Los habitantes de las profundidades marinas

Usualmente tienen huesos y espinas frágiles, bocas muy grandes y dientes afilados que les sirven para obtener el escaso alimento disponible. La mayoría son

Usualmente tienen huesos y espinas frágiles, bocas muy grandes y dientes afilados que les sirven para obtener el escaso alimento disponible. La mayoría son tan pequeños que caben en la palma de la mano y muchos de ellos producen luz para comunicarse entre sí, así como con otros organismos.

Se conoce poco de los peces que habitan las aguas profundas del océano, que van desde los 200 metros hasta los 11000 metros. Existe escasez de estudios tanto en el norte del continente (Estados Unidos y México), como en el sur (Colombia, Chile y Perú), y no se sabe con certeza cuántas especies hay realmente en estos lugares.

Costa Rica no es la excepción. Se requieren más investigaciones acerca de los organismos que habitan las aguas profundas y los fondos marinos, que en Costa Rica alcanzan profundidades máximas de alrededor de 5000 metros.

Así lo asegura el biólogo M.Sc. Arturo Angulo Sibaja, quien realizó su tesis sobre este tema para optar al grado de Maestría Académica en Biología de la Universidad de Costa Rica (UCR). El estudio, titulado Peces de aguas profundas del Pacífico de Costa Rica: Diversidad, distribución y relaciones biogeográficas, es el primero que hace un listado de las especies en el país.

Estos peces son muy importantes para el mantenimiento del equilibrio ecológico, explicó el investigador, dado que transportan nutrientes desde aguas superficiales hasta aguas profundas y cuando suben a la superficie en busca de alimento se convierten en reguladores de poblaciones superficiales, así como alimento para otras especies de mayor tamaño.

El investigador revisó y clasificó alrededor de 10000 especímenes recolectados por dos expediciones científicas en el océano Pacífico costarricense y en la Isla del Coco, entre 1972 y 1973, los cuales se mantuvieron preservados en el Museo de Zoología de la UCR durante más de 40 años.

Estas expediciones fueron realizadas por las organizaciones estadounidenses Janss Foundation y Los Angeles County Museum, con los barcos R/V Searcher y MY Velero y, respectivamente, equipados para hacer muestreos a grandes profundidades, lo que es difícil y costoso, detalló Angulo.

Las muestras se tomaron hasta los 2200 metros de profundidad, con una red especial denominada IKMWT, en una línea paralela a la costa. Este trabajo estuvo a cargo del ictiólogo Dr. William Bussing, ex profesor de la Escuela de Biología de la UCR, y del Dr. Richard Pieper.

PRINCIPALES HALLAZGOS

El investigador de la UCR encontró 300 especies, de las cuales 140 son nuevos registros para el país, lo que significa que no habían sido formalmente listadas como parte de la ictiofauna costarricense. Entre las más llamativas figuran tiburones, rayas, quimeras y pescadores.

Otro hallazgo es que identificó cuatro especies nuevas para la ciencia, una de las cuales es la quimera (Chimaera orientalis), el primer registro de este género en la costa pacífica de América y descrita recientemente. Para la caracterización, definición y descripción de las otras tres especies: Ceratias sp. (pez pescador), Ophidium sp. (congrio) y Pontinus sp. (pez piedra), se requiere un estudio detallado y material comparativo de otras colecciones científicas. “Para describir una nueva especie se necesita contar con material de todas las especies del mismo género y compararla para definir las características que la separan del resto”, indicó Angulo.

Hay características comunes de estas especies que son propias del ambiente que habitan y que les permiten adaptarse a diferentes profundidades. Una de ellas es que tienen una consistencia blanda, debido a que por debajo de los 200 metros de profundidad aumenta la presión hidrostática, lo que provoca una mayor presión sobre el cuerpo.

Muchos de estos organismos carecen también de vejigas natatorias, un órgano lleno de gas que les sirven para flotar en la columna del agua. En su lugar, cuentan con otras estructuras y mecanismos especializados para desplazarse desde aguas profundas a la superficie. “A grandes profundidades la probabilidad  de encontrar alimento es muy baja, porque no hay fotosíntesis. Entonces tienen que subir para obtener el alimento”, aclaró.

Otro rasgo que distingue a varios grupos de especies de aguas que habitan aguas profundas es que tienen órganos que producen luz (bioluminiscentes), por medio de los cuales se comunican con miembros de su misma especie o del sexo opuesto. Incluso, algunos las utilizan para obtener alimento, ya que atraen a sus presas con el movimiento de un apéndice que tienen en el dorso y que brilla, similar a una caña de pescar. Por esa razón les llaman pescadores o linternillas.

Pese a que la mayoría son peces que miden menos de 10 centímetros, tienen bocas muy grandes y dientes muy afilados, con el propósito de maximizar la obtención de alimento, señaló el biólogo.

Según Angulo, “lo interesante de las especies de aguas profundas es que más abajo de los 200 metros no hay barreras geográficas para la dispersión que les impida desplazarse hacia el norte o hacia el sur del continente. Por eso no se registran especies endémicas. Muchas de estas especies tienen distribuciones muy amplias”.

Con el listado y dibujos de las especies se planea publicar un libro sobre peces de aguas de profundidad del Pacífico costarricense, así como una guía básica para la identificación de las especies de Costa Rica y de Centroamérica.


Trabajo minucioso

De acuerdo con el M.Sc. Arturo Angulo, la investigación taxonómica implica un trabajo minucioso y metódico.

“Lo que hice fue tomar cada lote para ver que la identificación preliminar de la familia estuviera bien; luego, con la poca literatura disponible y datos comparativos, incluyendo listados de México, Estados Unidos, Perú, Colombia y Chile, determiné de cuáles especies se trataba y generé un listado específico”, expresó el biólogo.

Posteriormente, hizo la descripción de cada una de las especies para que en futuros estudios se puedan utilizar esos datos, y redactó claves taxonómicas para la identificación de las especies.

En algunos casos revisó descripciones originales que datan de los siglos XIX y XX y analizó si las características mencionadas correspondían con el ejemplar en estudio. Para esto le tomó diferentes medidas y observó diferentes estructuras a cada uno de los ejemplares.

También efectuó búsquedas en bases de datos de otras colecciones de museos extranjeros que poseen información sobre Costa Rica, en países como Japón, Inglaterra, Estados Unidos y México. Además, hizo una revisión de los estudios existentes desde 1899 hasta el presente.

Igualmente, Angulo comparó si las especies de la colección de la UCR se parecen más a la ictiofauna del norte o del sur del continente y su relación con los patrones de corrientes marinas y las características biológicas.


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