El niño inmortal cumple 70 años

El 6 abril de 1943, en la ciudad de Nueva York, la casa editorial Reinal & Hitchcock publicó la primera edición de una breve

El 6 abril de 1943, en la ciudad de Nueva York, la casa editorial Reinal & Hitchcock publicó la primera edición de una breve novela destinada a los niños que todos fuimos alguna vez. Narraba la historia del encuentro entre un piloto que sufre un accidente en el Sahara y un niño que aseguraba provenir de otro planeta. El autor era el escritor y piloto francés Antoine de Saint Exupéry, el libro se llamaba El principito.

Setenta años después, con menos de 100 páginas e ilustraciones que el mismo autor aportó a la editorial, el libro se ha convertido en una de las obras más conocidas de la literatura universal; cuenta con más de 265 traducciones, 1300 ediciones legales, 145 millones de ejemplares vendidos, y versiones en teatro y cine.

Pero cuando la obra apareció, en sus versiones en francés e inglés, no tuvo tanto éxito. Eran los momentos más terribles de la guerra mundial, se avecinaban acontecimientos espantosos como para que la gente quisiera interesarse en las preguntas persistentes de un niño.

Así también, embargado por sus tribulaciones, el narrador en este libro tiene una avería en su avión y debe aterrizar en el desierto de Sahara. Abrumado por su difícil situación, desesperanzado y malhumorado, el piloto se duerme en una noche de soledad absoluta rodeado de viento, estrellas y arena. Al amanecer, lo despierta la dulce voz de un niño.

Este no da explicaciones, pero no escatima sentencias y no abandona preguntas hasta obtener respuestas. Con gran sencillez le pide por favor que le dibuje un corderito. “Cuando el misterio es demasiado impresionante, es imposible desobedecer.”

La relación de estos dos personajes en aquel sitio remoto, ambos caídos del cielo, ambos solos y ambos sintiendo que no han sido comprendidos o no han comprendido debidamente a los demás, genera un proceso de reflexión profunda introspectivo y filosófico a la vez.

El diálogo va transformando al narrador quien requiere tiempo para comprender las aseveraciones y cuestiones con que el principito lo confronta con su actitud y sus dulces palabras.

El profundo humanismo y sentido común se enfrentan a las convenciones, vicios y falta de sensatez que tanto el principito como el narrador atribuyen al mundo de los adultos. El niño le cuenta de su viaje por el espacio y de los personajes que ha encontrado en diversos planetas y también sobre el planeta del que él proviene y la rosa que ha dejado atrás. El adulto va comprendiendo poco a poco y recuperando su propio estado de niñez que ha olvidado.

Antoine de Saint-Exupéry escribió este libro mientras vivía en New York, donde fue a vivir luego de que Francia firmara el armisticio ante los nazis. Para entonces ya tenía una importante carrera como escritor y sus múltiples aventuras como piloto lo habían convertido en una leyenda.

La literatura y la aviación fueron pasiones que Saint-Exupéry descubrió desde muy joven. Nacido el 29 de junio de 1900, a los 21 años hizo el servicio militar, luego de abandonar la Escuela de Bellas Artes donde quiso iniciar estudios de arquitectura, pero lo rechazaron porque “no sabía dibujar”. Inició lecciones de vuelo y un año después ingresó en la Fuerza Aérea Francesa. Poco tiempo después sobrevino el primero de una larga lista de accidentes y a petición de su familia abandonó la fuerza aérea.

Durante los años siguientes se desempeñó en muy diversos trabajos y escribió su primer relato El aviador. Antoine de Saint-Exupéry tenía una personalidad jovial, intensa, amaba compartir con las personas, gentes que conoció en sus diversos trabajos, lo que además le dio un gran sentido social.

En 1926 volvió a la aviación, para trabajar con la empresa Aéropostale que había fundado Pierre Latécoère, con quien había trabajado anteriormente con vuelos entre Toulousse y Dakar. En esos años escribe Correo Sur, donde cuenta a partir de las experiencias de esos años y sus desencuentros amorosos.

La aviación en aquellos años era ciertamente una profesión de aventura, de desafíos constantes, los pilotos competían por las más difíciles hazañas venciendo condiciones climáticas, distancias, geografías, a bordo de frágiles naves con las que jugaba el viento. Abrir nuevas rutas de vuelo era muy rentable pero a la vez temerario. Ese era el trabajo preferido de Antoine de Saint-Exupéry.

La compañía Aéropostale decidió abrir Aeroposta de Argentina, un servicio en Suramérica basado en Buenos Aires, para lo cual convocó algunos de los pilotos más reconocidos como Henri Guillaumet y Jean Mermoz, para abrir las nuevas rutas; Saint-Exupéry los acompañó en aquella aventura cruzando los Andes.

Pero los vuelos se extendían por toda Latinoamérica abriendo nuevas rutas y enfrentando cada vez más grandes desafíos. El escritor plasma su pasión por la aviación en el libro Vuelo nocturno, donde una compañía de correos decide convertirse en el servicio más rápido al emprender los vuelos de noche que son sumamente riesgosos. Con esta obra ganó el Prix Femina que proyectó su carrera como escritor.

Durante esos años de residencia en Buenos Aires, viajes por todo el mundo y desafíos constantes, Saint-Exupéry disfrutaba de las fiestas y de una vida social vertiginosa como sus mismas experiencias en el aire. En una de esas reuniones sociales entre intelectuales y alta sociedad bonaerense conoció a la escritora y artista salvadoreña Consuelo Suncín.

La historia de ese encuentro y de la tormentosa relación que se desarrolla entre los dos es ya legendaria. Él la invita a ver Buenos Aires desde el cielo, a lo que ella accede desafiante. En pleno vuelo, el apaga el motor y le dice que lo dejará caer si no le da un beso, a lo que ella accede, luego él le pide que se casen y que no aterrizará hasta que lo acepte.

El matrimonio se celebró en 1931 en Niza, Francia, donde Consuelo tenía una casa que le heredó su exmarido, el diplomático y escritor guatemalteco Enrique Gómez Carrillo.

La relación es intensa, de dos personalidades volcánicas, profundamente sensibles y apasionadas. Se encuentran y desencuentran constantemente, discuten, se reclaman, se reconcilian, viven en casa aparte, ninguno cede, se vuelven a encontrar y a desencontrar, pero jamás se abandonan.

Algo de eso está plasmado en la curiosa relación del principito con su rosa.

Otra persona que Antoine de Saint-Exupéry conoce en esos años es el escritor y crítico de arte Léon Werth, entrañable amigo, 20 años mayor que él, con quien suele discutir asuntos políticos y sociales. Léon es anarquista y apasionado de las causas sociales, Antoine más inclinado a una visión humanista; a Werth (cuando era niño) le dedicará años más tarde El principito.

De regreso en Francia, pero constantemente viajando por todo el mundo, Saint-Exupéry sufre diversos accidentes. Entre los riesgos de sus viajes y su vida bohemia y aventurera, así como la intensa vida social de su esposa, el matrimonio es como una “montaña rusa”.

Uno de esos terribles accidentes es el que sufre en 1935, junto a su copiloto mecánico André Prévot en el diserto del Sahara, mientras trataban de romper el récord de tiempo entre París Saigón, por un premio de 150.000 francos. Ambos pasaron perdidos 4 días y fueron rescatados milagrosamente.

De esa experiencia nacieron sus dos libros más importantes: Tierra de hombres, que recibe el Gran Premio de novela de la Academia Francesa y en Estados Unidos el National Book Award en 1939; y El principito.

En 1940 decide vivir en New York. Poco después su esposa lo acompaña. Escribe entonces Piloto de guerra, que también sería premiado en Francia y su Carta a un rehén dedicada a los franceses que padecen la ocupación nazi.

Tras la publicación de El principito, Saint-Exupery logra finalmente que le permitan integrarse a la fuerzas aliadas como piloto para participar en misiones especiales de reconocimiento.

El 31 de julio de 1944 salió de la base en Córcega para hacer un reconocimiento de movimiento de tropas alemanas previo al desembarco aliado en el sur de Francia. De ese vuelo no regresó jamás.

En 1998, cerca de la costa de Marsella un pescador encontró un brazalete con el nombre de Antoine de Saint-Exupéry y la casa editorial Reynal & Hitchcock, pero fue hasta 2003 que se encontraron rastros del avión en que el piloto partió aquella mañana de Córcega.

El principito se publicó por primera vez en Francia en 1946, un años después de que finalizó la guerra.

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