Transexuales, náufragos del género

La transexualidad y el transgénero no son enfermedades y tampoco son un problema mental.En su libro Masculinidades femeninas (2008), el profesor inglés Judith (Jack)

La transexualidad y el transgénero no son enfermedades y tampoco son un problema mental.

En su libro Masculinidades femeninas (2008), el profesor inglés Judith (Jack) Halberstam –un hombre transexual– utiliza el concepto “masculinidad femenina” para referirse a las personas transexuales y transgéneros de mujer a hombre. Ese concepto comprende una variedad de maneras en las que las mujeres y los cuerpos “hembriles” adoptan apariencia, roles y sentimientos masculinos.

Él habla de un continuo de las masculinidades femeninas, que van desde las mujeres heterosexuales hombrunas, pasando por las lesbianas masculinizadas, y finaliza en los transgéneros y los transexuales.

Este artículo se centra en los transgéneros y los transexuales de mujer a hombre (hombres trans). Ellos son una minoría sexual invisibilizada que cuenta con pocas voces. En Costa Rica es más que evidente.

Es común confundir la transexualidad y el transgénero con la homosexualidad, a pesar de que estos fenómenos son diferentes. Mientras que la homosexualidad marca una atracción por personas del mismo sexo, en la transexualidad y el transgénero las personas se sienten o son de la identidad contraria a su sexo. Por lo general, no son homosexuales, como en el caso de Brandon, en la película Boys Don’t Cry (1999), de Kimberly Peirce. Sin embargo, también existen casos de hombres trans homosexuales, como el personaje del filme Romeos (2011), de Sabine Bernardi.

Brandon es un joven que asume una identidad masculina agresiva: busca la confrontación violenta en los bares, se adhiere a los juegos bravucones, hurta, violenta la ley en pequeños detalles y ha estado en prisión. Es un personaje que gusta de la aventura y el riesgo. El protagonista es un hombre que intenta mostrar una virilidad enérgica, pero no es un muchacho tan viril, pues se ve débil, poco fornido y de facciones finas.

La película se ubica dentro de la teoría queer; sin embargo, intenta justificar la dislocación entre el sexo biológico y la identidad (psicológica) de Brandon, a partir de las bases biológicas que producen una supuesta “crisis de identidad sexual”.

Brandon atribuye esta situación a un problema de nacimiento, algo que no puede controlar. Él nació en un cuerpo femenino, pero tiene una mente masculina. Cuando Lana, su novia, pregunta si él antes era “ella”, Brandon responde que al principio era femenina, luego fue como una chica marimacho y después se volvió un estúpido.

Para justificar ante Lana por qué se encuentra en la prisión de mujeres, Brandon afirma que es un hermafrodita, pues cuenta con los dos órganos genitales: masculino y femenino; pero esto no es cierto.

Esta narración presenta un Brandon en desdoblamiento, escindido; es decir, una identidad que no logra armonizarse y en la cual existen dos seres. Él dice a Lana que Brandon es en realidad Teena, que “Brandon no es del todo él. Brandon más bien es ella”.

Otro asunto sugestivo de este filme es que recurre a un manual que explica la condición transexual: travestismo y transexualidad, el dilema no deseado. Esto es comprensible, ya que para la mayoría de las personas, la transexualidad, el transgénero y la intersexualidad no resultan comprensibles desde el sentido común.

EL CAMBIO DE SEXO

El transexual es quien ha comenzado a cambiar su cuerpo por medio de la tecnología hormonal o la cirugía, junto con el cambio de la vestimenta y la apariencia física. Mientras que el transgénero no ha iniciado el cambio de cuerpo o sexo.

El filme expresa la necesidad de realizar un cambio de sexo. En una conversación con su primo Lonny, Brandon cuenta dicho proceso: “Mi vida es una locura. Tendría que ir a un matasanos e inyectarme hormonas en el culo. Cuesta una fortuna. Me haré viejo antes de juntar todo ese dinero”.

En Boys Don’t Cry la ciencia y la tecnología son las vías para resolver el dilema no deseado. La cinta acepta que la identidad masculina de Brandon es una construcción identitaria condicionada por la biología y el proceso psicológico por el que transitan los transexuales.

Por lo general, lo hombres trans se los confunde con las lesbianas que asumen roles y vestimenta masculinos, a las que comúnmente se las considera “marimachas”. Sin embargo, esto ha creado un estereotipo y una imagen falsa de lo que significa ser lesbiana.

Por otra parte, tal confusión ha contribuido a invisibilizar a los hombres trans. Estos estereotipos no recogen la riqueza de la realidad de las lesbianas ni la de los hombres trans.

Los hombres trans son discriminados y excluidos por la sociedad, la que concibe solo dos sexos bien definidos: hombre y mujer. A pesar de esto, ellos pasan más inadvertidos que las mujeres trans (transexuales de hombre a mujer), quienes son más visibles. Así, los hombres trans tienen más acceso a una ocupación remunerada, mientras que las mujeres trans no lo tienen, por eso se dedican en su mayoría al trabajo sexual.

No obstante, fuera del mundo heterosexual, estos cuerpos hembriles que asumen el sexo y la identidad masculina son rechazados debido a que se adjudican el “género del patriarcado” o porque intentan imitar la “cultura del macho”.

No todos los hombres trans se comportan como el típico hombre machista, pues algunos intentan asumir masculinidades alternativas al patrón dominante. Según Halberstam, este rechazo proviene de ciertos enfoques feministas y algunas veces desde el movimiento gay y lesbiano.

Para algunas investigadoras, esta identificación transgénero de mujer a hombre se debe a la ausencia de un contexto femenino. Incluso, ser un transgénero o transexual masculino es caer en la trampa del patriarcado, ya que este interviene en las mentes de dichas mujeres y por ello reproducen la misoginia de los hombres.

Otras veces se los ve como “traidores” porque adoptan la identidad y el sexo de la opresión. Para Halberstam, estas críticas se basan en un prejuicio. Por esto, el autor se refiere a estas personas desde un enfoque teórico que denomina queer (“raro”), palabra inglesa que se utilizó para insultar a las minorías sexuales”.

En relación con las críticas a las mujeres masculinas y a los hombres trans, él testifica: “Durante la mayor parte de mi vida, las críticas a mi ambigüedad de género han convertido mi masculinidad en algo vergonzoso. Sin embargo, en los últimos diez años he sido capaz de convertir mi estigma en algo que me fortalece”.

Asegura que existe una transitividad del transgénero a la transexualidad, y de aquí al cuerpo del sexo contrario en el que nació. Esta transitividad consiste en una adecuación de su cuerpo a la identidad; es decir, un viaje que aparentemente llega a su fin.

Según explica el sociólogo español Gerard Coll Planas, en Género desordenado (2010), es posible entender la transexualidad como una etapa, un estado o un proceso que acaba con la operación de reasignación de sexo. Sin embargo, no hay un fin, pues la transexualidad es un estado que siempre estará presente a lo largo de la vida; por esto, Coll no habla de transitividad, sino de “náufragos del género”, ya que nunca se llegará a una completa armonía entre el sexo y la identidad.

No cabe duda de que el transgénero y la transexualidad tienen causas biológicas. Comparto con Coll la idea de que no se escoge ser homosexual, transgénero o transexual; tampoco se decide a voluntad sobre los sentimientos.

Si bien, existe un margen cultural y sociológico para manejar la identidad, la transexualidad parece ser más una condición biológica, gestionada por las personas en un contexto cultural.

La transexualidad y el transgénero no son enfermedades y tampoco son un problema mental. En algunas personas transexuales, el sentirse con una identidad de género distinta a la de su cuerpo, les causa sufrimiento o malestar hasta llegar a odiar sus genitales. Otras personas trans pueden vivir en armonía con su cuerpo, y por eso no requieren de la transformación corporal. Pero, tal parece que existe un hecho objetivo: el cuerpo y la identidad no coinciden.

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