“Arrecife”, una metáfora de la violencia extrema

El poeta, escritor y periodista argentino Jorge Boccanera sostiene un diálogo con el narrador mexicano Juan Villoro, acerca de la más reciente novela de

El poeta, escritor y periodista argentino Jorge Boccanera sostiene un diálogo con el narrador mexicano Juan Villoro, acerca de la más reciente novela de este, Arrecife, en la cual trata el tema del turismo contemporáneo y la violencia en México.

Una humanidad cimentada en paraísos artificiales, vínculos mecanizados y la mueca cínica que enmascara inmoralidad y  corrupción, son las líneas donde transitan los personajes de Arrecife, la última novela del narrador mexicano Juan Villoro.

En sus páginas, una fachada de hoteles imponentes levantados sobre un mar de basura y la oferta del turismo de peligro extremo, configuran un paisaje de fin de mundo habitado por personajes que anidan en el árbol caído del desencanto.

Autor de una obra que se desgaja en novelas (El disparo de Argón, El testigo), cuentos (La casa pierde, Los culpables), crónicas (Dios es redondo) y ensayos (Efectos personales), Villoro, nacido en México en 1956, da en Arrecife acabadas muestras de un lenguaje tensionado entre logradas imágenes visuales y una serie de agudas reflexiones que relumbran en el entrelineado de los diálogos.

¿Arrecife funciona como metáfora de un México cruzado por la violencia extrema?

Después de seis años de «guerra contra el narcotráfico» los mexicanos vivimos rodeados de los signos de la violencia. 80 mil muertos, 30 mil desaparecidos, según cifras oficiales, y casos terribles de torturas y decapitaciones. No quise reaccionar de manera directa a este problema, sino explorar los códigos de la violencia y la fascinación que ejerce. En Arrecife un empresario entiende que el contexto le brinda una situación perfecta para que los peligros sean verosímiles. Conoce las pulsiones violentas de la gente y también la atracción que suscita el miedo. Por eso concibe un hotel que garantiza una «paranoia recreativa».

El escenario de la historia es una modernidad vacía. ¿Lo ves así?

Sí. Arrecife se ubica en Kukulcán, ciudad imaginaria del Caribe mexicano, donde los hoteles sirven para lavar dinero. El cambio climático, la violencia y la contaminación del petróleo amenazan los empeños turísticos, pero eso también permite que los hoteles se usen como tapadera del lavado de dinero y que se simule una ocupación fantasma. Si Chíchikov, el personaje de Gógol, podía comerciar con almas muertas, ahora se comercia con hoteles muertos. Todas las sociedades tienen una frontera donde el dinero ilícito se vuelve aparentemente lícito. De nada sirve vender droga o armas si después ese dinero no puede ingresar en la circulación. La modernidad vacía sirve precisamente para eso, para brindar un escenario en el que lo ilegal adquiere apariencia de legalidad.

¿Ubicás a la trama como una novela de intrigas?

Arrecife es un thriller, en la medida en que hay un asesinato, una investigación y una solución. Me interesaba mucho cumplir con esos requisitos, pero también lograr que el desenlace produjera una incertidumbre moral. Mientras más se conoce a la víctima y al culpable menos seguro se está de dónde quedan las nociones del bien y el mal.

Nos introduce en la novela un epígrafe de Malcolm Lowry que alude a una tierra corrupta, pero también de una voluntad por cambiar eso. ¿Hay allí signos de esperanza?

Esa cita pertenece a Ultramarina, libro anterior a Bajo el volcán, donde Lowry ya buscaba un país degradado que pudiera mejorar gracias a su mirada. Uno de los protagonistas de mi libro, Mario Müller, vive bajo ese impulso. Militó en un grupo de rock y fracasó rotundamente. Lo que no logró en la contracultura regresa en la loca posibilidad de alterar la vida de la gente en un hotel que promueve el miedo y las emociones fuertes. Es un intento mesiánico y desesperado de crear trabajos y emociones.

¿Estos hoteles rodeados de basura coronan el sinsentido del turismo, los no lugares, los tours tipo Chernóbyl?

Hay tours en los que puedes cruzar ilegalmente de México a Estados Unidos y ya puedes tomar un avión en el que experimentas la gravedad 0. La necesidad de emociones fuertes promueve todo tipo de aventuras turísticas. No es fácil combatir el tedio en el planeta, especialmente el de los países desarrollados. Lo que nosotros vemos como desastres nacionales para ellos puede ser una oportunidad de turismo extremo (a condición de que regresen sanos y salvos a su país). Müller inventa una guerrilla y secuestros para seducir a sus huéspedes.

¿Por qué decís en un pasaje que el turismo es una manera de joderse?

Las molestias del turismo suelen ser arduas. Son el purgatorio que muchos necesitan para sentir que algo vale la pena. Si tuvieras que viajar durante 12 horas para llegar a la acera de enfrente de tu casa y eso provocara jet-lag, el sitio parecería fascinante.

Resulta muy interesante la descripción de esos hoteles vacíos como un paisaje lunar sobre el que deambulan seres amasados por la soledad. ¿Es buscada esta impronta visual?

La literatura es un arte visual y quería crear ese paisaje de una ultramodernidad abandonada.

Hay también pasajes de metaforización muy sugerentes, por ejemplo: el puente estaba ahí como un sueño roto o la noche era algo que se podía morder)…

Escribir es decir las cosas de “otra manera”, crear la ilusión de un lenguaje privado, que sólo existe en ese entorno. En mi opinión, la prosa depende de un impulso poético.

¿Los brazaletes de distinto color que entregan en el hotel a los huéspedes  indican que aun en un rubro de placeres costosos hay jerarquías?

La idea de lujo sólo existe por contraste. La importancia de que haya jerarquías en el hotel, representadas por brazaletes de distintos colores es que los de arriban saben que hay otros más abajo y eso realza su categoría. No hay disfrute sin estratificación. Lo mejor de la «zona dorada» en un concierto no es estar más cerca de los músicos sino más lejos de la galería.

Los personajes de la novela son en general corruptos, individualistas, egoístas. ¿El desencanto es una marca fuerte de la novela?

Salvo una red de mujeres que se dedica a salvar niños abandonados y mujeres golpeadas, los personajes son poco edificantes. Sin embargo, el protagonista, Tony Góngora, transita hacia un mundo más solidario al final de la novela. Su vida rota comienza a repararse y al final tiene, casi, una familia.

Pareciera que bajo los escombros de esos monolitos modernos subyace una cultura indígena que tuvo su esplendor.

Arrecife se ubica en la zona maya. En el vestíbulo del hotel hay una reproducción de un friso de Palenque que alude al sacrificio. Me interesó contrastar dos maneras de entender la violencia: la nuestra, que es totalmente gratuita, y la de los mayas, que puede parecernos absurda pero que respondía a códigos sociales muy precisos. Para los mayas, el mundo estaba amenazado por plagas, sequías, huracanes (palabra maya, por cierto). Pacificar ese mundo animado por dioses conflictivos requería ofrendas de sangre. En ocasiones se piensa que los mayas veían la muerte como algo que podían derrochar. En realidad era al contrario; la temían tanto y apreciaban tanto la vida que entregar a un ser querido era un sacrificio extremo. Las muertes cumplían con un rito complejo en la rueda del cosmos, algo muy distinto a la injustificable violencia actual.

¿Podrías explicar brevemente esta línea: Vivíamos en una época de daños elegidos?

Hay daños que elegimos. Ciertas cosas son atractivas por la posibilidad, reducida pero cierta, de sobrevivirlas. Hay quien colecciona arañas venenosas, juega a la ruleta rusa, acelera a 250 kilómetros por hora. No todo mundo se atreve a practicar deportes extremos, pero casi todo mundo es seducido por algún riesgo. Cuando alguien te dice que una chica es muy peligrosa, de inmediato quieres tener su teléfono. En esto no veo tanto un impulso suicida como un cortejo de la inmortalidad. Participar en una carrera Fórmula 1 y sobrevivir significa saber que podías morir y no lo hiciste. Llegar al final de cada circuito de carreras es una inmortalidad a plazos. Esa pulsión aparece como un juego en la novela hasta que, naturalmente, algo falla y la muerte se vuelve real.

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