ENTREVISTA CON ROBERT MANOFF «Los medios están enfermos»

Uno de los periodistas, editores y profesores universitarios más respetados de Nueva York, analiza en esta entrevista el rol de la prensa,  lanza una

Uno de los periodistas, editores y profesores universitarios más respetados de Nueva York, analiza en esta entrevista el rol de la prensa,  lanza una fuerte crítica sobre la falta de independencia y explica su visión sobre el periodismo internacional

Robert Karl Manoff es un intelectual que a primera vista parece un músico de un siglo remoto. Su cara notable y redonda, tiene una frente amplia, al final de la cual, escapa en zambullida, una bondadosa melena gris.

Es uno de los periodistas y editores más respetados de Nueva York. Como corresponsal extranjero vivió años en Rusia, como editor en la Gran Manzana, estuvo a cargo de revistas tan prestigiosas como Harper’s y Columbia Journalism Review.

Lector atroz y analista filoso, es fundador del Center for War, Peace and News Media, ha enseñado en el Instituto Tecnológico de Massachusets (MIT), en la Universidad de Columbia y ha ganado numerosos premios, como el Mellet Award de crítica a los medios de comunicación. Actualmente es profesor de la Universidad de Nueva York (NYU).

Concedió esta entrevista en un pequeño café neoyorquino, en el barrio cultural más vivo de la ciudad, conocido como La Villa («The Village»).

¿Cuál es su opinión sobre el rol que han jugado los medios de comunicación de Estados Unidos en la llamada «guerra contra el terrorismo»?

En general, puedo decir que los medios han apoyado mucho el enfoque que le ha dado la administración Bush. Ahora, el apoyo ha disminuido, particularmente después del escándalo de la cárcel de Abu Ghraib. Sobre todo porque ese escándalo fue dramático y mostró en imágenes cuán problemático es el enfoque político de Bush.

Después de que eso pasó, después de que Bush proclamara la ‘misión cumplida’ y después de que estalló la insurrección en Irak, el éxito de la invasión comenzó a caer en tela de duda, incluso en los términos de la propia administración Bush. Su idea de éxito comenzó a cuestionarse. Para mí, la idea de éxito es diferente y yo creo que la invasión fue un fracaso.

Hay que recordar que, al final de cuentas, todos los medios son, entre comillas, patrióticos. Hay gente que considera que criticar al gobierno es un gran acto de patriotismo, como el cineasta Michael Moore. Pero también, usualmente el patriotismo es interpretado como ‘hagamos lo que el gobierno nos dice que hagamos’.

¿Por qué entonces los medios asumieron un patriotismo tan poco crítico?

Vamos a explicarlo de esta manera. Supongamos que yo emitiera una serie de leyes para estudiar el comportamiento de los medios de comunicación. De ser así, mi primera ley, o ‘la primera ley Manoff sobre los medios’, diría lo siguiente: «los medios reflejan la opinión que impera dentro de los límites de cierta esfera política, todo lo que se diga dentro de esa esfera política es considerado legítimo y los medios reflejarán eso».

Pongamos ahora un ejemplo práctico. Si un senador demócrata le da declaraciones a un periodista, el periodista sabe que ese señor es un senador y por lo tanto considerará sus palabras como algo legítimo y eventualmente reflejará ese punto de vista.

Es decir, los periodistas tienden a reflejar más lo que está en el centro de la esfera que lo que está en la periferia. Lo que pasó al principio de esta guerra fue que los demócratas no presionaron para que la esfera política se abriera más. Todo lo contrario, los demócratas unieron fuerzas con los republicanos y estrecharon el campo de acción de la esfera política. Lo hicieron porque tenían miedo de ser llamados antipatriotas, porque la administración de Bush tuvo mucho éxito en definir el patriotismo en términos de estar de acuerdo con la guerra y de estar en contra de Sadam Hussein. Y la gente tuvo mucho temor de oponerse. Ahora los demócratas se han vuelto más críticos y por eso la esfera se está ampliando. Y los medios reflejan eso.

El intelectual Noam Chomsky dice que los medios de Estados Unidos no son independientes pues son más bien un sistema de propaganda del gobierno. ¿Qué opinión le merece esto?

Creo que es una explicación errónea para este fenómeno. Chomsky sostiene que todo aquello que el gobierno le dice a los medios que escriban, se escribe. Para Chomsky todo se explica como un sistema de propaganda, punto. Creo que esta es una explicación simplista para un fenómeno complejo. Y con una explicación simplista se pueden llegar a usar remedios que no van a ser efectivos, pues usted va a tratar de curar la enfermedad equivocada. Pero en lo que sí estoy de acuerdo es que tenemos un paciente enfermo. Los medios de comunicación están enfermos. Mi explicación radica, más bien, en que este es un fenómeno complejo en la que los medios reflejan la opinión legitimada dentro de una esfera de legitimidad, definida por los partidos Demócrata y Republicano.

¿Cuál sería entonces su consejo para practicar un buen periodismo?

La receta no sería algo complejo, por lo menos en la teoría, aunque hay que reconocer que en la práctica se hace un poquito difícil. En primer lugar los medios tienen que desarrollar y mantener su independencia. Me refiero no sólo a la independencia política sino también a la intelectual, la espiritual y la social. Los periodistas no deben ser complacientes con la gente que ostenta el poder, porque de lo contrario se genera una influencia sutil… por ejemplo, cuando alguien como periodista quiere ser invitado a fiestas, o quiere que sus hijos vayan al cumpleaños del militar, del político o del ministro poderoso. También creo que el periodista necesita ser económicamente independiente, siento que los periódicos no deberían ser tan dependientes de la publicidad que paga el gobierno o de empresas que estén muy cerca del gobierno. Hay muchas formas en que la independencia del periodista puede ser sacrificada o comprometida.

En segundo lugar, los periodistas deberían estar más informados que sus fuentes sobre los artículos que escriben. Desde luego, no pueden estar más informados sobre todo, pero deben estar más o tan informados que sus fuentes sobre lo que escriben. De otra manera, van a estar desinformados y ni siquiera se van a dar cuenta. Y eso pasa todo el tiempo.

En tercer lugar hay que ser críticos, nunca tomar nada por sentado. Es decir, siempre cuestionarse todas las premisas, las propias y las de las fuentes.

Tras el reciente desempeño de los medios de comunicación, algunos estudiosos están cuestionando el concepto de «objetividad» del periodismo estadounidense. ¿Cuál es su opinión sobre este debate que se está generando en círculos académicos?

Tenemos que recordar que el concepto de «objetividad» es un ideal, es una meta que a la que se aspira. Pero tenemos que tomar en cuenta que como seres humanos no somos objetivos. Nosotros tenemos creencias, posiciones políticas y puntos de vista sobre todas las cosas, nos demos cuenta o no. Por ejemplo, a alguien le gusta la Coca-Cola y otra persona la Pepsi, esa es una diferencia que pareciera irrelevante para el periodismo. Pero si alguien está haciendo un reportaje sobre refrescos gaseosos esa preferencia puede influir levemente su actitud.

Lo que es importante que comprendamos es que la objetividad no se alcanzará plenamente nunca, pero también hay que comprender que a la misma vez es una norma muy importante. Porque a un reportero le ayuda a orientarse en la búsqueda de la verdad. El ideal de objetividad, al final de cuentas, tiene que ser el faro de luz que guíe a cualquier periodista. Desde luego, sabemos que ese faro de luz nunca brilla tanto como quisiéramos, porque a veces hay niebla, lluvia o nubosidad. Pero incluso, aunque haya nubes, siempre tenemos que tratar de verlo. Y ese esfuerzo es muy importante en el periodismo.

¿Cómo califica el periodismo que se está practicando en los Estados Unidos?

Es muy difícil generalizar. Hay algunos reporteros increíblemente buenos, por ejemplo, el trabajo que hace Seymour Hersh y que se publica en la revista New Yorker. Hay una gran cantidad de periodistas que están haciendo una labor investigativa. Si usted me hubiera hecho esta pregunta hace año y medio le hubiera dicho que los periodistas no estaban siendo independientes, agresivos ni críticos.

En todo caso, hay que decir que en Estados Unidos hay una gran diversidad de medios. Si tomamos los periódicos más grandes, el New York Times, el Washington Post, el USA Today, Wall Street Journal y Los Angeles Times, todos tienen grandes reporteros y editores que hacen un magnífico trabajo. Ahora bien, ¿hacen ellos siempre un trabajo magnífico?, ¿hacen ellos lo suficiente?, ¿saben siempre lo que está pasando? Absolutamente no. Creo que esos periódicos todos los días tratan de hacer un buen trabajo. Pero ellos no siempre saben lo que pasa y no son lo suficientemente valientes ni críticos. Ellos aceptaron el hecho de que Sadam Hussein tenía armas de destrucción masiva sin cuestionarlo. Y eso deberían saberlo, y lo saben, y aprendieron de eso.  Hoy puedo decir que los medios son mejor que hace cincuenta años, cuando no eran escépticos del gobierno. Claro, los medios son más escépticos hoy y tienen más periodismo investigativo. Lo que pasa es que no podemos estar satisfechos porque no es suficiente.

¿Cuál es la enseñanza que nos deja esta experiencia?

Lo que podría ser aprendido es que cuando el gobierno toca las trompetas de guerra, todos los periodistas deben ponerse tapones en los oídos. Los periodistas no deben escuchar los cantos de guerra y mucho menos unirse a los cánticos. Lo que pasó al principio y durante buena parte de la guerra es que los periodistas se unieron al coro marcial. En tiempos de guerra, la gente de un país necesita recibir el mejor periodismo. Pero siempre en tiempos de guerra la gente recibe el peor periodismo, el peor.

Usted está enseñando y desarrollando en la New York University una nueva visión sobre el periodismo internacional, por eso quiero aprovechar para preguntarle cómo considera est* cambiando en el mundo la manera en que se informa sobre los temas internacionales…

Lo primero que hay que preguntarse es si el mundo está cambiando. La respuesta, obviamente es sí, de muchas maneras. Yo diría que la manera dominante en la que el mundo está cambiando es que ahora estamos viviendo un grado de interdependencia, ahora hay un grado de globalismo, de globalización. No me refiero a la definición económica estrecha del Consenso de Washington o del Banco Mundial. No. Me refiero a un sentido más amplio. Me refiero a que casi todo problema importante en el mundo es ahora un problema internacional, ya sea ambiental, económico, político,  social. Y cada respuesta a estos problemas debe tener una solución global.

El enfoque que muchos le dan al periodismo es el enfoque nacional. Los medios de comunicación de los países usan ese enfoque nacional y es muy común que esos medios aborden los problemas y sus soluciones sólo en términos del Estado-nación, del país donde publican. Pero para mí es muy claro que el único enfoque que de verdad importa, si uno entiende la naturaleza de los problemas y las soluciones, es el enfoque global. En mi opinión, muchos medios son como los caballos que tienen esas anteojeras o tapaojos que sólo les permite ver el frente del camino, para mí, esas anteojeras son el Estado-nación y para ver todo lo que está pasando alrededor tenemos que quitarnos las anteojeras y comprender así los contextos y procesos globales. Sólo así podremos comprender lo que está pasando, qué es lo que nos depara el futuro y qué deberíamos proponernos como ciudadanos globales.

En este nuevo enfoque que está desarrollando, usted introduce dos nuevos conceptos «el espacio de lugares» y el «espacio de flujos», ¿podría explicarnos en qué consisten?

Claro. Si tomamos como punto de partida que los principales y más serios problemas del mundo son globales y que las soluciones más adecuadas tienen que ser globales, eso significa que en parte hay un nuevo nivel en el cual los procesos tienen lugar en el mundo.

Desde luego, todavía hay situaciones que tienen lugar en el Estado-nación, todavía hay eventos que ocurren en una ciudad, en esos casos, decimos entonces que esas situaciones tienen lugar en «el espacio de lugares». Esos eventos los podemos identificar y como periodistas podemos ir «ahí». Por ejemplo, si usted es un corresponsal internacional, usted puede ser enviado a algún lugar a informar sobre una guerra o una cosecha que se está recogiendo. Eso se desarrolla en un sitio específico, eso es «el espacio de lugares».

Por otra parte, como hay muchos procesos que ahora son globales, nos encontramos entonces con que ya no hay un único lugar específico para ir a recoger la información y escribir el artículo. Porque el artículo ahora está en todas partes. Y estamos tratando de definir esto como un nuevo tipo de espacio en el cual suceden las cosas, es decir, el «espacio de flujos».

Los flujos globales pueden ser consecuencias ambientales, capital o migraciones, entre muchos otros flujos, es decir, son ideas, temas, fuerzas o tendencias que se convierten en universales en el contexto global. Estos flujos no tienen un único lugar específico donde el periodista pueda ir y diga «estoy aquí y aquí es donde el evento está, yo soy la autoridad porque estoy aquí y ustedes no, y por eso les voy a contar qué está pasando».

Al contrario, cuando algo tiene lugar en todas partes, como resultado de algún flujo, como resultado del capital o de una influencia cultural, no hay ningún «aquí» al cual ir, el «aquí» está en todas partes. Por lo que nuestro reportaje está teniendo lugar en un espacio donde ese flujo está teniendo influencia y, los periodistas deben entonces desarrollar nuevas formas de entender esos flujos. Y desde luego desarrollar nuevas técnicas de reporteo.

Históricamente, el trabajo de los periodistas ha sido visto como el de una especie de antropólogo que iba a lugares distantes para describir el mundo, ¿en qué se modifica ahora esta visión dentro de su teoría?

A lo largo de la historia, los antropólogos han desarrollado técnicas para entender a los «otros», para comprender a esos «otros» en su contexto y visualizar su mundo.

Ahora, irónicamente los «otros» están en todas partes, en un mundo de flujos, los «otros» están fluyendo por todo lado, por ejemplo, los migrantes están en todas partes.

Mientras antes los «otros» estaban al otro lado del mundo, ahora están en la puerta de al lado, o por ejemplo, mi hija puede casarse con uno de los «otros». Así que eso es algo realmente increíble que está pasando en el mundo. La televisión también ayuda en este proceso.

Así que nosotros como periodistas necesitamos desarrollar esta habilidad antropológica de comprender a los «otros» en su propio contexto, dentro de su visión de mundo. Antes se podía ir a una isla distante en el Pacífico para estudiar a un grupo humano. Sin embargo, en el espacio de flujos usted necesita ir más allá. Ahora estamos en una tribu global, el mundo es una tribu global. Tenemos que seguir usando esas técnicas antropológicas pero no en un sitio específico, ahora tenemos que ser antropólogos de todas las culturas todo el tiempo.

Para concluir la entrevista, me gustaría preguntarle qué piensa sobre una tendencia global que está plagando al periodismo internacional… los programas de chismes y sobre personas famosas…

Sí, en realidad este es un ejemplo de los flujos que hemos estado hablando. Este es el flujo global de la estupidez. La consecuencia de esta tendencia es la destrucción en el largo plazo de la capacidad intelectual de la raza humana. Y no es broma, estoy hablando seriamente. En tiempos en que el mundo se está volviendo tan complejo, donde tratamos de entender máquinas como los automóviles o las computadoras, estamos desarrollando una cultura que predica una fascinación por los aspectos más superficiales del mundo. Nuestra cultura nos está tomando en una dirección que va en contra de nuestros intereses, y no me refiero a los intereses de las élites, sino a los intereses de las masas. Porque las grandes masas, para poder dominar su destino, se están volviendo más sofisticadas y complejas en su modo de pensar. Pero en lugar de que esa complejidad nos haga más letrados, nos está volviendo más estúpidos intelectualmente hablando.

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