¿Qué tal?

¿Qué tal si el Gobierno de Ronald Reagan no arma a Sadam Husein para fortalecer a Irak en contra de los ayatolás iraníes, percibidos

¿Qué tal si el Gobierno de Ronald Reagan no arma a Sadam Husein para fortalecer a Irak en contra de los ayatolás iraníes, percibidos en ese momento como los enemigos mortales de los EE UU en la región? ¿Qué tal si el Gobierno de George Bush padre no arma a Osama bin Laden y al Talibán para luchar en Afganistán contra la presencia del enemigo soviético? ¿Qué tal si los sucesivos gobiernos de los EE UU le dan un ultimátum al Gobierno de Israel para que devuelva los territorios ocupados, cese la politíca de instalaciones en territorios palestinos y obedezca las resoluciones 194 y 242 del Consejo de seguridad de la ONU? ¿Qué tal si los EE UU defienden desde el primer momento el derecho del pueblo palestino a contar con un Estado propio? ¿Qué tal si un Estado palestino normal, con fronteras seguras y autoridades debidamente elegidas, se convierte en la mejor garantía de paz y seguridad para el Estado de Israel? ¿Qué tal si las agencias de seguridad norteamericanas – FBI y CIA – hacen caso de la información y las advertencias oportunas de sus propios funcionarios menores para evitar la tragedia del 11 de septiembre? ¿Qué tal si los EE UU no desvían la atención mundial de la lucha contra el terrorismo, sacrificando la universal simpatía provocada por el brutal ataque del 11 de septiembre, para centrarla en los preparativos de guerra contra Irak? ¿Qué tal si no existe prueba alguna de conexión entre Al Qaeda y Bagdad? ¿Qué tal si el verdadero refugio de Al Qaeda está en Pakistán, intocable gracias a su oportunista alianza con Washington? ¿Qué tal si no se encuentra prueba en Irak de otras armas que las originalmente otorgadas por los Gobiernos de EE UU a Sadam Husein y de las cuales Donald Rumsfeld lleva puntual cuenta? ¿Qué tal si los EE UU se impacientan con los planes impuestos por la inspección de armas en Irak e inician la guerra contra Sadam, con o sin una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU?

¿Qué tal si el Consejo de Seguridad avala el ataque contra Irak y renuncia a toda autoridad futura frente a la hegemonía unipolar de los EE UU? ¿Qué tal si la opinión pública occidental opuesta en mayorías de hasta el 80% a la aventura iraquí de Bush, se voltea contra sus propios gobiernos por seguir dócilmente la política bélica de Washington? ¿Qué tal si el «choque de civilizaciones» popularizado por Huntington se desplaza de la oposición Occidente-Islam a la oposición Occidente Europeo-Occidente Norteamericano? ¿Qué tal si las armas de los EE UU desatan la guerra total contra Irak y derrotan desde el aire a Sadam?

Pero, ¿qué tal si la resistencia iraquí obliga a los norteamericanos a luchar en las calles de Bagdad, casa por casa, con bajas crecientes entre los soldados de los EE UU? ¿Qué tal si la opinión pública de los EE UU, como sucedió en el caso de Vietnam, le retira su confianza al presidente Bush si Irak se convierte en un nuevo marasmo militar? ¿Qué tal si nadie puede gobernar a un Irak dividido caóticamente entre chiíes, suníes y kurdos? ¿Qué tal si el pueblo iraquí no tolera una ocupación sine die y un proconsulado comparable al que ejerció el general MacArthur en el Japón vencido?

¿Cómo respondería Turquía, país aliado de la OTAN, al súbito desencadenamiento del problema kurdo en sus fronteras con Irak? ¿Cómo responderían los gobiernos de la periferia islámica, desde Argelia hasta Egipto y desde Siria hasta Arabia Saudita, a la implantación de la ocupación militar en Mesopotamia? ¿Y cómo responderían las poblaciones islámicas de la misma región a la percibida subyugación de un país de la fe musulmana a los EE UU?

¿Qué tal si las potencias nucleares menores, desde la India hasta Corea del Norte, aprovechan la distracción norteamericana en Irak para implementar sus propios arsenales? ¿Qué tal si los EE UU no son capaces de librar más de una guerra -contra Irak- sin poder responder al insigne miembro del «eje del mal», el sátrapa norcoreano Kim Jong Il? ¿Qué tal si Afganistán, desamparado y a medio cocinar, se sigue deteriorando? ¿Qué tal si la guerra norteamericana contra naciones -el famoso «eje» Bagdad-Teherán-Pyongyang-, le abre un frente mundial desprotegido al terrorismo que actúa sin bandera y sin frontera? ¿Qué tal si Rusia y China se sienten amenazados en sus intereses nacionales por un cerco norteamericano? ¿Qué tal si el mundo entero acaba por percibir la acción de Bush en Irak como una petroguerra diseñada para acaparar hasta el 75% de las reservas de oro negro del mundo? ¿Qué tal si la propia ciudadanía de los EE UU termina por identificar a la actual Administ ración norteamericana como un simple «petropoder» más interesado en proteger los intereses económicos de las compañías representadas, de facto, por Bush y Cheney? ¿Qué tal si el Gobierno de Bush no puede equilibrar los gastos de defensa crecientes, la recaudación fiscal decreciente, el despilfarro de los superávits fiscal y presupuestal dejados por Clinton? ¿Qué tal si dentro de dos años Bush pierde la elección dejando tras de sí «campos de soledad, mustio collado»? ¿Qué tal si el Partido Demócrata se arma de coraje político y moral para desafiar la arrogancia catastrófica del Gobierno de Bush y proponer una recomposición moral y estratégica de los EE UU fundada en el ejercicio prudente del poder, la capacidad de diálogo con aliados y adversarios y la sujeción a las normas del derecho internacional público? ¿Qué tal si Sadam Husein tiene armas de destrucción masiva y no las usa a menos que sea atacado, sabiendo que si las usa será, masivamente, atacado? ¿Qué tal si estamos en el umbral de la Tercera -y última- Guerra Mundial?

¿Y qué tal si la razón sicológica del Apocalipsis es la vanidad de un niño rico que nunca peleó en una guerra y entró a la Universidad de Yale con grados ínfimos e influencias máximas, diciéndole a su progenitor: -«Mira, papi, yo sí fui capaz de hacer lo que tú no tuviste el valor de hacer»?

¿Qué tal si el primer imperio hegemónico unipolar desde Roma tampoco escucha, como Roma no escuchó, la voz de la sabiduría del otro, el griego de siempre: -«La hubris, el orgullo desmedido, la insolencia lasciva, pierde a los hombres y a las naciones»?

¿Qué tal, de verdad, si la situación está «escrita en griego»?

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