La exagerada vida de Theo y Vincent van Gogh

La imagen de artista atormentado suele tomarse, por antonomasia, como la del pintor holandés Vincent van Gogh. Cuando este 29 de julio

La imagen de artista atormentado suele tomarse, por antonomasia, como la del pintor holandés Vincent van Gogh. Cuando este 29 de julio se cumplen 125 años de su muerte y es objeto de homenajes en varias ciudades y museos de Europa, cabe echar una mirada sobre la leyenda de su vida, y el fantástico legado de su obra maravillosa.

Vincent Willem van Gogh, nació el 30 de marzo de 1853, en Zundert, Holanda, hijo de un pastor protestante y una madre que aún sufría el pesar por su hijo primogénito, quien murió al nacer apenas un año antes.

Como era costumbre en la época, y como si así se repusiera al anterior, los padres lo llamaron con el mismo nombre de su antecesor: Vincent. Cuatro años después nació su hermano Theo, a quien lo uniría una relación muy estrecha que marcó la vida de ambos.

Es claro, según biógrafos y estudiosos de su vida, que Vincent tenía un temperamento agitado e impulsivo y una sensibilidad exaltada, pero eso no quiere decir, de ninguna manera, que fuera proclive a la violencia o a una vida disipada. Por el contrario, tenía un alto sentido de responsabilidad y vocación de servicio a los demás.

Sin embargo, sí era un niño inquieto, lo que, sumado a las condiciones de un hogar que pronto se pobló con cuatro hijos más, provocó que los padres decidieron enviarlo a estudiar a un internado. Aunque no fue estudiante aventajado, tampoco fue mediocre, pero sí retraído y poco sociable.

A los 15 años abandonó los estudios y se fue a trabajar a la compañía de marchantes arte Goupil & Cía., gracias a la recomendación de su tío Vincent.

Hizo buena carrera y tras cuatro años fue enviado a la sucursal en Londres. Convenció a Theo de que buscara trabajo en la misma compañía, lo cual este realizó con gran suceso en la sede en La Haya y posteriormente en París.

Una vida exagerada

Luego de su estancia en Londres, Vincent fue a visitar a su familia. La tensa relación con su padre, a quien parece que no lograba complacer de ninguna manera, y el rechazo que había recibido de la hija de la dueña de la pensión donde vivía en Londres, de la que se había enamorado, le provocaron una fuerte contrariedad anímica.

Vincent, de joven mostró un interés especial por la literatura y su primera vocación fue ser escritor, luego, la convicción religiosa y el interés por ayudar a los demás lo convencieron de querer seguir el camino de su padre y ser pastor religioso.

Con apenas 23 años, tras esa visita a la casa de sus padres, su sentido religioso se agudizó y expresaba una fuerte intolerancia por lo que fuera engaño, injusticia, impostura o falsedad.

Poco después de volver a su trabajo en la compañía de arte fue despedido por interferir con sus opiniones en los negocios de la empresa. Discutía con los clientes acerca de sus preferencias en cuanto a las obras que iban a comprar.

Pero además, en un viaje a París se siente cautivado por las obras del pintor naturalista francés Jean Francois Millet, cuyo tema son los campesinos, sus vidas simples y laboriosas.

Pero su interés por el arte aún lo mantenía como espectador. Su entusiasmo seguía por lo religioso y su empeño por ser predicador.

Regresó a Londres donde tuvo varios trabajos, pero se dedicó principalmente a la labor en una iglesia metodista.

Tras tres años regresó a Amsterdam y quiso estudiar teología, pero fue rechazado por estudios insuficientes. Pero su entusiasmo no decreció, estaba convencido de su vocación y su compromiso de predicar el evangelio.

Claro que, él tenía su propia forma de interpretar esa labor evangelizadora y a veces su vehemencia asustaba a la feligresía.

Fue enviado como misionero un par de años a lugares donde convivió con mineros y campesinos en condiciones de mucha pobreza y necesidad. Pero, si los líderes de la iglesia pensaron que con eso lograría disuadirlo, el resultado fue el contrario, por lo que finalmente suspendieron el escaso viático que le enviaban.

Durante esos años de misionero, Vincent había empezado a hacer dibujos y bosquejos de personajes y paisajes, recordando un poco los cuadros que tanto le había impresionado de Jean Francois Millet.

Para entonces, ya su hermano Theo, que había logrado una buena posición en la empresa, le enviaba dinero para su manutención y le sugirió que se dedicara a pintar.

El arte maravilloso

Vincent se traslada a Bruselas. Conmovido por lo que ha visto y las gentes entre las que ha vivido y decidido formalmente a iniciar su carrera como pintor, continúa con la influencia del realista Millet e incluso copia algunas de sus obras como parte de sus trabajos en la Escuela de Bellas Artes a la que había ingresado.

Vincent tiene entonces 29 años y ha iniciado un proceso que se hará vertiginoso con el paso de los años: una producción incesante, obsesiva y una búsqueda de autenticidad que les da un valor humano inigualable a sus obras, las cuales, aunque no fueron comprendidas en su época, siguen capturando embelesados admiradores casi un siglo y medio después.

De aquella primera etapa realista y un poco sombría, pronto pasó a volcarse al colorido luminoso de los impresionistas que causaban revuelo en los salones de París.

Para Vincent entonces todo es aprender, descubrir, crear.

Theo, como exitoso marchante, es amigo personal de algunos de los más importantes pintores que están imponiéndose, por lo que invita a Vincent a conocer a algunos de ellos, con quienes comparte y muchas veces discute hasta acaloradas disputas acicateadas por alcohol y drogas.

De ellos, el que más impresiona a Vincent, por su personalidad, su actitud y su visión de la pintura es Paul Gaugin.

Vincent y Theo

La familia van Gogh se había trasladado a Nuenen, cerca de Endhoven, donde el padre había sido asignado como predicador. Amparado económicamente por su hermano Theo y a sugerencia de este, Vincent se muda con ellos decidido a consolidar su carrera como pintor.

Allí pasó unos años tranquilos y prolíficos, pintó personajes, paisajes locales, y una de sus primeras obras que luego serían consideradas maestras: Los comedores de patatas. Desde el nombre, es un claro homenaje Millet, por su Sembradores de patatas, sin embargo va más allá, al retratar un ámbito humano e intimista. Pero ese cuadro no estaba a tono con lo que se empezaba a imponer en el gusto de los compradores: la luz y el colorido impresionista.

Theo lo sabe, pero teme afectar a su hermano que por fin ha encontrado una vocación que parece hacerlo feliz y estable por más de dos años.

No obstante, esa tranquilidad se rompe cuando el 26 de marzo de 1885 muere su padre repentinamente.

Tras las disputas con sus hermanas y su madre, abandona la casa y se traslada a Amberes, Bélgica, donde se instala financiado una vez más por Theo. Allí toma interés por las ilustraciones japonesas, que incluso copia y así, empieza a despertarse una atención mayor por el manejo de la luz.

Un año después viaja a París para reunirse con su hermano. Vivieron juntos en el barrio Montmartre interactuado constantemente con los impresionistas y otros artistas de quienes su Theo era gran amigo. Pero los hermanos discutían constantemente. Vincent no coincidía con lo que su hermano le señalaba como las tendencias de la época y le reclamaba alguna negligencia porque hasta el momento no se había podido vender ni uno solo de sus cuadros.

Arlés

De la agitada vida en París con una competencia intensa entre los artistas que dominaban la escena, Vincent decide trasladarse a Arlés, en el sur de Francia.

Su impulso irrefrenable lo lleva a una producción voluminosa, un estallido de color y luminosidad. Siente que ha encontrado la sintonía interior con su obra. Decide crear una comunidad de artistas y aconseja a su hermano que se independice y monte su propia galería.

Vincent alquila una casa en el pueblo destinada a ser taller de artistas y Theo se encarga de invitar a varios amigos para que se instalen a trabajar allá una temporada. Pero el único que acepta la invitación es Paul Gaugin, quien acostumbrado a la vagancia y al viaje, le sienta bien pensar en pasar unos días en el sur francés.

Vincent, que ya estaba desbordado en sus emociones, corona de fantasías su proyecto y deposita en la presencia de Gaugin enormes expectativas.

La oreja de van Gogh

En octubre, Gaugin llegó a Arlés dispuesto a pasar esa temporada en un clima benévolo y a compartir con Vincent pintando diversos paisajes, personajes y lugares del pueblo.

Las primeras semanas transcurrieron con cierta calma, con trabajo extenuante durante el día y borrachera y discusiones en las noches.

Guagin era un hombre que sabía disfrutar y controlar sus emociones, Vincent era todo lo contrario, las emociones lo exaltaban o lo atormentaban, sus juicios no era opiniones si no sentencias, pasaba de la euforia triunfalista a disculparse como un perro regañado.

La noche del 23 de diciembre de 1888, tras una serie de hechos confusos, donde está incluida una discusión acalorada con Paul Gaugin, Vincent van Gogh llegó donde una prostituta llamada Rachel y la ofreció un pequeño envoltorio. Lo que había en él era la sorpresa macabra del lóbulo de la oreja izquierda, que el artista se había mutilado.

A la mañana siguiente fue encontrado inconsciente afectado por la pérdida de sangre y en una profunda depresión.

Gaugin avisó a Theo y abandonó Arlés inmediatamente.

El final

Luego de ese incidente, Van Gogh continuó pintando incesantemente, pero su estado emocional empeoró y tuvo que ser internado varias veces. Tenía problemas con los vecinos del pueblo, quienes lo acusaban a la policía por sus extravagancias, discutía y una falsa fama de peligroso se empezó a difundir. Además, dado que no se había vendido ni uno solo de sus más de dos mil obras realizadas hasta entonces, aunque no se sentía fracasado, porque creía en su obra y su talento, si se sentía incomprendido, incluso por su hermano, quien siendo tan capaz de vender las obras de los demás, no había sido capaz de vender una suya.

Vincent empezó a sufrir procesos alucinatorios y delirios de persecución por lo que decidió internarse voluntariamente en el hospital mental de Saint-Paul, en Saint-Rémy-de-Provence, cerca de Arlés. Con el tratamiento logró tranquilizarse y pintaba desde el mismo sanatorio.

Su vida declinaba, pero su obra parecía empezar a dar algunos destellos de aceptación. En 1889 participó por primera vez en una exposición en el Salón de los Independientes. Le pidió a Theo que una de las dos obras que podía exponer debía ser La noche estrellada. Era una apuesta desafiante que, una vez más no fue comprendida. Poco meses después participa con seis obras en una exposición en Bruselas, una de ellas El viñedo rojo, fue adquirida por la artista Anna Boch, hermana de una amigo de los hermanos Van Gogh, el poeta Eugene Boch, a quien Vincent había hecho un retrato. Pagó 400 francos, pero eso no fue suficiente para levantar el ánimo de Vincent, aunque no dejó de pintar.

En febrero de 1890 se exponen 10 obras suyas en el Salón de los Independientes en París.

El 31 de enero, nació el hijo de Theo, a quien bautizó con el mismo nombre de su hermano predilecto, Vincent Willem van Gogh.

Vincent viaja a la capital francesa, y se traslada luego a vivir a Auvers sur Oise. Ahí por fin encontró un amigo, el doctor Gachet, quien además cuidaba de su salud. Durante los primeros meses de ese año Vincent logró tener paz, profundizó en un estilo propio con el que parecía haberse reconciliado y produjo obra abundante.

Pero en abril, entró en una nueva depresión. La nueva vida familiar de Theo, de alguna manera lo hizo sentirse abandonado y solo. El 8 de junio la familia visitó a Vincent, en Auvers-sur-Oise. Theo le contó a su hermano su proyecto de independizarse y crear una galería propia. Pero eso no fue suficiente para cambiar el humor retraído y distante de Vincent.

El 27 de julio de 1890, Vincent van Gogh salió a dar un paseo por el campo con algunos instrumentos por si se detenía a pintar. Regresó al final del día a la pensión donde vivía. Nadie pareció percatarse de su malestar físico hasta el día siguiente. Tenía un balazo incrustado en el pecho desde el vientre. El doctor Gachet hizo venir a Theo inmediatamente desde París, era imposible salvar la vida de su hermano.

El 29 de julio, tras una lenta agonía Vincent murió en brazos de su hermano, tenía 37 años.

Theo, jamás se recuperó de esa pérdida, por el contrario, pronto su salud se quebrantó. En octubre lo internaron en un hospital de Utrecht con insuficiencia renal. Murió el 25 de enero de 1891 a los 34 años, seis meses después que Vincent.

Homenajes

A 125 años de su muerte, en diversas ciudades y museos de Francia, Bélgica, Inglaterra y Holanda, le rinden. Una y otra vez se evoca su figura de artista atormentado. Recientemente algunos investigadores han publicado libros con tesis que intentan quizás reivindicarlo o simplemente lucrar con el morbo. Unos dicen que existe una verdad oculta sobre la herida en la oreja izquierda. Versiones recientes del incidente sostienen que la herida fue infligida por Gaugin, pero que ambos decidieron negarlo para no afectar al artista.

También dicen que el balazo que le costó la vida no fue a contramano, sino que se lo hizo un adolescente a quien Vincent no quiso denunciar.

De lo que no caben exageraciones ni especulaciones es sobre el maravilloso legado de Vincent van Gogh, una obra cuyo sentido humano atraviesa el tiempo como un torrente de arte puro.

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