Certificación de productos facilita el desarrollo rural

CICAP coordina cursos que serán impartidos al respecto.
Las certificaciones reconocen lugar de origen de productos específicos.

La posibilidad de darle un valor agregado a los productos locales mediante una certificación técnica abre puertas para impulsar el desarrollo rural de las distintas zonas del país.

Signos distintivos como la denominación de origen y la indicación geográfica permiten identificar a los pueblos en los cuales se originan determinados productos y proteger a los productores, que son los que tienen el conocimiento de cómo producirlos y comerciarlos, y a los consumidores para mantener ciertos estándares de calidad.

Estas certificaciones nacieron en Francia para proteger productos como el champagne que ellos producen, de manera que no cualquiera pudiera llamar “champagne” a sus vinos espumantes, sino que tuvieran que cumplirse determinadas condiciones en el proceso que sólo se dan en la región de Champagne-Ardenne.

En Costa Rica, el uso de estas indicaciones está apenas abriéndose paso, pero quienes lo impulsan están seguros de su importancia para el desarrollo del turismo y la gastronomía local.

“Se han impulsado (las certificaciones) desde antes, porque se ve que es un medio de promoción de productos locales. Hay programas con el Sistema de Integración Centroamericana (SICA) y la Organización Mundial del Comercio (OMC). Además, la idea es que, como nació en Europa, ojalá los productos tengan una validación europea”, explicó Patricia Sánchez, catedrática de la Universidad de Costa Rica (UCR) y experta en denominaciones de origen y certificaciones de calidad.

UN TEMA EN DESARROLLO EN COSTA RICA

El Centro de Investigación y Capacitación en Administración Pública (CICAP), junto con otras instituciones, ha empezado un proceso de sensibilización sobre la importancia de las certificaciones de calidad, como la denominación de origen y la indicación geográfica.

“Es un sistema que en Europa tienen bastantes años y que aquí hemos ido poquito a poco introduciendo, porque el problema es que la gente no creía que en Costa Rica hubiera productos propios; no los valorábamos. Ahora ya se sabe que hay muchas cosas que son parte de nuestro patrimonio y que estamos perdiendo; entonces esto va a ser también una forma de conservar aquellos productos que ya no conocemos”, aseguró Sánchez.

La denominación de origen contempla productos, como el ejemplo del champagne francés, que se encuentran arraigados a la cultura de algún lugar en específico, donde el saber-hacer que involucra la producción de determinado bien se ha transmitido por generaciones.

“Para obtener una denominación de origen necesitamos un producto que tenga mucha fama y que esté ligado por años a la región, más de 50 años. Generalmente, los productos que pueden tener la denominación de origen son aquellos que están en la memoria histórica: canciones, hay refranes, hay platos realizados de ellos. Son parte del vivir de la comunidad, entonces todo el saber-hacer y la calidad se han desarrollado por la comunidad”, explicó Patricia Sánchez.

La identificación geográfica, por su parte, se refiere a productos que son propios de determinada región, puede ser desde un pueblo hasta un país; por lo tanto se limitan a una zona geográfica específica. La identificación se usa para que los consumidores puedan ver en la presentación del producto de dónde proviene.

En el país, estas certificaciones de calidad están regidas por la Ley 7978 de Marcas y Otros Signos Distintivos, y un reglamento que ha elaborado el Ministerio de Comercio Exterior (Comex) sobre la exportación de estos productos. En adición, Costa Rica se encuentra adscrita al Convenio de Lisboa, que da reconocimiento a las denominaciones de origen y recientemente a las indicaciones geográficas.

“Aunque todavía no están debidamente reconocidas, tenemos lo que es la indicación geográfica del banano, del café de Costa Rica y se están desarrollando denominaciones de origen en café. También el queso Turrialba como denominación de origen”, detalló Sánchez.

El CICAP ha analizado las dificultades que tienen los productores para obtener una certificación; a partir de esto, elaboró el temario para los cursos que van a impartir, de manera que sirvan como herramienta para todos los involucrados.

APRENDER SOBRE CERTIFICACIONES

“Estamos dando un técnico en valor agregado de productos locales para desarrollo rural. La idea es promover dentro de estos técnicos lo que son los signos como la denominación de origen, la indicación geográfica y otros que puedan ayudarnos a posicionar los productos y a darles valor”, aseguró Sánchez.

Los cursos serán impartidos en tres módulos, cada uno con un énfasis específico. El primero pretende permitir la identificación de aquellos productos que puedan tener un valor agregado como denominación de origen, indicación geográfica u otra certificación importante.

El segundo módulo consiste en determinar cómo en cada localidad −de acuerdo con sus condiciones− se pueden posicionar los productos para un desarrollo endógeno por medio de ferias, del turismo y de elementos como su mercado de la gastronomía.

Mientras tanto, el tercer módulo enseñará a elaborar un pliego técnico de condiciones que se deben presentar al órgano de registro, para tener todo lo que se necesite para poder adquirir ese valor agregado.

“Se va a ver la Ley 7978 de marcas y se va a ver el reglamento. Aparte de esto se va a apoyar el fortalecimiento del sistema, a ver qué cosas faltan para que podamos tener más cantidad de signos distintivos reconocidos, no sólo en nuestro país, sino a nivel internacional”, puntualizó Sánchez.

Los cursos van dirigidos a estudiantes de todas las carreras interesados en el desarrollo rural mediante sus productos: biólogos, agrónomos, filólogos, geógrafos, economistas, abogados, etc. “Necesitamos que todos trabajemos de forma conjunta, para ver el producto desde diferentes perspectivas”, expresó la experta.

Según Sánchez, las certificaciones permitirán a las comunidades proteger su conocimiento en la elaboración de ciertos bienes: “Tenemos mucha biodiversidad, muchos productos por conocer, compartir y valorar. Para valorar estos productos y que se vea beneficiada cada región, necesitamos ser abanderados para apoyar a estas comunidades para que el producto que siempre ha sido parte de su canasta básica siga estando ahí”.

Los cursos

El curso de Técnico en valor agregado de productos locales para el desarrollo rural va a consistir en tres módulos de 32 horas y un costo de ¢165.000 cada uno. A continuación, se indican las fechas de cada módulo:

-Incorporando valor agregado al desarrollo rural territorial: 16, 23, 30 de setiembre y 7 de octubre.

-Desarrollo rural territorial: estrategias para posicionar los productos locales: 4, 12, 25 de noviembre.

-Desarrollo rural territorial: elaboración del pliego de condiciones técnicas: 17, 24 de febrero y 2 y 9 de marzo de 2016.

Para más información, los interesados pueden consultar con Víctor Bejarano o con Patricia Sánchez. Correos: [email protected] y [email protected]

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