Auscultando Humanidades

Estudios Generales en sus hechos Sara Chinchilla Gutiérrez Ensayo Editorama Muy oportuna y acertada resulta la reciente aparición de este libro de la historiadora

Estudios Generales en sus hechos

Sara Chinchilla Gutiérrez

Ensayo

Editorama

2011

Muy oportuna y acertada resulta la reciente aparición de este libro de la historiadora y catedrática jubilada Sara Chinchilla. Se trata de una investigación pormenorizada y con una solvente y extensa documentación acerca de la Escuela de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica.

La licenciada Chinchilla fue docente de esa escuela durante más de cuatro décadas, periodo durante el cual, como se puede percibir en este libro, realizó una labor apasionada y dedicó sus esfuerzos a promover eso que puede considerarse medular en la función universitaria, como son las Humanidades.

En un momento en que se avienen cambios en las máximas autoridades de la Alma Máter, este concienzudo estudio sirve a la vez como un recorrido histórico de lo que fue la gestión y espíritu que impulsó la creación de una escuela cuyas funciones conjugan la esencia universitaria.

Justamente, el estudio retoma la figura y propuestas del profesor chileno Luis Galdames planteadas en su libro La universidad autónoma, de 1935. Galdames formó parte de una misión que vino a Costa Rica para contribuir en ese año y bajo la administración de Ricardo Jiménez, cuyo secretario de Educación era Teodoro Picado, con una reforma educativa general que implicaba la primaria, secundaria y universitaria, aunque la universidad no existía pues la de San Tomás había sido cerrada con la reforma de 1888 impulsada por Mauro Fernández.

A su regreso como becario en Chile, Carlos Monge Alfaro promueve, junto a Abelardo Bonilla, que se traiga al país esa misión de educadores chilenos para que aporten a la necesaria reforma educativa.

La visionaria propuesta de Galdames recogida en ese documento titulado La universidad autónoma, daría pie al proyecto de reapertura de la universidad en 1941. Eso sí, el mismo impulsor de la reapertura y entonces ministro de Educación de la Administración Calderón Guardia, Luis Demetrio Tinoco, cortó alas a la revolucionaria propuesta de Galdames por considerar que el país, con más de medio siglo sin universidad, no podía emprender un proyecto de tal envergadura.

ARRANQUE DUBITATIVO

Muchas de las ideas y propuestas de Galdames, quien moriría en Chile a pocos meses de que se reabriera la Universidad en Costa Rica, quedarían en la omisión, incluso décadas después académicos como Eugenio Rodríguez lamentarían su ausencia.

Pero lo que sí es primordial en la propuesta de Galdames y algunos de sus promotores se decidieron a impulsar son la Facultad de Humanidades y los Estudios Generales.

Según lo explica Chinchilla, estos aspectos son esenciales en la propuesta innovadora de Galdames y su visión social y humana de lo que debe ser la universidad.

En los años siguientes a su reapertura ya como Universidad de Costa Rica, los acomodos y discusiones harán evidente que las omisiones al proyecto de Galdames no favorecieron en nada el desarrollo de la institución.

No fue sino hasta 1955 que finalmente se crearon los Estudios Generales como un Departamento de la Facultad de Ciencias y Letras, esto gracias a esfuerzos y discusiones que llevaron adelante profesores como Carlos Monge, quien intentó rescatar la propuesta original de Galdames.

Esa visión integrada al devenir de la sociedad, que se sustenta en la autonomía para favorecer un pensamiento crítico y a la vez dinámico de la sociedad, que rehúye la especialización automática y promueve un profesional integral de formación y vocación humanística, debe ser la esencia de la función universitaria y está plasmado particularmente en el espíritu de los Estudios Generales.

Pero, como bien lo documenta Chinchilla en esta investigación, los Estudios Generales han sido objeto, aún antes de su nacimiento, de toda clase de menosprecios o intentos por cercenarlos.

Desde su creación han provocado la discusión y la revisión constantes. Algunos han tratado de tildarlos de superfluos o simplemente complementarios; en otros momentos se ha cuestionado su labor pedagógica y metodológica.

De alguna manera, los Estudios Generales, según lo demuestra Chinchilla, nacieron encorsetados, pese a los esfuerzos de sus promotores Carlos Monge y el rector Rodrigo Facio, quienes luego impulsarían la reforma universitaria de 1957.

La búsqueda de desarrollar con plenitud el espíritu humanista que inspira los Estudios Generales y que debería regir todo el quehacer universitario se daría en los años siguientes.

Durante ese periodo, los Estudios Generales fueron objeto de diversos análisis y evaluaciones. Fue frecuente la discusión acerca de su pertinencia y su metodología, como lo demuestra Chinchilla con la prolífera documentación de este estudio.

Algunos reconocían la necesidad de que en la Universidad se formaran profesionales de manera más integral, que no atendieran solo a su específica área de especialización.

Era claro que hablar del aspecto cultural y humanístico amplio dentro de la formación profesional lograba consenso, pero eso apenas cumplía un aspecto de lo que la preparación y función de la universidad debe ofrecer a la sociedad.

No sólo era necesaria la visión humanística de cultura general y amplia, sino que ésta se diera junto a un proceso de interacción con el entorno y el resto de la sociedad.

No se trataba de que los Estudios Generales fueran una formación básica común para todos los estudiantes que uniformara un conocimiento humanístico necesario para el desempeño profesional, sino que se convirtieran en un proceso continuo a lo largo de toda la formación universitaria.

Sería con el Tercer Congreso Universitario de 1971-1972 que se consolida una transformación importante en el concepto del área de Humanidades y más adelante la Escuela de Estudios Generales como tal.

SEMINARIOS PARTICIPATIVOS Y CURSOS LIBRES

Pero, uno de los aspectos principales de los Estudios Generales es y debe ser la dimensión pedagógica, la metodología de enseñanza o aprendizaje.

Según el muy merecido reconocimiento que hace Chinchilla de la figura del profesor, también chileno, Raúl Torres Martínez, quien llega a Costa Rica en 1974, es este educador quien impulsa una reforma trascendental con la creación, primero de los Seminarios Participativos y luego los Cursos Libres.

Esta visión que imprime Torres a los Estudios Generales retoma las ideas de su compatriota Galdames, casi medio siglo atrás, respecto, por un lado, de la metodología pedagógica participativa del estudiante y, por otro, de la visión integral de los programas de estudio con la realidad social del entorno.

La idea de una universidad que no puede estar desligada de la dinámica cotidiana del entorno social, y la visión transdisciplinaria que concibe el conocimiento de manera integral, son esenciales para contrarrestar los efectos de una sociedad impactada por el desarrollo científico tecnológico.

La compartimentación de la sociedad industrial, llevada al extremo en procesos deshumanizadores de división del trabajo, requiere que el profesional tenga una visión más allá de su especialización y en su formación debe ser capaz de integrar su área de especialidad con los demás dinámicas de la sociedad.

Ese es el espíritu que Torres promueve en los Seminarios Participativos, los cuales inician, según lo documenta Chinchilla, a la manera de una propuesta experimental impulsada por  él y se consolidarían tras varios años de impartirse en esa condición hasta 1978.

El otro gran aporte del doctor Torres Martínez sería el impulso de los Cursos Libres, en 1980.

Esta modalidad de educación no formal permitía llevar el conocimiento desarrollado dentro de la academia al resto de la comunidad nacional mediante una forma de cursos cortos, sin mayores requisitos y con la libertad que el interés por el conocimiento provocara.

Las propuestas de Raúl Torres Martínez se sustentan en el concepto de la Cogestión Educativa que contempla tanto una dinámica de docente y estudiante como de la universidad con el resto de la sociedad.

Señala Chinchilla en las conclusiones de este libro que “en la época en que la especialización y la división del trabajo generan una crisis gravísima expresada dramáticamente en la atomización del saber y del hacer humanos, se requiere inexcusablemente de la acción interdisciplinaria en el plano académico. Es un medio poderoso para retomar el buen camino, para intentar una reorientación que haga posible, de nuevo, visualizar con amplitud y perspectiva la unicidad de la cultura.”

Sin duda es esa una lectura que podrá motivar muchas reflexiones y que es necesaria.

Aunque el libro no se distribuye para la venta, sí se encuentra en las bibliotecas y puede solicitarse directamente con su autora.

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