El último grito de la moda

El siguiente es un extracto, adaptado, de la introducción del libro Las artimañas de la moda: una genealogía de la vestimenta, próxima publicación de

El siguiente es un extracto, adaptado, de la introducción del libro Las artimañas de la moda: una genealogía de la vestimenta, próxima publicación de la editorial Arlekin; título y subtítulos de este artículo son nuestros.

Tema supuestamente prosaico y ajeno a las sofisticaciones de la filosofía, la moda goza sin embargo de una suerte de omnipresencia cultural. Así al menos lo afirma el filósofo y sociólogo berlinés George Simmel en un importante texto que habrá oportunidad de examinar detalladamente más adelante –me refiero, naturalmente, a su Filosofía de la moda–: “si ir a la moda es imitación de [un] ejemplo, ir deliberadamente ‘dèmodè‘ es imitar lo mismo, pero con signo inverso” (Simmel, [1905] 2008, 83). El certero diagnóstico simmeliano pareciera, por lo demás, seguir actualmente vigente.El historiador y semiólogo español Jorge Lozano, por ejemplo, considera que “no se puede vivir al margen de la moda; las dos conductas extremas, la del fashion victim y la de su simétrico opuesto, el démodé, se encuentran igualmente dentro de su perímetro” (Lozano, 2007, 23). ¿Cómo explicar entonces la apatía de la filosofía hacia una institución que, como la moda, no conoce de indiferencias?

FILÓSOFOS DE MODA

En realidad, sería exagerado aseverar que el asunto de la vestimenta constituye un anatema para la filosofía. Foucault, por ejemplo, ha demostrado que dentro de la problematización antigua de la libertad el vestir constituía un elemento de importancia para los filósofos (Foucault, [1984] 2010b, 1032). Rousseau, por su parte, dedica algunas páginas en el Emilio a determinar cuál debería ser la forma adecuada de vestir a los niños –véase, entre varios fragmentos posibles, Rousseau ([1762] 2011, 60-61).

Otros filósofos inclusive se ocupan del tema otorgándole una cierta centralidad. Kant, por ejemplo, llega a hacer del vestido y del pudor [sittsamkeit] que este manifiesta el fundamento mismo de la sociabilidad ([1786] 2010, 114-115). Toda vez que en el episodio bíblico Adán y Eva se cubren con la hoja de parra como resultado de su conciencia de encontrarse desnudos, Kant asegura, en su interpretación del Génesis, que la aparición de la indumentaria y la capacidad de sustraer al deseo sexual de su inmediatez mediante el cubrimiento del cuerpo, involucra un tránsito “del mero deseo animal al amor y, con este, del sentimiento de lo meramente agradable al gusto por la belleza” ( [1786] 2010, 114). En esta medida, para el filósofo de Königsber, “la hoja de parra (Génesis, III, 7) fue (…) el producto de una manifestación de la razón” (Kant, [1786] 2010, 114). Kant señala en este mismo sentido que la capacidad técnica de confeccionar e implementar vestidos otorga una especificidad al ser humano en relación con los animales, de los cuales, por cierto, el ser humano obtiene la materia prima para la confección de sus atavíos:

[…] la primera vez que le dijo a la oveja: la piel que te cubre no te ha sido dada por la Naturaleza para ti, sino para mí, arrebatándosela y revistiéndose con ella (Génesis, V, 21), el hombre [sic] tomó conciencia de un privilegio que concedía a su naturaleza dominio sobre los animales, a los que ya no se consideró como compañeros en la creación, sino como medios e instrumentos para la consecución de sus propósitos arbitrarios (Kant, [1786] 2010, 114).

Hegel, por su parte, denuncia en el segundo volumen de la Estética las inconveniencias de los vestidos de su época en comparación con la vestimenta antigua. En su opinión, “el corte actual de nuestros trajes es inartístico y prosaico frente a la vestidura más ideal de los antiguos” (Hegel, [1842] 1983, 118-119). Así, para el filósofo, los pliegues y el corte en general deberían alentar la libertad de movimiento en lugar de restringirla. La ropa debe adecuarse al cuerpo y no a la inversa: “la estructura de los miembros regula, sin duda, la forma del vestido; pero en esta forma corpórea la vestimenta es, por cierto, solo un mal remedo o una deformación de los miembros humanos, según la moda convencional” ([1842] 1983, 119). En opinión de Hegel, la vestimenta debe, por lo tanto, poseer la suficiente flexibilidad para que el cuerpo encarne lo ideal, en razón de lo cual, una prenda adecuada es aquella que no roba protagonismo a quien la porta. Hegel propugna, así, un uso de las cosas naturales para una satisfacción puramente teorética. A estos pertenece cada atavío y adorno que el hombre se aplica (…). Mediante [el] ornamento [el ser humano] muestra lo más costoso que ofrece la naturaleza y lo más bello, (…) pero esto, lo más raro y lo más brillante, no es ya de por sí atrayente ni debe valer como lo natural, sino que tiene que mostrarse en él (Hegel, [1842] 1983, 237-238).

De este breve vistazo se infiere ya algún grado de interés filosófico en el asunto de la indumentaria. La vestimenta pareciera, en efecto, comportar relevancia para el pensamiento o al menos figurar dentro de conjuntos de preocupaciones filosóficas más amplios. Pero pese al interés de los filósofos aludidos por la vestimenta, las tesis anteriormente referidas son a todas luces, si bien no menores, sí al menos observaciones circunstanciales, realizadas en contextos en los que el foco de atención no son los vestidos per se. En una palabra, cuando aparece, la filosofía aborda el tema de la indumentaria sin mayor ánimo de sistematicidad.  Kant, por ejemplo, se refiere al texto en el cual realiza sus reflexiones sobre el vestido como “un simple viaje de placer” ([1842] 1983, 110), al tiempo que el resto de pensadores mencionados hacen referencia al tema de la indumentaria de una forma pasajera.

De hecho, no se encuentra ninguna obra canónica en la historia de la filosofía dedicada al tema de la moda, y habrá que aguardar hasta principios del siglo XX, con las teorías del pensador estadounidense Thorstein Veblen y del ya mencionado George Simmel, para encontrar textos filosóficos expresamente dedicados al tópico en cuestión. Se trata, por lo tanto, de una situación paradójica: pese a la omnipresencia de la moda y al hecho señalado por Simmel y Lozano de que no es posible escapar a sus dominios, los filósofos, al menos hasta el siglo XX, apenas y se ocupan de la cuestión de un modo periférico.

VESTIMENTA EN EL SIGLO XX

En cambio, a lo largo del siglo pasado, en buena medida con los trabajos pioneros de Veblen y Simmel, ese panorama muta.  A partir de una serie de estudios que comienzan a abordar desde distintas perspectivas el problema del vestido y de su relación con lo social, la moda se revela, en efecto, como un asunto filosóficamente problemático. Una serie de cuestiones empiezan, en consecuencia, a ser discutidas en torno de la relación entre lo vestimentario y lo cultural. Así, aparecen durante esta época reflexiones sobre el vestido ligadas a cuestiones estéticas (por ejemplo al porqué de la preferencia de unas prendas por sobre otras), éticas (vinculadas a la relación entre las prendas y los comportamientos), políticas (asociadas especialmente a la relación entre el vestido y el consumo), epistemológicas (conectadas con la dimensión sígnica del vestido y la elaboración de mensajes a través del diseño de prendas) y metafísicas (v. gr. en lo tocante al ligamen entre la naturaleza del ser humano y al estatuto cultural de los vestidos). A partir de las elaboraciones de Veblen y Simmel, así como de los autores que les siguieron, la moda se instituye, de esa manera, como un campo en sí mismo problemático.

No obstante, pese a lo interesante de estas teorías, el objetivo de este libro no consiste en realizar una sistematización o un resumen de estas. De hecho, no pretendo llevar a cabo un compendio de las opiniones de los filósofos respecto del tema de la vestimenta. Si bien en su primera parte este libro se dedica a analizar los contenidos de las teorías sobre la moda más citadas y especialmente a poner a sus autores en relación unos con otros así como con un conjunto de conceptos, el texto no constituye un trabajo de naturaleza únicamente exegética. Por el contrario, a partir de la premisa de que alrededor de las explicaciones surgidas a lo largo del siglo XX acerca de la moda existe una serie de núcleos teóricos insuficientemente problematizados y susceptibles de una crítica que devele sus mecanismos internos así como sus consecuencias discursivas, uno de mis objetivos en este trabajo es desarrollar una reflexión que se ubique por entre los surcos y los “puntos ciegos” de dichas teorías. En otras palabras, siendo que en el siglo XX se conforma una suerte de canon alrededor del problema de la vestimenta, en un principio ese canon conforma el punto de partida de la presente investigación; sin embargo, a partir de la crítica de esa tradición teórica mi objetivo es analizar la moda desde otra perspectiva.  Aspiro, pues, antes a pensar en la estela dejada por una tradición que a componer una doxografía de esta.

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