Centro infantil universitario impulsa innovación educativa

La investigadora Cynthia Orozco destacó que la psicología educativa puede acompañar y enriquecer una experiencia innovadora como la desarrollada en el Centro Infantil Laboratorio

La investigadora Cynthia Orozco destacó que la psicología educativa puede acompañar y enriquecer una experiencia innovadora como la desarrollada en el Centro Infantil Laboratorio de la Sede de Occidente (foto Róger Ruiz).

Que los niños no hagan filas, que la llamen por su nombre y que tengan la posibilidad de escoger algunas de las actividades que quieren hacer son parte de los cambios introducidos en su grupo de educación preescolar.

A pesar de sus dudas, la Licda. Noylin Vargas Muñoz, docente del Centro Infantil Laboratorio “Ermelinda Mora” de la Sede de Occidente, de la Universidad de Costa Rica (UCR), decidió participar en una investigación que afectaría radicalmente su forma de trabajar.

En 2011 y 2012, la educadora formó parte del estudio Problematización en torno a una educación inicial holística, desarrollado por la M.Sc. Cynthia Orozco Castro, psicóloga que en los últimos años se ha especializado en la metodología denominada ecoanálisis.

 

Se trata de un trabajo coparticipativo e interdisciplinario para responder a las dificultades detectadas en la educación inicial. Esta es la segunda experiencia de este tipo que se lleva a cabo en el citado centro infantil universitario.

La investigación que se efectuó con un mismo grupo en los niveles I y II fue un reto para la docente, quien tuvo que dejar atrás sus formas de enseñanza y convertirse en una observadora minuciosa para poder responder a las necesidades de los infantes.

OBSERVACIÓN, BASE PARA DETECTAR NECESIDADES

De acuerdo con Orozco, con el ecoanálisis se trata de alcanzar una visión más holística del desarrollo infantil. El objetivo de esta metodología es “construir en conjunto con las docentes un modelo con más atención al proceso de desarrollo infantil, a todas sus necesidades y con una visión cultural consciente y crítica de qué es lo que estamos generando”, afirmó.

Para ello se elige un aspecto que se quiere problematizar, el cual es observado por la investigadora y por la docente, y se reflexiona sobre la coherencia entre los principios teóricos del holismo en la educación inicial y las prácticas reales.

Orozco señaló que “por la naturalización de los fenómenos humanos, tenemos la tendencia a no reflexionar sobre la forma en que las cosmovisiones y las metas de desarrollo están implícitas en las acciones cotidianas”.

Es así como docente e investigadora, con base en la observación de las necesidades de los niños y niñas, preparan los diferentes ambientes en el aula. El trabajo se empezó a realizar bajo la consigna de hacer un aporte para el desarrollo total de la personalidad.

Para Vargas, el proceso fue muy difícil al principio porque “hubo que cambiar hasta la forma de planear. Yo planeaba, antes, cada 15 días tomando en cuenta lo que yo creía que necesitaban los niños; y con este proyecto se planea cada mes y se toma como eje central las necesidades de todo el grupo”.

Agregó que tuvo que empezar a aplicar lo que sabía de una forma diferente. “La metodología me dio una forma diferente de hacer las cosas que no se enseña en la universidad. Es lo mismo pero haciendo algunos cambios; lo mismo pero dándole un papel más relevante a los niños; lo mismo pero la maestra es una facilitadora, no es quien manda”, comentó.

AMBIENTE MÁS PROPICIO PARA EL APRENDIZAJE

Tanto la investigadora como la docente aseguraron que gracias a la metodología desarrollada se crea un ambiente de aprendizaje más cercano a la realidad y más respetuoso de las necesidades de los infantes.

Vargas opinó que un cambio en la manera de trabajar tiene efectos en el aprendizaje de los niños. “Si usted tiene una forma más libre, más abierta, más tranquila de trabajar, ellos también lo notan y lo sienten”, expresó.

Para Orozco, lo anterior es un logro importante del proyecto por su impacto directo en el desarrollo de la población infantil. Añadió que al concluir la investigación, los niveles de coherencia entre lo teórico y lo práctico aumentaron significativamente. 

Los niños que participaron en el proyecto tienen mayores niveles de proactividad, son capaces de resolver sus problemas, no son pasivos y son más independientes.

Además, se percibe un logro importante en la parte de la confianza básica, “son chicos que están muy tranquilos emocionalmente, tienen una excelente disposición al aprendizaje y mayores niveles de concentración”.

La investigación confirmó que “realmente puede ocurrir un cambio en las concepciones que tenemos de lo que es aprender, y eso influye directamente en la forma en que un docente ejerce su rol y la forma en la que se relaciona con los niños. No es esa una educación en la que yo digo y usted aprende, sino en la que generamos espacios para el aprendizaje”, aseguró Orozco.

Entre tanto, Vargas destacó que el ambiente en el aula es muy positivo, ya que “ahora es más tranquilo, más pausado, se les ofrece la opción de hacer las cosas, a ellos se les nota mayor concentración, están más a gusto y aprenden más porque hacen lo que les gusta”.

Los cambios se perciben en todo –detalló–, desde la forma de hablar hasta la forma de preparar los ambientes. “Eliminamos las consignas y los murales, el aula se decora con fotos de ellos trabajando, es una forma de favorecer el sentido de pertenencia, el respeto hacia el trabajo de otras personas y de la autoimagen”, comentó Vargas.

Estos aspectos fortalecen el aprendizaje de los infantes y el trabajo que desarrollan los educadores, debido a que se trabaja más a gusto y con menos estrés.

Además de los beneficios mostrados en el proceso de enseñanza-aprendizaje, el proyecto también mostró cómo la psicología educativa puede acompañar y enriquecer una experiencia innovadora.

“El acompañamiento de la psicología educativa en este proyecto es diferente, no está basado en la figura del psicólogo como el que atiende situaciones difíciles, sino en que el rol es de acompañamiento curricular, tanto en la planificación como en la creación de posibilidades. Queremos hacer un cambio en la forma que concebimos la educación”, aseguró Orozco.

La investigadora indicó que esta es la función que debe cumplir un centro infantil universitario, de emprender proyectos innovadores que combinen la investigación, la docencia y la acción social, y que permitan mejorar los procesos educativos.

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