Primitivo Piedra en nuestra Era

Mientras prepara la publicación de un libro con algunos de sus muy apreciados trabajos, el caricaturista Fernando Zeledón se mantiene activo con su buena

Mientras prepara la publicación de un libro con algunos de sus muy apreciados trabajos, el caricaturista Fernando Zeledón se mantiene activo con su buena pluma  y su observación critica, con lo que culmina cuatro décadas de carrera. La investigadora Ana C. Sánchez, quien ha dedicado buena parte de su labor a estudiar el trabajo de los caricaturistas nacionales, nos ofrece en este artículo un recorrido por la vida de este artista en particular la historieta que solía publicar en este semanario.

“¡Sí, soy yo. Primitivo Piedra, un cavernícola! –explica el personaje al sentirse escudriñado-. Soy un troglodita, un homo erectus, un primitivo y un incivilizado… Mato animales solo para comer, no por deporte y corto leña nada más que para asar la carne y calentar mi cueva…  Soy un salvaje que no contamina el ambiente. No destruyo la naturaleza y no extermino especies… Solo tomo lo que necesito para vivir… ¿Y usted?” –increpa al lector en la historieta inicial de la serie.

“Primitivo es un tipo que se dedica a inventar cosas y a filosofar en la cima de una lomita. Por eso, siempre tiene problemas” –comenta Fernando Zeledón Guzmán (F. Zele, 1937), quien creó el personaje y la historieta en 1990-. ¿Usted sabe que esa montañita existe?, me pregunta.

Aquella lomita que Fernando visita cuando joven en Puerto Moreno, Guanacaste, renació en Primitivo Piedra cuando el Semanario UNIVERSIDAD le solicitó una historieta. En aquel sitio aislado, dibujante y dibujado reflexionan. “No sé porqué cada vez que observo el firmamento y sus inmensidades, siento como que me empequeñezco” –exclama un diminuto Primitivo, empequeñecido al ritmo de las viñetas en medio de la grandiosa noche.

Allá Primitivo pasa largos días y noches ideando invenciones y preguntándose el porqué de lo que acaece. Allá descubre los principios de la ciencia y nacen el fuego, el hacha pulimentada, el arco y la flecha, la palanca y otras creaciones de la Edad de Piedra, como las pinturas rupestres.

Ubicada en aquel período, pero en relación con la época actual, la historieta prefigura el futuro (nuestros días) para juzgar el progreso humano. Acompañado con su mascota, Ñangasaurio, Primitivo viaja por las eras e intenta saltarlas para llegar al futuro. Pero el cavernícola no puede salir de su tiempo: es el hombre moderno (a veces representado por Juan Jara, otro personaje) quien retorna al pasado.

Con Primitivo, F. Zele ratifica que la Edad de Piedra es la infancia de la humanidad. En el relato, los porqués de la niñez se suman al ansia de crecer, pero la pérdida de la inocencia desmitifica el avance civilizatorio: la evolución es más bien una involución, sentencia la historieta. El paso hacia el mundo moderno está acompañado por la destrucción del medio ambiente, la enajenación y el consumismo. Asimismo, el Fondo Monetario Internacional, el neoliberalismo, el PUSC y Liberación son “demagosaurios” que persiguen a Juan. “Pobre hombre moderno. Este sí que está en problemas y sin escapatoria”, piensa Primitivo.

A lo largo de la historieta, Zeledón reflexiona sobre la estancia del ser humano en el mundo y las implicaciones de sus actos e inventos. Así, el personaje del Gran brujo presagia el futuro de las invenciones y Primitivo desiste de crearlas. El juego con los tiempos y el humor son las armas críticas del relato, cuya originalidad e ingenio se estampan también en la gráfica.

En Primitivo Piedra, la sátira se manifiesta en distintos ámbitos y desde un lenguaje popular. “Sí, Primitivo. El sol nace en la aurora, se eleva y llega al cenit y luego viene el ocaso y se termina el día… Siempre ha sido así… / Lo mismo ocurre con la vida del hombre (…) / Vos, por ejemplo, ya estás llegando al atardecer de la vida. Pronto ya no podrás cazar ni pescar, perderás el oído, el olfato, la vista y los dientes, llegarás a tu ocaso y te morirás… ¡Así será!”  -falla el dedo acusador del Chamán. Desolado, Primitivo concluye: “¡Nadie me tiene de sácalas preguntando cosas…!”

Petronila Cuevas y doña Fosilina, su suegra, encarnan el ámbito femenino. Cuando Primitivo juega con la aritmética en su lomita, Petronila le lanza un leñazo diciéndole: ¡Tomá y dejá de estar pensando estupideces, que hay que conseguir carne para el almuerzo!”. “¡Prosaica!” –le grita Primitivo, pero ella no entiende el epíteto.

“¡Te lo dije una y mil veces, Petronila, que te ibas a casar con un tipo inútil y bueno para nada! / ¡Un hombre que se pasa más tiempo pensando estupideces que cumpliendo con sus deberes!” –remarca Fosilina. No obstante, las críticas de la suegra contrastan con la opinión de dos hombres cavernícolas, quienes reconocen a Primitivo como inventor y genio. Así, el Primitivo empequeñecido se agiganta para concluir en la última viñeta: “Es increíble como la opinión de otros influye en nuestro ego”. En la crítica social, la historieta también refleja una visión de mundo patriarcal: la imaginación, la ciencia, el arte y la escritura les son ajenas a las mujeres cavernícolas.

Entre 1990 y 1997, el Semanario UNIVERSIDAD difundió Los Superma’es, título conformado con la contracción del vocativo “maje” (ma’e) de la jerga juvenil. Con sus tres personajes -Primitivo Piedra, Juan Jara y el samurái Takako Yukamote (nombre que juega con la sonoridad del japonés y remite a la olla de carne, una comida típica nacional)- la historieta denuncia problemas ecológicos, sociales, económicos y políticos.

 

Humor editorial. F. Zele inició como historietista en el decenio de 1970. Desde entonces, su obra está profundamente ligada a su militancia política. “Lo que pasó es que viajaba por todo el país y veía mucha injusticia. Yo no sé dar discursos ni soy buen organizador. Por eso, escogí la caricatura para denunciar y hacer conciencia–recuerda hoy.

 

Debido a ello y a la calidad del dibujo, el periodista Adolfo Herrera García lo vinculó con el semanario Libertad. Entre 1974 y 1991 Zeledón creó la página de sátira política: La Semana en Serio, primero en el semanario Libertad y con la división del partido Vanguardia Popular, en Adelante.

 

Sus personajes: Doña Auristela, el zaguate Cutacha (su mascota), Patas d’ihule, Matráfula, etc., son revividos en situaciones vigentes en su actual parodia: La Cosa en Serio. Su incisivo lápiz contra el TLC, las políticas neoliberales, la corrupción y los gobiernos Arias Sánchez y Chinchilla Miranda se dejan sentir en el nuevo periódico Pueblo (2006-2012) del partido Frente Amplio.

 

Entre 1998 y 2004, F. Zele fue el caricaturista editorial del desaparecido diario El Heraldo.

 

Un maestro. En 1996, Fernando Zeledón obtuvo Mención honorífica en un certamen mundial en Japón. En 2001, con motivo de su 50º aniversario, la Escuela Casa del Artista (programa del Museo de Arte Costarricense) lo homenajea por “su valiosa labor como docente y artista”. Allí reconoce su obra humorística y su trayectoria como precursor de la enseñanza de la caricatura. Aunque F. Zele aprende este arte en forma autodidacta (inicia en el dibujo con su padre y hermanos) y lo perfecciona en 1980 en un curso en el Instituto de Ciencias Políticas (Rusia), lo ha enseñado a muchos dibujantes.

 

Asimismo, es coautor del libro Del amor y algunos entredichos (1995), donde ilustra con caricaturas los poemas humorísticos de T. Joroba, seudónimo de Francisco Zúñiga Díaz.

 

Pese a los pocos reconocimientos que ha recibido, Fernando Zeledón es un maestro del humor gráfico nacional. Es el historietista de corte político más prolífico. Sus dibujos humorísticos constituyen una de las críticas más incisivas contra los políticos nacionales y los graves problemas del país. En la década del 70, junto a Hugo Díaz, también impulsó la caricatura costarricense, que tras una larga recesión, alcanzó un nuevo apogeo.

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