UCR desarrolla nueva técnica en elaboración de abonos orgánicos

Expertos del Programa de Agricultura Orgánica del Instituto de Investigaciones Agrícolas (IIA) de la Universidad de Costa Rica (UCR) lograron depurar una nueva técnica

Expertos del Programa de Agricultura Orgánica del Instituto de Investigaciones Agrícolas (IIA) de la Universidad de Costa Rica (UCR) lograron depurar una nueva técnica en la preparación de insumos orgánicos y la pusieron en práctica con éxito en la zona sur del país.

El equipo de investigadores está liderado por la Ing. Agr. Laura Rodríguez Solano y el Ing. Agr. Oscar Acuña Navarro, quienes trabajan en la elaboración de biofermentos o abonos orgánicos líquidos elaborados a partir de frutas, además de otros abonos a base de extractos de plantas y biocontroladores, los cuales contribuyen en la tarea diaria de agricultores y productores para poder mantener saludables sus cultivos.

Acuña y Rodríguez idearon la aplicación de estos insumos orgánicos en módulos de producción de diferentes cultivos como hortalizas, palma aceitera y plátano en la zona del Pacífico sur costarricense.

 

“El proyecto se basa en la transferencia de tecnología desarrollada como resultado de investigaciones realizadas por el Programa de Agricultura Orgánica. El objetivo es capacitar a grupos interesados en la producción orgánica de abonos y biofermentos”, comentó Acuña.

Con la aplicación de abonos orgánicos se protegen los cultivos en forma natural contra las amenazas constantes de enfermedades que afectan los cultivos, pero además las raíces de las plantas absorben mejor los nutrientes necesarios para obtener así un mejor fruto.

INVESTIGACIÓN APLICADA

Existen muchas técnicas de producción de abonos orgánicos, agregó el especialista, y en este caso se establecieron nuevas metodologías que involucran la inoculación con microorganismos descomponedores (como lactobacillus, levaduras y actinomycetes) dentro de la mezcla de abono.

Estos microorganismos producen enzimas que permiten degradar los compuestos orgánicos como celulosa, azúcares, proteínas y grasas, entre otros.

“Para identificar cuál descomponedor es el indicado, se tomaron muestras de residuos orgánicos y se llevaron al laboratorio para su posterior aislamiento y reproducción; su hábitat natural se encuentra en áreas boscosas o suelos vírgenes”, detalló el investigador.

La elaboración de insumos orgánicos se realiza generalmente a partir de excretas de animales, como cuita de gallina, estiércol de caballo o boñiga del ganado, así como de residuos del procesamiento de la caña de azúcar, la broza del café, de vegetales y frutas, desechos de la matanza de animales, residuos de la extracción de aceite de palma y de pescado.

Cada uno de estos materiales presenta características físico-químicas y biológicas propias que dan como resultado distintos tipos de insumos.

Como materia prima para este abono orgánico se añade en la mezcla la base de origen animal (estiércoles, harina, sangre) y otra de origen vegetal (broza de café, bagazo, ceniza, pasto picado, hojas secas), luego se mezclan y se humedecen para iniciar el proceso.

Los microorganismos se reproducen en un estañón junto con melaza (un galón de microorganismos por un galón de melaza en 200 litros de agua) y a partir del segundo día se aplican más microorganismos en forma diaria (un litro por metro cúbico).

La humedad de la mezcla y la temperatura son observadas continuamente, esta última se debe mantener a 60 grados centígrados. El abono estará listo cuando la temperatura baja y el producto es de color oscuro.

“Se realizan volteos diarios a la ‘cama’ en donde se hospeda el compost, con el objetivo de obtener un abono como producto final en un lapso de 22 días a un mes, mientras las técnicas convencionales duran entre tres a seis meses”, indicó Acuña.

LA SALUD ES LO PRIMERO

Los investigadores dieron especial importancia al control de calidad durante el proceso de elaboración del abono orgánico, en especial los parámetros de temperatura, humedad, color y olor de la mezcla, para finalmente centrarse en el análisis de laboratorio del producto terminado.

“Damos énfasis al estudio de inocuidad, o sea, identificar la presencia de patógenos, ya que si el proceso no se realiza de manera eficiente o si se utilizan materias primas crudas inadecuadas, entre estas estiércol, lodos y desechos de carne de pescado o huesos, se puede transmitir a las personas las bacterias Escherichia coli o la Salmonella”, apuntó Rodríguez.

Por su parte, Acuña aclaró que los abonos elaborados correctamente no contienen patógenos que puedan afectar a los humanos, por lo tanto, el consumo de hojas frescas y frutas no presenta ningún riesgo para la salud.

“Durante el proceso de elaboración de abono orgánico con excretas de animales las temperaturas se elevan a 70 grados, esto elimina los patógenos que puedan existir”, explicó.

Actualmente algunas cooperativas están produciendo abono orgánico para su uso en cultivos de hortalizas, plátano y palma aceitera, entre estas Coopesilencio, Coopevaquita y Surcoop.

Además, existe interés de algunos agricultores de desarrollar un módulo de producción de abono orgánico para la venta en la comunidad de San Vito de Coto Brus y durante el presente año continuarán impartiendo los talleres de capacitación en cooperativas ubicadas en Palmar Sur y Río Claro.

En total, se han llevado a cabo cinco talleres de capacitación sobre abonos orgánicos y biofermentos, los cuales fueron financiados como parte de las actividades que comprende el Proyecto Sur-Sur que lidera el M.Sc. Carlos Méndez Soto, director del IIA.

Los agrónomos Rodríguez y Acuña son parte también del Laboratorio de Bioquímica de Procesos Orgánicos del Centro de Investigaciones Agronómicas (CIA) de la UCR, en donde expertos de las distintas áreas de la Agronomía comparten un espacio para investigar sobre temas relativos a la bioquímica de los suelos, microbiología agrícola, biotecnología, recursos naturales y fertilidad de suelos y plantas.

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