El general insurrecto

Tener a Humberto Ortega Saavedra como interlocutor no es cosa fácil, sea porque rehúye figurar públicamente o porque sus múltiples ocupaciones lo mantienen en

Tener a Humberto Ortega Saavedra como interlocutor no es cosa fácil, sea porque rehúye figurar públicamente o porque sus múltiples ocupaciones lo mantienen en constante movimiento por la región y no se ubica mucho tiempo en sus residencia en Costa Rica o Nicaragua. Aunque sí resulta más frecuente escuchar especulaciones acerca de su vida o ataques de algunos de sus ex correligionarios sobre la procedencia del reloj Rolex que engalana la muñeca de su mano buena, su enorme fortuna considerada una de las mayores de Centroamérica, su estratégica maleabilidad para entenderse con grupos de letales pugnas ideológicas, sus hábitos rayanos en el misticismo, su ingeniosa movilidad desde el izquierdismo guerrillero al cómodo centrismo empresarial de la sociedad de mercado, que le permitió ser el único comandante sandinista que permaneció en el poder, nada menos que al frente del ejército, luego de la derrota electoral de 1990.

Pero es el mismo general Ortega quien se ha encargado de ofrecernos, mediante la publicación de varios libros de su autoría como +Nicaragua Revolución y Democracia, +Plataforma político-militar para el triunfo de la Revolución Popular Sandinista o +Sobre la insurrección, una aproximación a su intimidad para conocer de su propia voz su participación en esos hechos y las razones de sus conductas.

+La epopeya de la insurrección es una historia muy personal donde Ortega analiza y rememora su participación en la insurrección nicaragüense contra la dictadura de la familia Somoza y sus acólitos.

En una mezcla de testimonio y recuento histórico, cargada de didactismo propio de su formación como estratega miliar, Ortega narra su visión e interpretación de los hechos en que se vio envuelto y su postura acerca de la realidad actual de Nicaragua.

Explica cómo su estrategia lo llevó a colocarse al frente de la insurrección popular en su país, postura que le permitió pivotar entre el izquierdismo guerrillero marxista-leninista y el antisomocismo de centro derecha.

El libro está cargado de apasionados episodios y de algunos aspectos que solo un testigo excepcional como él puede revelar. Luego del triunfo insurreccional viene la fratricida guerra de la contrarrevolución tras la cual a Ortega la corresponde ser el papel pacificador y garante de que Nicaragua observaría un proceso democrático capitalista dejando atrás las aspiraciones socialistas del FSLN y desmovilizando a la contrarrevolución.

El general cumplió su deber de someter al ejército al mandato civil, como lo exige la democracia. Tras años de insurrección y de guerra civil el general separó al ejército de la política y lo regresó a los cuarteles. Nicaragua quedaba ahora ante el reto de conformar y fortalecer su institucionalidad democrática.

El general Humberto Ortega parece haber tenido más la visión de un jefe de la insurrección que de líder de una revolución, por lo que sintió que la labor para la que la historia lo había llamado ya estaba cumplida.

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