en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Thomas Buergenthal fue acompañado por su gran amiga, Elizabeth Odio, exjueza de la Corte Penal Internacional.

Thomas Buergenthal fue uno de tres niños presos en el campo de concentración de Auschwitz que en enero de 1945 sobrevivieron una marcha forzada de tres días junto con millares de judíos, obligados por los soldados nazis que huían de las tropas liberadoras rusas.

Con apenas 10 años de edad ya había visto todo el sufrimiento que nadie podría imaginar. De origen eslovaco, perdió a toda su familia en el holocausto, excepto a su madre que había sido recluida en un campo de concentración en Alemania. Ella acudió a cuanta organización humanitaria y ejército pudo para encontrar a su hijo a quienes todos daban por muerto. De ella aprendió fe, esperanza, paciencia y perseverancia inquebrantable.

Emigró con ella a Estados Unidos y decidió dedicarse a los derechos humanos para contribuir a evitar que la tragedia se repitiera. Estudió derecho en Bethany College, la Universidad de Nueva York y Harvard, llegó a ser presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, juez de la Corte Internacional de justicia, decano de la Facultad de derecho de la American University en Washington D.C. y una de las mayores autoridades mundiales en derechos humanos.

Presidió la Comisión de la Verdad de El Salvador y uno de sus libros es un texto autobiográfico titulado “Un niño con suerte” traducido a 12 idiomas.

El 28 de agosto la Universidad para la Paz le otorgó un doctorado honoris causa por su labor dedicada a la protección de los derechos humanos alrededor del mundo pero especialmente en América Latina.

Este es un resumen de la entrevista que Buergenthal concedió  al Semanario Universidad.

¿Cómo mantener la fe en los derechos humanos en un mundo con tantos conflictos tan brutales e irrespetuosos de los derechos humanos?

Para la mayoría de los que hemos estamos envueltos en esto esta es una batalla en proceso no es nada nuevo, tuvimos Ruanda, el genocidio en Camboya, y ahora con internet la atención es mas fuerte en algunos de esos conflictos. Entonces, para mí por ejemplo, si me rindo porque conocemos nuevos horrores ¿cuál es el futuro?, es terrible.  Cada vez, más a menudo, hay  momentos cuando  pensamos en olvidarnos de todo esto, pero si aquellos que creemos en los derechos humanos nos rendimos las cosas serían peores. Tenemos que mantener el compromiso. Siempre digo que, con base en mi propia experiencia, si yo no mantengo la fe, ¿quien lo hará?

¿Qué aprendió de su madre, acerca de derechos humanos, perseverancia, optimismo y fe?

Lo que aprendí de ella es la increíble fe que una madre puede tener. Durante dos años ella me buscó. Cuando ella fue liberada de un campo de concentración en Alemania, ella caminó hasta Polonia y la gente le decía lo difícil que era que yo hubiera sobrevivido y algunos sabían que mi papá no había sobrevivido. Y lo que es muy impresionante cuando he leído  documentos (que he encontrado acerca de las gestiones que ella hizo hizo) fue cómo hizo ella para persuadir  a todas estas diferentes organizaciones, al Comité Internacional de la Cruz Roja, las diferentes oficinas de búsqueda, el ejército británico, para buscarme. Cuando todos le decían lo imposible que sería que yo hubiera sobrevivido,  ella siguió creyendo que yo estaba vivo. Solo una madre puede hacer eso.

¿Cómo superó todas las experiencias sufridas para  convertirse en un líder de los derechos humanos y reconocido juez internacional?

¿Sabes? Eso parecía natural para mí. Cuando uno pasa por mi experiencia uno siente una obligación de hacer algo. Yo entendería que alguien se convirtiera en médico, pero siempre fui malo en ciencias, entonces no podía hacerlo, entonces me pareció muy natural dedicarme a trabajar en este campo.  Nunca se me ocurrió que esto sería un sacrificio, sino que esta sería la forma en la que yo podría contribuir.

Cuando usted mismo ha sufrido, usted puede entender cuando alguien viene a usted y le cuenta lo que le ha pasado. Tuve esa experiencia por ejemplo, después de la masacre de El Mozote en El Salvador, cuando el único sobreviviente comenzó a hablar acerca de lo que pasó. Después de que ella terminó de hablar, tuve la sensación de que yo habría podido terminar de contar su historia. La crueldad humana no es muy creativa, es siempre lo mismo.

A sabiendas de su experiencia ¿por qué el título de su libro autobiográfico es “Un niño con suerte”?

Porque justo antes de que los alemanes entraran a Polonia, mi madre fue a consultarle a una adivina, y ella le dijo que cosas terribles le ocurrirían a mi familia, lo que en 1939 no era difícil de adivinar, porque se podía saber lo que iba a pasar, pero ella dijo a mi madre: “usted tiene un hijo y él es un niño con suerte porque nada le pasará” y  mi mamá le creyó, eso también le dio fe.

Cambiando de tema a los problemas internacionales actuales. ¿Es posible aplicar el derecho internacional de los derechos humanos a un país que ataca escuelas y hospitales de manera sistemática con el argumento de que allí, o cerca de allí, se esconden cohetes y terroristas (como ocurrió en la reciente ofensiva de Israel en Gaza)?

Entiendo a lo que se refiere.  Primero hay algo que se debe evitar.  Cuando usted está siendo atacado por misiles que vienen de un lugar, usted tiene dos obligaciones: la obligación de asegurarse de que usted avisará de que va a atacar, y la obligación de que usted está en lo cierto, y eso es algo que no creo que siempre sea posible. Pero no solo se trata dar una advertencia de cinco minutos, que no es suficiente. Entonces esta no es una situación de un solo lado. El país o el grupo que pone sus misiles en una escuela está violando el derecho internacional humanitario tanto como el país que destruye la escuela. La gente cree que es fácil, porque si usted toma solo un lado es fácil, ya sea Israel o Hamás, pero cuando usted mira los dos lados del problema esto es técnicamente muy difícil.

Cuál ha sido el impacto en el derecho de los derechos humanos el concepto de “combatiente ilegal” (que Estados Unidos ha aplicado para luchar contra sospechosos de terrorismo)

Yo estoy terriblemente conflictuado con ese concepto. Porque pienso que permite a algunos países tratar a esas personas de manera diferente a otros combatientes. Y no estoy seguro de que el concepto es uno que realmente pueda ser aceptado internacionalmente. Es algo que Estados Unidos ha estado aplicando. Hay una noción tradicional de que si usted no está en uniforme, hay previsiones de proteger incluso a esas personas, cómo deben ser tratados y demás.  Entonces la noción de que usted puede hacer cualquier cosa que usted quiera hacer con combatientes ilegales, o como quiera llamarle, es demasiado amplia para mí.

Cómo ha visto la evolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos a los 35 años de su creación y del Sistema Interamericano de Derechos Humanos?

Cuando usted ve a países atacándola usted sabe que ha estado haciendo un buen trabajo. Pero algunos países están terriblemente preocupados acerca del trabajo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y del trabajo de la Corte Interamericana y ellos dicen que desearían salirse, y eso muestra que no les gusta. No les gusta porque desearían poder  hacer lo que quieran, y violar los derechos humanos.  Entonces no estoy para nada impresionado. Debemos seguir llamando las cosas como son. A los violadores  de los derechos humanos no les gustan las cortes internacionales.

Estados Unidos no ha firmado la Convención Americana de Derechos Humanos y tampoco acepta la jurisdicción de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Cree posible que en el futuro esa situación cambie?

Siempre le digo a mis estudiantes que mi pelo canoso se debe al hecho de que, en primer lugar trabajé por luchar para que los Estados Unidos ratificara la Convención Contra el Genocidio. Esto tomó 29 años.

Hay un verdadero problema legal con Estados Unidos porque la Convención Americana de los Derechos Humanos protege la vida desde el momento de la concepción, lo que hace por ejemplo, que el tema del aborto sea un asunto muy complicado con Estados Unidos. El otro problema es que hay un fuerte sentimiento en los Estados Unidos de que no debe ratificar nada  (refiriéndose a instrumentos internacionales de derechos humanos). Soy optimista acerca de la Convención y los esfuerzos que se deben hacer para que se incorporen más países (como Estados Unidos, Canadá y buena parte de países caríbeños anglófonos). Pero en la situación actual no soy muy optimista acerca de la incorporación de los Estados Unidos.

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