«Desgracia» al premio Broker

Ganadora del prestigioso Brooker Price de la Literatura inglesa, donde participan más de 100 obras con previa publicación, la novela «Desgracia», del Premio Nobel,

Ganadora del prestigioso Brooker Price de la Literatura inglesa, donde participan más de 100 obras con previa publicación, la novela «Desgracia», del Premio Nobel, J.M. Coetzee, parte de una cotidianidad simple, basada en la rutina esquemática de un profesor universitario divorciado, que encuentra su escape en las visitas de jueves a una amante que le es proporcionada por una agencia, y con ello, transitoriamente, ve solucionados sus cuestionamientos acerca de la compañía en su vida.

La vida del protagonista, en un primer vistazo, parecería la de un hombre maduro que tiene mucho tiempo sin grandes complicaciones; impartiendo clases y manteniendo una relación de lejos con su hija Lucy, sin embargo, debe tenerse en cuenta que Coetzee es un escritor que se ha caracterizado por sus falsos comienzos en las obras, y esta novela nos muestra primero el equilibrio, no como ese orden que podemos concebir en la vida moderna, en cuanto a tener todo en su punto justo sino un equilibrio, cuya definición aparece en el diccionario como «la situación de un cuerpo que, a pesar de tener poca sustentación, se mantiene sin caerse».

La verdadera trama de la novela puede encontrarse en el traspié que da Lurie en su entorno académico, al fijarse en una estudiante suya y prestarle ‘excesiva atención’, pues la mujer de cabellera negra y ojos oscuros que solía visitar los jueves tiene cosas que atender mucho más allá de la vida de Lurie.

Después de que la relación con su estudiante llega a oídos del consejo de profesores, David debe renunciar a su vida cómoda, en apariencia, pues nunca llega a reconocer abiertamente su comportamiento como una falta, aunque igual queda en entredicho su reputación de años.

El protagonista debe mudarse con su hija Lucy, quien tiene una granja en Cabo Oriental, y es cuando los conflictos adquieren una dimensión de confrontación. Cada personaje de este nuevo escenario deja claro que el paso de una ciudad a otra cambia los códigos de comunicación diametralmente, y nada le demuestra más esto a Lurie que una tarde de profunda violencia contra él y su hija, donde más que el ataque mismo, la actitud de su hija le muestran que las reglas han cambiado.

Para entender el contexto más ampliamente, hay que situarse en el escenario de una Sudáfrica post-apartheid, donde la minoría blanca del 13% fue la única que tuvo acceso al poder durante casi todo el siglo pasado hasta 1990 cuando la ley exclusivista blanca o apartheid llegó a su fin.

No por la lucha ganada por los mestizos, asiáticos, y sobre todo, por los negros, significa que las diferencias entre blancos y dicha población haya sido borrada; nada más representativo de esa actitud, que la del negro Petrus, vecino y colaborador de Lucy, pues ante cualquier enfrentamiento con Lurie, quien debe decirse es parte de la minoría blanca del lugar, asume una distancia que no permiten anteponerlo a él y a Lucy ante sus iguales, teniendo en cuenta que al vivir en el lugar y tener la vida que lleva, Lucy ha roto muchos esquemas.

Llama la atención que, a pesar de no tener diálogos muy graves ni una trama demasiado compleja, el relato no deja ningún elemento al azar para mover su protagonista hacia un escenario, donde debe pasar por todo aquello que ha eludido: la comunicación directa con su hija Lucy, el poder conseguir una compañía femenina que no sea pagada ni forzada, la relación con personas que no son de su mismo nivel académico, sino que enfrentan la vida de una forma más pragmática, y finalmente, con una forma de integrarse a la comunidad, que es dada por la utilidad que deben tener las cosas en un pueblo, donde la investigación literaria que le place queda reservada para los momentos de soledad.

En el libro se notará que Lurie tiene una vida por aparte que encuentra entre sus libros y estudios sobre Lord Byron, la más etérea, y otra, donde intenta solucionar sus conflictos para sobrellevar la compañía, en todos los casos de mujeres: sus amantes, la estudiante con que fantasea y su propia hija.

Puede que la pregunta más grande después de leer la obra sea cuál es el rasgo principal de Desgracia para haber sido merecedora del Broker Price, a lo que el lector debe responder, basándose en la profundidad de la trama y los personajes, además, habrá descubierto una forma fluida de escritura para construir realidades y superponer conflictos que no se quedan sólo en los personajes ni en le realidad surafricana, sino que traspasan las páginas, cruzando hasta este meridiano.

 

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