Exploran los secretos más guardados del golfo Dulce

Las profundidades del golfo Dulce, en la península de Osa, albergan una gran riqueza biológica que hasta hace poco tiempo era una incógnita para

Las profundidades del golfo Dulce, en la península de Osa, albergan una gran riqueza biológica que hasta hace poco tiempo era una incógnita para la comunidad científica. Adentrarse en ese mundo desconocido motivó a un grupo de biólogas de la Universidad de Costa Rica (UCR) a realizar la primera expedición submarina con ayuda de moderna tecnología.

El pasado 12 de mayo, las investigadoras iniciaron una aventura en las aguas del golfo Dulce, que las llevaría a confirmar algunas de sus sospechas y a encontrar información novedosa para la ciencia acerca de las especies, hábitats y formaciones geológicas de esta pequeña área costera del sur del país.

A bordo del submarino Deep See, de la empresa Undersea Hunter Group, las científicas lograron descender a 203 metros de profundidad, en donde pudieron comprobar el carácter anóxico del golfo; es decir, la ausencia de oxígeno en sus aguas profundas, lo que lo convierte en uno de los cinco sistemas alrededor del mundo con estas características.

A partir de las observaciones hechas en las inmersiones, en los buseos con tanque y con snorkel y mediante fotografías y videos, los datos preliminares revelan que este ecosistema marino presenta una gran diversidad de hábitats y  que la expedición efectuada es apenas una pincelada de lo que se necesita conocer en la zona.

 

Según el Dr. Álvaro Morales Ramírez, director del Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología (Cimar) de la UCR, en 1971 había solamente una publicación científica dedicada al golfo Dulce, realizada por investigadores estadounidenses.

En 1993 empezaron los estudios efectuados por nacionales, gracias a un convenio entre dicha institución y la Universidad de Bremen, Alemania, a bordo del barco Víctor Hensen. Como fruto de este trabajo, en 1996 se publicaron varios artículos científicos.

“Esa fue la primera oportunidad que tuvimos para hacer investigación sistemática en el golfo Dulce y nos dimos cuenta que es un golfo mucho más diverso de lo que se suponía. Antes escuchábamos que este sistema casi no tenía vida”, expresó Morales.

Se estima que el golfo Dulce contiene alrededor del 23% de la diversidad marino-costera del Pacífico costarricense.

RIQUEZA BIOLÓGICA

Bajo la coordinación de la oceanógrafa, Dra. Helena Molina Ureña, investigadora del Cimar y profesora de la Escuela de Biología, el grupo conformado por siete mujeres y un hombre, entre ellas una geóloga, logró realizar nueve inmersiones en el Deep See durante los siete días que duró la expedición.

Molina comentó que el fondo del golfo Dulce en su mayoría es lodoso, liso y muy suave. En su recorrido por distintos puntos, en profundidades intermedias de hasta 40 metros, encontraron pequeños parches de arrecifes rocosos de basalto (rocas que cubren el fondo oceánico) y “jardines” de algas, corales negros y octocorales.

Estos corales albergan gran diversidad y cantidad de flora y fauna. “Es un espectáculo realmente hermoso. En estos hábitats contabilizamos 43 especies de peces, pertenecientes a 27 familias distintas. Además, encontramos pulpos, camarones, cangrejos, algas rojas y una serie de organismos distintos a los que uno está acostumbrado a ver”, describió la Dra. Molina.

Además, sobresale la presencia a unos 135 metros de profundidad de una corvina pequeña, perteneciente a la familia Sciaenidae, que no sobrepasa los 20 cm. de tamaño. Esta especie sobrevive en condiciones inhóspitas con muy poco oxígeno, lo que llamó mucho la atención de las biólogas.

Aunque aún no se cuenta con mediciones precisas, se observó que la escasez de oxígeno empieza desde los 100 metros de profundidad y de los 150 hasta los 200 metros se podría hablar de ausencia de oxígeno.

Otro aspecto de gran interés para futuras investigaciones es el hallazgo en el fondo marino de bacterias en abundancia, lo que lleva a las científicas a pensar que se trata de ambientes muy primitivos, ya que estas bacterias tienen una biología similar a la de los organismos que existieron hace miles de millones de años.

En la columna de agua lograron ver tortugas marinas, delfines (residentes típicos del golfo), mantarrayas y medusas de distintas especies.

Desde el punto de vista oceanográfico, Molina se mostró muy impresionada ante la gran cantidad de materia orgánica vegetal en descomposición que se encontró, tanto en forma de partículas flotando en el agua, como “árboles enteros sumergidos en barro cerca de las desembocaduras de los ríos”.

La sedimentación es muy obvia cerca de las bocas de los ríos, agregó, lo cual aumenta la turbidez del agua y dificulta la visibilidad. Esto se debe a las malas prácticas en el uso del suelo en las cuencas hidrográficas, lo que ocasiona erosión y que el sedimento vaya a caer directamente al mar.

La científica enfatizó en que esta situación tiene un efecto en los peces y en las otras especies de organismos marinos. “Los corales necesitan espacio para capturar los alimentos de la columna de agua, pero si están aterrados de sedimento no van a sobrevivir”, advirtió.

HALLAZGOS GEOLÓGICOS

A pesar de que desde hace varios años se han realizado estudios geológicos en la península de Osa, existen diversas hipótesis en torno a la formación geológica de la zona, explicó la geóloga Marcela Barber Vargas, quien participó en la expedición científica.

Ella realiza un estudio sobre la geoquímica del golfo Dulce, que contribuya a explicar la génesis tectónica de este sitio.

Según Barber, la historia geológica de esta región es muy compleja. Está ubicada muy cerca de un punto triple, en donde convergen tres placas: Cocos, Caribe y Nazca, lo que la convierte en una zona de alta sismicidad, generalmente de bajo grado. Además, existe un sistema de fallas, posiblemente regionales, que provoca un levantamiento del área costera. “Hay evidencias de que existe un levantamiento tectónico en Osa y  Burica”, detalló.

Otro aspecto de interés para los geólogos es la investigación de varios puntos de emisión de gas metano, tanto en tierra como dentro del agua, lo que en un futuro podría convertirse en una fuente de energía alterna de baja entalpía (contenido calórico).

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